Las mujeres de cine siguen empeñadas en buscar reconocimiento

  • Carracedo: “Los premios sirven para que la gente se entere de que existes. Si no hay reconocimiento, se acaba tirando la toalla”
  • Andreu: “La sociedad es patriarcal. El cine y la televisión influyen en los comportamientos de la gente y la perspectiva femenina debe estar presente”
  • Ferreira: "Las películas dirigidas por mujeres tienen menos de la mitad del presupuesto de las otras"

Las mujeres de cine españolas han activado sus músculos, sobre todo cerebrales, para hacerse visibles y conseguir que la industria las tenga en cuenta. Un vez visto que lamentarse sirve de poco, que implorar una limosnita por caridad tampoco mola, las cineastas van saliendo de la alcantarilla a donde las manda esta sociedad de consumo, vulgar y tragaldabas, incapaz de reflexionar sobre los asuntos que realmente nos interesan a los humanoides, verbigracia: el dolor, el amor, la alegría, la muerte.

La industria del cine por excelencia, o sea Hollywood, no ha logrado esconder los abusos sistemáticos sobre las mujeres que trabajan en ella. Unas cuantas valientes van dejando con el culo al aire, por fin, a industriales, grandes y pequeños: productores, directores, actores… aunque eso les cueste la carrera. El disparo de salida fueron las denuncias Me too de abusos sexuales, pero ese es solamente un aspecto, el que mejor se vende en los medios de masas.

Los abusos continuados, los que pretenden recluir a las mujeres en el cuarto de la plancha, se producen cuando hay que buscar financiación para dirigir películas, cuando se reparten los mejores papeles, que suelen caer en ellos, cuando se constata que las actrices envejecen antes y peor que los actores, por mandato divino. Cuando, por fin –no se sabe por qué-, ellos cobran más que ellas. Y así.

Habrá que preguntarse si es que las mujeres de cine lo hacen peor que los hombres de cine, sin embargo, crece el número de películas que gustan al público pero que hay que apretar el paso para poder verlas antes de que salten de la programación, y algunas, ni llegan a las salas.

Para empezar, el 16 de noviembre se estrena en toda España El silencio de otros, dirigida por Almudena Carracedo y Robert Bahar, que recibió en febrero pasado el premio de la Paz de la Fundación Heinrich Böll, dentro de la Berlinale, así como el premio de la audiencia entre los documentales del festival. Es un film que indaga en las personas desaparecidas durante el franquismo con protagonistas supervivientes. “El documental da voz a personas que buscan justicia, pero sin resentimiento, con una sensibilidad que quiere llegar al corazón además de al cerebro”, nos dice la directora.

Conseguir financiación, a pesar de su éxito con la anterior Made in L.A., ganadora de un Emmy en 2008, es tarea titánica. “De 95 propuestas que hicimos nos dieron 15”, dice Carracedo. “El mundo del documental no es como el de ficción, hay menos recursos pero también te puedes poner a filmar con los bolsillos vacíos y obtener fondos con algo ya grabado”.

La peli tiene varios premios, entre ellos, el de mejor documental extranjero en el Festival de Michael Moore, el Traverse City Film. Ha sido elegida para el European Film Awards que este año se celebra en Sevilla, el 15 de diciembre.

“Los premios sirven para que la gente se entere de que existes”, dice Carracedo. “Llaman a más público. También dan trabajo, porque hay que atender a encargos, invitaciones, prensa… Si no hay reconocimiento, se acaba tirando la toalla”. Justo lo que pasó con 85 de las 100 cineastas que surgieron entre 2000 y 2015: sólo 15 de ellas logró realizar una segunda película, según cuenta Francisco Zurián en su libro “Cineastas españolas para el siglo XXI” (Fundamentos, 2018).

Delegada de la sección de documentales en CIMA, vive en España desde que empezó a realizar el documental, hace siete años. ¿Hay más mujeres haciendo cine?, le pregunto. “Tenemos más visibilidad, me parece. Cada vez hay más jurados mujeres, y por tanto, otra sensibilidad. Antes sólo había hombres”.

