‘La llamada’: correcta comedia, penoso musical

La llamada
Cartel de ‘La llamada’, la película dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo. / DeAPlaneta

La llamada ya es, y sin estrenarse, un fenómeno. Supongo que lo es porque se trata de la adaptación de un musical exitoso, porque sus directores (que han actuado en abominables series como Física o química o Sin tetas no hay paraíso y se les conoce como “Los Javis” porque los dos se llaman Javi) saben moverse en el mundillo mediático. También doy por hecho su éxito porque en el mundo gay va a funcionar o porque lo han decidido esos tipos que diseñan la agenda cultural y lo que es tendencia o no. El caso es que en el Festival de San Sebastián sus proyecciones fueron como happenings y mucha prensa acreditada aplaudió a rabiar, así que la cosa huele a éxito. Veremos, soy muy malo para este tipo de predicciones.

La llamada es la adaptación cinematográfica del musical con el mismo nombre (“El mejor montaje teatral del 2013” según una encuesta de El País, once premios Broadway World, Fotogramas de Plata a Mejor Actriz y tres nominaciones a los Premios de la Unión de Actores) y está ambientada en Segovia, en un campamento cristiano. Sus protagonistas son dos jóvenes (en la película se supone que son adolescentes, pero aparentan más edad) castigadas (¿?) por escaparse a un concierto de infecta música latina. Las dos tienen un grupo llamado Suma Latina y quieren grabar su primer disco.

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Otros personajes son Bernarda, una monja veterana que quiere salvar el campamento con su canción “Viviremos firmes en la fe” (el personaje es puro estereotipo) y la hermana Milagros, joven que no sabe si seguir de monja, añora su feminidad y las canciones de Presuntos Implicados. Un día Dios se le aparece a María, una de las castigadas, y le canta canciones de Whitney Houston.

Leído así todo suena muy grueso, y la verdad es que la película lo es. Los personajes están escritos con bastante pobreza. No solo Bernarda es un puro cliché, también lo es la joven Milagros (menudo nombrecito más obvio) y las dos protagonistas, dos tiarronas que no sabemos muy bien por qué están en un campamento católico para adolescentes. Pero bueno, si aceptas esta premisa y lo caprichoso de todo empiezas a reírte en unos cuantos momentos del film.

Sin lugar a dudas, y con mucha diferencia, Anna Castillo es lo mejor de La llamada. Lo de esta mujer sí que es milagroso. Qué naturalidad, qué don para la improvisación, qué personalidad… Creo, y me da igual pecar de exagerado, que es la mejor actriz que hay en España. No de su generación, la mejor actriz y punto. Castillo, que ganó el Goya por El olivo, una película bastante fallida de Icíar Bollaín, se merece mejores guiones, personajes y directores. Esta mujer, si tiene suerte y buenos consejeros, puede darnos grandes alegrías en la gran pantalla.

Macarena García (que ganó también un Goya por la muy sobrevalorada Blancanieves) también es una buena actriz y logra una excelente química con Castillo. Y el resto de los actores también cumplen y estás bien dirigidos. Funciona la ternura de Belén Cuesta (aunque su tono de voz llega a ser un poquito irritante), la mala uva de Gracia Olayo (una de Las Veneno), el siempre eficiente Secun de la Rosa y, como sorpresa, Esty Quesada, la tronchante youtuber “Soy una pringada”. Sale muy poco, pides más.

Como comedia ‘La llamada’ es decente. Su humor es llevadero y en más de una ocasión sueltas una buena y sana carcajada. Javier Ambrossi y Javier Calvo, “Los Javis”, saben dialogar, hacer reír con sus frases ingeniosas (algunas muy almodovarianas) y crear buenas situaciones de comedia. Ya lo demostraron en el teatro pero también en la estupenda serie Paquita Salas, una comedia televisiva que ya quisieran los bodrios a los que nos tienen acostumbrados las teles generalistas.

Pero como drama La llamada no funciona. Y tampoco como musical. Las partes en las que la película entra a mostrar el éxtasis religioso y musical que sufre Macarena García, el dolor por su falta de fe de Belén Cuesta o el conflicto sexual de Anna Castillo (con ese novio horripilante) lastran a la película, no hacen falta.

Y lo del musical clama al cielo. No solo las coreografías son muy mejorables (no creo que su modesta producción sea una excusa), además uno no entiende que se haya elegido a Richard Collins-Moore (que hace de Dios) para cantar tan rematadamente mal temas de Whitney Houston. Sí, supongo que lo de cantar tan espantosamente mal es algo intencionado y quizás en la obra funcionaba, pero en el cine los momentos musicales son cutrísimos y se hacen eternos. Musicalmente la película es atroz. Bueno, de hecho la banda sonora es de Leiva, así que no les digo más. Ah, y en la producción está involucrado ese ser llamado Jorge Javier Vázquez. Sí, el de la telebasura.

Lo mejor: La inmensa Anna Castillo, la dirección de actores y que no busca la provocación barata contra la Iglesia.

Lo peor: La parte de drama es floja y como musical la película es penosa.

El plan B:

La cordillera es la quinta película de Santiago Mitre, que esta vez cuenta con una gran producción detrás. La película, técnicamente impecable, habla de una cumbre de presidentes latinoamericanos en las nevadas montañas de Chile. Allí se decidirá si los países latinoamericanos unen sus fuerzas frente al poderío petrolero norteamericano (representado nada menos que por Christian Slater). En medio de todo esto, el presidente argentino (Ricardo Darín, estupendo como siempre), recibe la visita de su hija, que lo llevará a oscuros rincones de su pasado.

La subtrama de la hija y el extraño psicoanalista que la trata es terrible, se carga toda la película, que acaba siendo agónica y aburrida.

DeAPlaneta (YouTube)