López Obrador comienza su mandato bajo la presión de ser la gran esperanza para México

  • Este aluvión de problemas que roza el absurdo es probablemente la mayor ventaja con la que cuenta el nuevo presidente. Es difícil hacerlo peor que su antecesor
  • La mayor desventaja del nuevo presidente es que un país harto de su clase política le votó masivamente esperando grandes cambios y será impaciente con los resultados

Ni siquiera era necesario conocer cifras del balance del último gobierno en México para saber que la gestión del presidente saliente Enrique Peña Nieto ha sido un completo desastre. El reciente informe del Centro de Análisis e Investigación independiente Fundar despeja las escasas las dudas que podían quedar.

El último sexenio –los presidentes tienen un mandato seis años– ha estado marcado por grandes escándalos de corrupción, el aumento de la desigualdad en un país con más de la mitad de la población pobre, una cifra histórica de homicidios, un escalofriante aumento del número de desaparecidos –de las 36.000 desapariciones que registra el país, casi 23.000 se han producido durante este último gobierno– y una impunidad que supera el 90%.

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Este aluvión de problemas que roza el absurdo por su magnitud es probablemente la mayor ventaja con la que cuenta Andrés Manuel López Obrador, quien asume este sábado la Presidencia de México. Sí, es difícil hacerlo peor. Sin embargo, se trata de un arma de doble filo: la corrupción, la impunidad, la violencia y la pobreza están tan enquistadas que tardarían años en erradicarse siguiendo a rajatabla el mejor de los planes. Esta es por tanto, la mayor desventaja del nuevo presidente: un país cansado y desesperado de su clase política votó masivamente por un cambio de régimen y será impaciente con los resultados.

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La victoria de López Obrador fue rotunda e histórica, sin paliativos. El pasado mes de julio obtuvo más del 50% de los votos y se colocó treinta puntos por encima de sus rivales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y al Partido de Acción Nacional (PAN), los gigantes burocráticos que han dominado el poder desde la primera mitad del siglo XX.

Unos 30 millones de personas votaron al ‘peje’ y cinco meses después siguen confiando en él: tiene las mayores tasas de aprobación desde la transición democrática mexicana. Un 70% cree que acabará con la pobreza, un 67% espera mejoras en la inseguridad y un 63% cree que mejorará el combate a la corrupción. Las expectativas son muy grandes.

AMLO, como se le conoce en México, ha presentado nueve proyectos que vertebrarán su Gobierno. Los ha sometido a consulta y ha obtenido una aprobación del 90%, si bien es cierto que solo ha participado un 1% de la población con derecho a voto. Entre ellos, la construcción de una refinería en Tabasco, un tren en el Istmo de Tehuantepec para conectar puertos del Pacífico y el Golfo de México y la construcción del Tren Maya que conectará puntos turísticos del sureste del país. Aunque el presidente promete ser el primer mandatario en respetar los derechos de los pueblos indígenas, es bastante probable que estas grandes obras choquen directamente con los intereses de unas comunidades acostumbradas a luchar contra el saqueo y la contaminación de sus tierras.

Además, el nuevo presidente mexicano ha prometido plantar un millón de árboles, incrementar al doble las pensiones de la tercera edad, becar a un millón de personas con discapacidad, otorgar ayudas a 2,6 millones de jóvenes sin empleo, becar a todos los estudiantes de bachillerato, garantizar la atención médica para las personas de bajos ingresos y garantizar Internet en los espacios gratuitos.

Son estas últimas medidas ilusionantes y de urgencia en un país donde el neoliberalismo ha caminado libre y salvaje y no hay un mínimo sistema de bienestar. Sin embargo, el presidente ya ha dicho que durante sus tres primeros años de gobierno no realizará una reforma fiscal con el objetivo de tranquilizar a las élites. Por tanto, será difícil costear todo este sistema de ayudas de combate a la pobreza.

Una de las medidas, que ya ha generado cierta polémica, es la creación una Guardia Nacional encabezada por militares, cuando había criticado la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles y la Ley de Seguridad Interior del Gobierno de Peña Nieto. Otro de los retos será las relaciones con el vecino Estados Unidos. Aunque el excéntrico e impredecible Donald Trump dedicó elogios a López Obrador cuando este se proclamó vencedor de las elecciones, la caravana migrante de Centroamérica que se encuentra en la fronteriza Tijuana y avanza hacia EEUU, pondrá a prueba la relación entre ambos mandatarios.

AMLO asegura que su gobierno hará historia porque supondrá la cuarta gran transformación del país, después de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Ese gran objetivo en el horizonte se plantea bajo un Gobierno cuya peculiar composición hemos conocido a lo largo de estos meses. “Hay una mezcla curiosa de personas con un pasado muy vinculado al priismo clásico, otras relacionadas con el entorno intelectual de la Universidad Nacional Autónoma de México y un tercer grupo de personas sin experiencia en gestión política”, resume el catedrático en la Universidad de Salamanca y experto en política latinoamericana, Manuel Alcántara Sáez.

En gran medida ya se ha producido un cambio de régimen por la llegada al poder de un partido de reciente creación como Morena, con una base muy  amplia de jóvenes, que habían estado desconectados de la política. “El sistema de partidos, que es una de las piezas angulares que integra a un régimen político, ha cambiado profundamente. Por otra parte, se van a producir cambios constitucionales profundos que van a alterar la naturaleza del régimen anteriormente existente”, añade el experto.

Todos los focos estarán puestos en México y López Obrador. La gran mayoría de los mexicanos ha depositado en él su confianza, pero también se ha convertido una de las últimas esperanzas de la izquierda en un continente que poco a poco va dejando atrás la década prodigiosa de las fuerzas progresistas. Especialmente, tras la reciente victoria que Jair Bolsonaro ha dado a la ultraderecha en Brasil. Estaremos atentas.