Claro, la visibilidad la van dando películas como la de Carla Simón, “Verano 1993” (2017) o “La Librería” (2017), de Isabel Coixet. Pero la suerte y la oportunidad tienen mucho papel en esa visibilidad. De ahí que a Cristina Andreu, actual directora de CIMA, le parezca que hay que apoyar los proyectos de mujeres de cine, tanto jóvenes como veteranas, que no logran salir del rincón oscuro. El Proyecto IMPULSA trata precisamente de lograr eso.

También desde CIMA se trabaja por lograr más ayudas para films en los que el 40% de sus participantes sean mujeres, sin contar con peluqueras, maquilladoras y sastras, sino directoras, guionistas, fotografía, productoras, montadoras… Un ejemplo claro es el film María y los demás (2016), dirigida por Nely Reguera, producida por Luisa Romeo (seleccionada en Cannes para Producers on the Move, de la edición de este año) y protagonizada por Bárbara Lennie.

En el informe que Andreu presentará en el Festival de San Sebastián, tratará de explicar por qué la escasa visibilidad de las mujeres de cine viene dada por un problema social, no sólo en España, que “hurta la mirada de las mujeres”, dice la directora de Brumal (1988). “La sociedad es todavía fuertemente patriarcal y hay que cambiar eso. El cine y la televisión influyen en los comportamientos de la gente, sobre todo los jóvenes, y la perspectiva femenina debe estar presente”.

La prensa, tan aficionada a montarse listas de las películas que hay que ver, casi siempre deja a las cineastas en la cuneta. Y si no, buscad en San Guguel las pelis que había que ver este año, por ejemplo. De 21 films, sólo tres están dirigidos por mujeres. Gracia Querejeta, Mar Targarona y la debutante, Patricia Font. Ni mencionar a Patricia Ferreira, que estrenaba su  Thi Mai. Rumbo a Vietnam (2018), al poco de comenzar el año.

Después de diez años de CIMA, preguntamos a Ferreira si la visibilidad de las mujeres en el cine ha mejorado. “Ha aumentado sí, pero a paso de tortuga, con mucho esfuerzo; claro, como veníamos de la nada, en algo se ha avanzado”, dice. “Nos estamos ocupando de la difusión y promoción de proyectos  que de otro modo pasarían inadvertidos. Si vemos las estadísticas, nos damos cuenta de que las películas dirigidas por mujeres tienen menos de la mitad del presupuesto de las otras. Y hay que saber que la promoción de la película se lleva una buena parte del presupuesto. sí que tenemos menos dinero tanto para hacer la película como para promocionarla y que la gente se entere de que existe”.

Ferreira comenta la distancia que nos separa de Suecia en esta materia, donde se ha establecido que las ayudas al cine sean exactamente del 50% para mujeres y para varones. Y que Francia sigue siendo el país ideal para hacer cine, gracias a la protección de que goza. Allí se lo toman en serio, no como aquí, le digo. “Pero el nuevo equipo ministerial me ofrece confianza. José Guirao está mostrando interés y se nota un cambio de sensibilidad con relación al cine.”

La cuestión de los jurados, mayoritariamente masculinos, no es una tontería. Un jurado de CIMA le dio el premio el año pasado a El orden divino, de Petra Volpe, una directora suiza, en el Festival Internacional de Cine de Gijón. Antes, en 2017, el premio se lo llevó Sonia Sebastián, por Yo también, en el Festival de Zaragoza. Por cierto, que estrenará su segunda película, Freelancers Anonymous, este otoño. Y el 7 de septiembre se estrena la segunda peli de Elena Trapé, Las distancias, que tuvo muchos aplausos en el pasado Festival de Málaga. Por no hablar de la película Carmen y Lola, de Arantxa Echevarría, que viene envuelta en polémica y también se estrena el 7 de septiembre.

Y en este desorden de anuncios, les diré que algo más tarde, el 18, se celebra el Festival de Cine Político Dirigido por Mujeres, donde se nombrarán otros nombres que para el gran público son perfectamente desconocidos. Sin embargo, son nombres de mujeres que trabajan duro por hacerse ver y oir, en un terreno que más parece un teatro de guerra que un escenario de cultura. Pero de esto ya han informado mejor mis compañeros de cuartopoder.es

 

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