Fracaso y desaparición de la izquierda italiana, entre errores y carencias

  • El punto de inflexión fue el referéndum constitucional (2016) y la caída de Matteo Renzi
  • La izquierda que se definía como tal estuvo representada, en las elecciones, por la coalición Liberi e Uguali y Potere al Popolo

En otros artículos, analizamos como Liga y Movimiento 5 Estrellas consiguieron hacerse con una gran parte del electorado italiano. Sin embargo, no todo dependió del estilo comunicativo y del hilo narrativo de los verdes (Liga) y de los amarillos (M5E). Una de las razones principales del éxito tan rotundo obtenido por los dos partidos populistas es la falta de una izquierda fuerte, que supiese contrarrestar esas narrativas fundamentadas en el miedo (Liga) y en la rabia (M5E). Precisamos que por izquierda no entendemos el Partito Democrático, que se deslizó hacia el centro-derecha durante la última legislatura, debido a la virada promovida por Matteo Renzi. De hecho, este dispondría de una base electoral muy parecida a la de Forza Italia (el histórico partido de Silvio Berlusconi).

Las causas que han llevado a la profunda crisis vivida por la izquierda en Italia se pueden sintentizar en una serie de faltas. La ausencia de:

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  • Un partido fuerte de izquierda, con arraigo en los territorios y sostenido por movimientos sociales;
  • una narrativa válida, una comunicación eficaz y un proyecto realmente alternativo, que activara esa parte del electorado desilusionado que optó por la abstención o por el Movimiento 5 Estrellas;
  • un líder carismático, que pudiese competir mediáticamente con Salvini, Di Maio o Matteo Renzi.
  • una coyuntura internacional

Si el último punto tiene a que ver, simplemente, con el auge de partidos o candidatos guiados por ideas reaccionarias y conservadoras a lo largo del mundo (desde Estados Unidos, pasando por Europa hasta América Latina), las demás carencias se tienen que atribuir a errores cometidos por la izquierda italiana (o lo que queda de ella).

El contexto italiano: el punto de inflexión fue el referéndum constitucional (2016) y la caída de Matteo Renzi

Para aterrizar, antes de entrar en la especificidad de las falacias de la izquierda italiana, hay que dibujar brevemente el contexto en el cual nos desenvolvemos, sin ir demasiado lejos en el tiempo. Hay que empezar por el referéndum constitucional de diciembre 2016. Matteo Renzi – que por entonces ya había llevado el partido hacia posturas económicas de carácter liberal – personalizó el referéndum, convirtiéndolo en un plebiscito: “o gano, o me voy”. Eso permitió, a los partidos de oposición y a la misma oposición interna al partido, la creación de un frente único anti-Renzi. La derrota, del ex Secretario del Partito Democratico, fue tremenda: el 60% del electorado dijo “No” a la reforma constitucional.

La caída del hombre que había monopolizado la agenda política y mediática permitió a las oposiciones (en particular, Liga y Movimiento 5 Estrellas) retomar los espacios mediáticos y empezar a marcar la agenda. Por un lado, Salvini incrementaba la presión sobre el tema migratorio; por el otro, Di Maio arremataba contra las políticas económicas del Gobierno. Mientras los verdes y los amarillos se fortalecían, la izquierda y el centro-izquierda (divididos en más partidos y, estos últimos, en más corrientes) seguían incapaces de encontrar un programa compartido e ideas frescas, que contrarrestaran el avance de los partidos que ahora presiden Palazzo Chigi. Nos centramos, entonces, en porqué la izquierda no fue capaz de reorganizarse y levantarse, tras ese vacío dejado por el PD. Recordamos que la izquierda que se definía como tal – y que llevaba un programa realmente de izquierda – estuvo representada, en las elecciones, por:

  • la coalición Liberi e Uguali (LeU) conformada por tres partidos: Possibile, Sinistra Italiana, MDP;
  • Potere al Popolo: sigla que reunía varios partidos comunistas (entre estos, Rifondazione) y la experiencia de los centros sociales.

Liberi e Uguali: una menestra recalentada sin sabor 

La razones del batacazo que se ha llevado Liberi e Uguali se puede sintetizar con terminología culinaria: una menestra recalentada sin sazón ni gracia. Los tres partidos que conformaron la coalición de LeU gozaban de ya poco consenso (Possibile rodeaba el 2%, Sinistra Italiana el 2,5% y MDP el 3%). Considerando que el umbral estaba fijado en el 3%, ningún partido de izquierda estaba seguro de entrar en Parlamento. La unión bajo la bandera de LeU se oficializó en el otoño de 2017, pocos meses antes de las elecciones, y se interpretó como una forma para garantizarse la supervivencia, por lo menos por otra Legislatura.

Los líderes de la coalición, Pippo Civati (Possibile), Nicola Fratoianni (Sinistra Italiana) y Roberto Speranza (MDP) se quedaron al margen de los medios, opacados por las figuras mucho más atractivas de Salvini, Renzi y Di Maio. Además, el candidato premier, el experto Piero Grasso (por entonces presidente del Senado y con ya 71 primaveras), no sólo no ilusionaba, sino que se presentaba como emblema de una izquierda vieja y anticuada, incapaz de seguir el paso de los tiempos hiperaccelerados de la contemporaneidad. Los principales elementos narrativos utilizados po LeU, “hay que frenar el populismo, llegan los bárbaros”: no ofrecían un horizonte concreto y tangible, sino que se limitaban a describir un supuesto escenario distópico en caso de victoria del M5E o de la coalición de centroderecha. Un miedo que, a pesar de sustentarse en argumentos válidos, no se centraba en el presente (a diferencia del constante estado de peligro promovido por la Liga). Por lo tanto, lo que más falto – en términos programéticos y narrativos – fue la ausencia de un proyecto homogéneo, fresco, innovador y que consiguiera centrar el foco mediático en otros temas donde la izquierda ha sido tradicionalmente más fuerte, como el trabajo, el desempleo y la defensa del estado de bienestar.

