Vox empuja a Ciudadanos hacia la derecha y deja el centro libre para el PSOE

  • Los socialistas llevan meses hablando de la "aznarización" de Rivera, pero pactar con Vox supone un salto cualitativo hacia posiciones reaccionarias.
  • Si los naranjas aceptan el apoyo de ese socio incómodo que sería la ultraderecha, el PSOE intentará competir por el centro.

Con la política caminando a un ritmo vertiginoso, cuesta echar la vista atrás, aunque ese ejercicio de memoria abarque solo un año. A principios de 2018, Rajoy seguía en Moncloa, Pedro Sánchez había ganado las primarias del PSOE con un discurso ‘antiélites’ y Ciudadanos seguía engordando en las encuestas a costa de Catalunya, que permanecía bajo el mando del 155. Si en 2016, Sánchez cerró un acuerdo fallido con los naranjas para intentar ser investido, durante los últimos 12 meses los socialistas han intentado incesantemente ladear al partido de Albert Rivera a la derecha. Ahora, el apoyo de Vox en Andalucía les ha dado a los socialistas una oportunidad de oro para conseguirlo.

El PSOE se ha entregado a esta estrategia sin disimulo. También ha entregado al Consejo de Ministros, a juzgar por las palabras  que la ministra portavoz, Isabel Celáa,  pronunció en la rueda de prensa posterior a su reunión semanal, en las que apelaba a la responsabilidad para evitar que Andalucía se convierta en la cuna de la ultraderecha”. Como ya hizo Susana Díaz en la noche electoral, apuesta por agitar el fantasma del retroceso que supondría esa triada que forman el ultraderechista Vox, su formación de origen, el PP, y Ciudadanos, el antaño partido de centro liberal.

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La necesidad de encajar a Ciudadanos en la derecha no es nueva, pero ahora tienen una oportunidad de oro. Después de que Pedro Sánchez triunfó las primarias del PSOE en mayo de 2017, en Ferraz consideraron también que los socialistas habían ganado ya la hegemonía por la izquierda, con un Podemos que se estancaba por este ala. Durante este año, los morados han dejado de ser rivales para convertirse en aliados. Sin embargo, en el verano de 2017 y con la herida catalana sangrante, el rival del centro derecha comenzó a crecer gracias al discurso españolista que surgió como reacción al nacionalismo catalán.

‘Albert Primo de Rivera’

Aprovechando la exaltación naranja, el PSOE comenzó a deslizar mensajes que sugerían que Rivera, ese mismo al que sedujeron para un Gobierno fallido, se había escorado a la derecha y, por fin, se había quitado la careta de regeneración y progreso para convertirse en el auténtico heredero de Aznar. Incluso, Adriana Lastra llegó a compararle en noviembre de 2017 con José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, aunque minutos después lo retiró.

En esa línea argumental llevan trabajando los socialistas en los últimos meses. De hecho, hace tiempo que hablan de “las derechas” para meter en el mismo saco tanto a PP como a Ciudadanos, el partido que sostuvo al Gobierno de Rajoy en Moncloa. Para ellos, el apoyo de Albert Rivera a Mariano Rajoy en la moción de censura fue la imagen de cómo los naranjas eran capaces de sostener un Ejecutivo de derechas aun cuando el origen de la moción era la corrupción, concretada en la sentencia del caso Gürtel.

Sin embargo, con Catalunya en el debate central y con Ciudadanos sosteniendo el Gobierno andaluz, en la estrategia quedaban flecos. Mientras los de Sánchez se esforzaban en dibujar un Ciudadanos desbocado que utilizaba el conflicto territorial para fines electoralistas, algunos de sus barones advertían de manera sutil contra los nacionalistas catalanes cuyos votos hicieron a Sánchez presidente.

Ahora, los resultados de las elecciones de Andalucía les han colocado en el riesgo real de perder el Gobierno de la Comunidad Autónoma por primera vez en 36 años. Con los datos ya fríos, no les quedará más remedio que acogerse al dicho “no hay mal que por bien no venga” de cara a las elecciones generales que se celebrarán previsiblemente en 2019. Por ello, aprovechan la entrada de Vox con 12 escaños al Parlamento andaluz y su apoyo a un posible pacto entre Ciudadanos y PP para intentar demostrar ante el electorado que los naranjas han dado un salto cualitativo y que están dispuestos a deshacerse de su vocación centrista y de progreso con tal de echar al PSOE del Gobierno, tomando Andalucía como un “aviso” de lo que puede pasar en el resto del Estado cuando se abran las urnas.

De la “aznarización” a “blanquear” la ultraderecha

Desde la misma noche del día 2 de diciembre, PSOE agita el mismo mensaje con la esperanza de que les sea útil de cara a las elecciones generales que se prevén para 2019 si no se aprueban presupuestos. La primera pata de su argumentario consiste en resaltar la idea de que será Vox la que “radicalizará” a PP y Ciudadanos y no al revés, arrastrando a los naranjas al extremo.

La segunda, insistir en la contradicción de que un partido liberal como Ciudadanos acceda a pactar con una formación que apuesta de manera tan clara por un retroceso en los derechos sociales, aunque en lo económico también apuesten por recortar el Estado autonómico. “La derecha en Europa no quiere conectar con la ultraderecha para no blanquearles”, insistía Celáa el viernes ejemplificando con Francia y Alemania. Es decir, además de aliarse con la ultraderecha, Ciudadanos se alejaría por completo de sus referencias europeas, como Macron. Es más, el candidato a la alcaldía de Barcelona, Manuel Valls, ha animado a Rivera a que no pacte con Vox.

La tercera pata de este argumentario consiste insistir en la “inconstitucionalidad” de algunos de los pilares del programa de Vox, aunque sin precisar criterios técnicos. Como alternativa, propone un gobierno “constitucionalista”, dejando fuera a la formación ultraderechista, una propuesta que ha tenido, por el momento, pocos efectos.

Si las derechas no logran ponerse de acuerdo, Díaz tendría alguna opción. Si consiguen formar gobierno, sea cual sea la forma y el papel de cada uno de los actores, la marca de la ultraderecha impregnará al PP y a Ciudadanos, dejando el centro libre a Sánchez. Aunque las elecciones se prevean para 2019, aún no es posible hacer previsión fiable sobre cuál será el eje que moverá a los electores progresistas.