Lowry ha muerto

Pascual García

- ¿Leire Pajín?

- ¿De parte de quién?

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- De Malcolm Lowry.

- ¿El de Laboratorios Lowry?

- No. El inmortal escritor.

- Espere un momento. Voy a ver si está…

- ¿Dígame?

- ¿Leire Pajín?

- Si. Soy yo. ¿Quién es usted?

- Soy Malcolm Lowry.

- ¿El de Laboratorios Lowry?

- No. El inmortal escritor.

- ¿Y qué quería?

- Llamaba para quejarme.

- ¿Y eso?

- Verá. Yo era un borrachuzo de mierda y fumaba como un carretero y, de hecho, alguno de los grandes pasajes de Bajo el volcán surgieron así, en un bar atiborrado de humo con un vaso de mezcal en una mano, un bolígrafo en la otra y un pitillo entre los dientes.

- ¿Y por qué quiere quejarse?

- Porque es injusto que ustedes hayan prohibido ahora lo de fumar en los bares y no lo hicieran hace cincuenta o sesenta años.

- ¿Y por qué es injusto?

- Porque nos privaron de la posibilidad de estampar las sillas contra las mesas, destrozar los lavabos e incendiar los establecimientos. Si estuviera vivo lo haría, pero estoy muerto, y me dicen que ahora lo único que destrozan los escritores es la inteligencia de sus lectores.

- En eso no puedo ayudarle. Para esas cosas de los escritores es mejor que se ponga en contacto con La Sinde.

- Ya, pero es que me dice Hemingway que el otro día llamó precisamente a esa señorita para hablar del asunto y que no le hizo ni puto caso.

- ¿Qué Hemingway? ¿El de Laboratorios Hemingway?

- El mismo… Por cierto. Me comenta Jim Thompson, el de Laboratorios Thompson, que son ustedes unos fantoches y unos inútiles.

- ¿Por lo del copago?