‘Oro’: película que salva un pésimo año para el cine español

Cartel anunciador de 'Oro'
Cartel anunciador de ‘Oro’, la película de Agustín Díaz Yanes, que hoy llega a los cines. / Sony Pictures

Oro merece tener una buena taquilla porque está bien producida y rodada, porque habla de nosotros (de antepasados nuestros que huían de un país miserable en busca de fortuna) y porque es una película de acción que en nada tiene que envidiar a un buen western o una película del Vietnam. Sin duda, es una película que salva la honra de un annus horribilis para nuestro cine, de los peores en décadas.

Oro trata de una patrulla de desarrapados en la jungla que se enfrentan a innumerables peligros: enfermedades, serpientes mortales, caimanes que los devoran, indígenas, sus propios compatriotas compitiendo por el oro… Y entre los mayores peligros, ellos mismos: sus envidias, sus recelos territoriales, sus motines, sus pulsiones sexuales por culpa de esa dama que no sabe qué pinta en todo ese infierno… Y ahí están las tan actuales Españas, matándose entre ellas pero a la vez luchando juntas contra un enemigo común (concepto básico de la película). Como ha dicho su director, Agustín Díaz Yanes, “sabemos odiarnos muy bien”. Y en la película se palpa.

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Oro, basada en una historia inédita de Pérez-Reverte, consigue que te creas a todos esos compatriotas en pos del oro, de riquezas, de títulos nobiliarios, de futuro y hasta de aparecer en los libros de historia. Todo transcurre en el siglo XVI (hacia 1540) y está inspirado en la pirada hazaña de los conquistadores Lope de Aguirre y Núñez de Balboa y su expedición de 30 hombres y dos mujeres durante dos meses en la selva amazónica. Buscaban una quimérica ciudad cuyos tejados estaban hechos de oro puro. Imaginen.

Lejos de aquel tostonazo de Saura llamado El dorado, Pérez-Reverte y Yanes se adentran en esta fascinante página de nuestra historia (una de las muchas que tenemos como el imperio que fuimos y que jamás han sido tratadas por el cine español) y lo hacen con una película de acción que coquetea de forma inteligente con el western y las películas de patrulla por la selva, llámenle Vietnam o Guadalcanal.

El guión no tiene un protagonista, aunque Arévalo, Coronado, Lennie y Jaenada sean los primeros espadas. Casi todo el reparto está estupendo en sus papeles. Callejo como el cura cabrón (la Iglesia siempre mangoneando en la historia de España), Ballesta como el navarro, Anna Castillo como lo sirvienta de Lennie, Dechent como el necesario contrapunto humorístico para una peli tan seca, Gertrúdix como la voz en off principal (hay dos), Cervino como el líder sádico (muy Bligh en Rebelión a bordo)… Y digo “casi todo el reparto” porque todos brillan menos uno: Juan Diego como el renegado (muy coronel Kurtz). No se le entiende al hablar, no vocaliza bien.

La producción es impecable para el cine español. Ocho millones de presupuesto, mucho rodaje en Canarias y más de 100 técnicos detrás. Un privilegio que los productores y Yanes han sabido aprovechar para no hacer una película intelectual o una cosa moderna y de festival (como Saura) y han tirado por lo clásico, lo rudo, lo seco, por el cine de género bien hecho y entretenido.

«Para Enrique López Lavigne, uno de los productores,  el concepto estaba claro: “La conquista de América fue nuestro western y también nuestro Vietnam”»

Uno de sus productores, Enrique López Lavigne (que este año ha estrenado Verónica, La llamada y Selfie, las dos últimas comentadas en cuartopoder.es) ya mascaba trasladar a la pantalla la gesta de Cortés y Blas de Lezo, pero no lo logró. La sencillez del metafórico relato de Reverte (esa España que se sigue pareciendo tanto a la nuestra) se lo puso más fácil. Y para él el concepto estaba claro: “La conquista de América fue nuestro western y también nuestro Vietnam”.

La película logra momentos emotivos dentro de lo ruda que es, pero prefiero no citarlos para no hacer spoilers. El guión es más que digno (aunque echo en falta más enjundia en el personaje del tal Medrano) y hay un terreno en el que Oro podría haber salido muy mal parada: la tensión sexual que genera el personaje de Lennie. Pero ella funciona y su personaje está bien definido. Es una mujer que, en plena jungla, huye de una España que la trata como a un objeto, la cosifica. Buena idea.

Habrá, supongo, quien saque el tema del genocidio en alguna critica o comentario sobre Oro. Está en su derecho. La película expone bien lo que fue todo aquello: soldados de fortuna buscando quimeras, riquezas, algunos medio delincuentes, matándose entre ellos, degollándose, dándose garrote, violando, saqueando… En una escena, el guía indígena le pregunta a Coronado (un sargento) su procedencia y le habla de su pueblo. Cuando Coronado le pregunta por el suyo, el guía le responde que ya no existe su pueblo porque ha sido arrasado por los españoles. Así fuimos.  Gentuza de la peor especie.

¿Fue aquello un genocidio, una rapiña, una conquista, un descubrimiento? Que cada uno juzgue. Los libros de historia ayudan mucho y para eso están. Los que no mienten, claro. Los franquistas fueron muy duchos tergiversando los libros de texto y todavía hoy celebramos esa imbecilidad de La hispanidad por la Castellana.

Oro es una película de acción y hay que juzgarla como tal. Qué mezcla tan extraña la de esta película: por una parte da vergüenza recordar lo que les hicimos a esa pobre gente y por otra admiras el valor de esos pirados en busca del oro, como los pirados de El tesoro de Sierra Madre. Por eso Oro, con sus pocos defectos, es una película rara y valiente. Necesaria. De esas que dices: ya era hora de que se hable de esto en nuestro cine, y ademas entreteniendo. Lo mismo me pasó con Los últimos de Filipinas, también comentada en este diario.

Lo mejor: cuenta algo que nos ha costado contar, y sin complejos, durante décadas. También la banda sonora y el uso de la música en una escena de acción en concreto.

Lo peor: Juan Diego y la última y confusa escena de acción.

El plan B:

Musa nos habla de un tal Samuel Salomon, profesor que no acude a su trabajo en la universidad desde la muerte de su chica. Además, sufre una pesadilla en la que una mujer es asesinada. La misma mujer que ve en sus sueños aparece muerta en idénticas circunstancias a las de su pesadilla. Su director, el irregular Jaume Balagueró, se basa en una novela de José Carlos Somoza. Su acogida en Sitges fue tibia y la crítica no la ha puesto muy bien. Ustedes sabrán.