La única medida que consiguió entrar en la agenda mediática fue la abolición total de las matrículas universitarias (independientemente del estatus económico de los estudiantes). Una propuesta de “bajo coste” (2.000 millones de euros al año) que, sin embargo, se dirigía a una pequeña franja del electorado de izquierda y que no permitía dibujar un horizonte alrededor de la misma.

En definitiva, Liberi e Uguali, cómo en El extraño caso de Benjamin Burton, nació viejo. Sin embargo, en lugar de rejuvenecer, siguió envejeciendo rápidamente, hasta el abrupto final de hace unos pocos meses, donde se dio definitivamente por disuelto el proyecto unificador de los partidos de izquierda. Con los debidos matices se señala como, en términos electorales, el valor de una coalición no corresponde a la suma de las fuerzas de los partidos que la conforman. Las razones por la cual se conforma la coalición, la homogeneización del disurso y la creación de un proyecto unificador: todos estos elementos son determinantes para predecir su éxito o fracaso. En el caso de LeU, la razón unificadora más evidente fue la de la supervivencia al interno de las Instituciones. Nunca se consiguió determinar un proyecto común y la misma comunicación sufrió fallos de coordinación, en cuanto cada uno de los líderes de la coalición siguió con su propio discurso.

Potere al Popolo: euforia, inexperiencia y carencias

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El movimiento que más hizo hablar de sí durante las elecciones fue Potere al Popolo, conformado oficialmente en diciembre de 2017 – a apenas 3 meses de las elecciones generales -. Un movimiento empujado por varias siglas comunistas (entre estas, Rifondazione Comunista) y el centro social “Je so pazz’ “ de Nápoles. La idea de crear el enésimo movimiento en el lado izquierdo del tablero nace – según su representante, Viola Carofalo – de la insatisfacción de la conformación de Liberi e Uguali, cuya coalición presentaba, a su interno, históricos líderes del centroizquierda como el ex primer ministro Massimo D’Alema. El dinamismo y la ilusión de los militantes de PaP, la creación de un proyecto que nació desde la militancia, el gran papel otorgado al activismo y la voluntad de centrar el discurso en temas escasamente tratados por los demás partidos de izquierda – como el desempleo, la explotación y la brecha Norte-Sur -.

A pesar de estos elementos positivos – en los cuales se incluye una comunicación vivaz y esperanzadora -, Potere al Popolo no consiguió grandes éxitos (alcanzó tan solo el 1,3% en las elecciones generales). Si por un lado Viola Carofalo se presentaba como una cara nueva y fresca en ese lado del tablero, el proyecto político de PaP carecía de homogeneidad. Una larga serie de puntos programáticos que no seguían un hilo determinado y que, también en este caso, no ofrecían un horizonte claro. Eso se debe, probablemente, a la coexistencia de varias almas de izquierdas al interno del movimiento y la ausencia de un grupo dirigente, que pudiese moldear parcialmente las demandas recogidas.

Entre las mayores criticidades, la falta de un programa económico y de una postura clara sobre un tema clave como la relación con la Unión Europea. Luego, muchos electores de izquierda expresaron su disenso tras esta enésima división, aún más en un escenario dominado por la derecha reaccionaria. Finalmente, debido a la ausencia de perfiles mediáticos o ya conocidos por el público italiano, Potere al Popolo tardó mucho tiempo en darse a conocer. El resultado obtenido en las elecciones, según Viola Carofalo, fue más que positivo: ese habría sido el comienzo de un proyecto de izquierda verdaderamente alternativo. Sin embargo, la alianza con Rifondazione se quebrantó en seguida, provocando una escisión y obligando PaP a centrarse en sus problemas internos, lo que desilusionó buena parte de la militancia.

Reanimar la izquierda, antes de que sea demasiado tarde

Como se ha podido observar, las únicas alternativas de izquierda han sufrido de todos esos límites que las han arrastrado, históricamente, hacia la irrelevancia política. La falta de narrativas inovadoras y programas políticos rompedores; las insuficiencias en la comunicación; la persistencia en enfrentarse a los partidos de derecha en el terreno más favorable a estos últimos; la ausencia de una cara fresca, fuerte y carismática, capaz de volver a ilusionar un electorado huérfano de representación.

Después del 4 de marzo, ninguna fuerza política de izquierda (LeU y PaP) o de centro-izquierda (PD) ha sabido – o querido – analizar las causas de la derrota. Entre quien se han estancando en un estado de autocomplacencia (PD), quien se ha escindido (PaP) y quien ha implosionado (LeU), no queda ninguna fuerza política de izquierda fuerte y creíble que pueda plantar cara a los desafíos de la derecha populista.

El primer paso para reanimar la izquierda italiana pasa a través del reconocimiento de los errores y de las criticidades que la afligen desde hace demasiado tiempo. Si la izquierda no consigue liberarse de sus fallos “viciosos” (es decir, recurrentes), las ideas más reaccionarias sedimentarán en la sociead italiana – atraída por la política del miedo y del odio de Salvini –, provocando una ruptura no sólo politica, sino social.