El silencio de otros o la radical realidad

  • La ley de Amnistía de 1977 es uno de los pilares del régimen de 1978. Y una de las vergüenzas jurídicas internacionales vigentes en el año 2018

Daniel Raventós

El silencio de otros es un documental extraordinario. Desde el pasado viernes 16 de noviembre ya puede verse en cines del Reino de España. En 96 minutos se denuncia de forma muy concienzuda las consecuencias de la ley de Amnistía de 1977, mediante entrevistas superpuestas a testigos, abogados y la jueza argentina María Servini. La jueza Servini está desde hace ocho años investigando algunos de los crímenes del franquismo a partir del principio de la justicia universal, que fue el resquicio por el que se detuvo a Pinochet en Londres y por el cual también se juzgaron a militares golpistas argentinos. Pero el régimen del 78 es más infranqueable y, por supuesto, más impermeable a la justicia universal.

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La ley de Amnistía de 1977 es uno de los pilares del régimen de 1978. Y una de las vergüenzas jurídicas internacionales vigentes en el año 2018. Como se recordará, solamente dos diputados votaron en contra de esta ley. Una ley que entró en vigor el 17 de octubre de 1977 y que permite que torturadores franquistas, secuestradores de recién nacidos en el franquismo… se paseen por la calle impunemente. Ya lo dijo uno de los torturadores más conocidos del franquismo, Billy el Niño, “a nosotros no nos pasará nada, seguiremos siendo la policía del futuro”, como explica en la película uno de los torturados por ese policía. Y la policía del futuro a la que se refería Billy el Niño es la de hoy. Jamás fue depurada de franquistas.

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Un relator de la ONU, Pablo de Greiff, al informar sobre las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista afirmó que la ley de Amnistía de 1977 es el principal obstáculo legal en la búsqueda de la justicia. Pablo de Greiff también tiene una breve aparición en el documental.

A principios de 2018, Podemos, ERC, PNV, Bildu, PDeCAT, Compromís y Nueva Canarias, a propuesta del primero, votaron para una reforma de la mencionada ley de 1977. La reforma era muy simple, se proponía la adición en el artículo 9 de un nuevo párrafo según el cual las disposiciones contenidas en la norma “no impedirán que los juzgados y tribunales investiguen, enjuicien e impongan las penas correspondientes a las personas responsables de haber cometido delito de genocidio, lesa humanidad, delitos de guerra y otras graves violaciones de Derechos Humanos”. Votaron en contra: PP, PSOE y Ciudadanos. Sí, el “republicano” (sic) PSOE también —republicano como el candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Barcelona Manuel Valls para el cual ser republicano hoy no significa ser antimonárquico (resic)—. Decía Chato Galante, uno de los grandes activistas de la Comuna Presxs del Franquismo que tiene un papel destacado en El silencio de otros, durante el coloquio que hubo después del pase de un preestreno del documental el pasado 14 de noviembre en Barcelona: “No es suficiente con sacar a Franco del Valle de los Caídos y algún gesto más por importante que sea, hay que juzgar a los torturadores franquistas y a los culpables de los secuestros de niños y niñas que fueron entregados a familias franquistas”.

Y sobre las denuncias de muchos familiares de torturados y asesinados por el franquismo —como Salvador Puig Antich una de cuyas hermanas, Merçona, también aparece en El silencio de otros— es sobre lo que ha investigado y denuncia este documental que ha supuesto un trabajo de siete años.

Como la jueza Servini explica en un momento del documental de forma un tanto optimista: “si los jueces escucharan los centenares de testimonios que he escuchado yo a lo largo de estos años, seguro que se pondrían a actuar”. Quizás demasiado optimista con la judicatura española. Como informaba un artículo de ya hace dos años: “La jueza argentina María Servini ha visto cómo la Fiscalía se opuso desde el minuto cero a la extradición de cargos franquistas o cómo se ha dado la orden de no tomar declaración en juzgados españoles”. Hace pocos meses la jueza pidió al Gobierno español la lista de policías que intervinieron en la matanza de Vitoria el 3 de marzo de 1976. Ninguna respuesta.

La película tiene momentos duros sobre la brutalidad de la policía española contra manifestantes antifranquistas, brutalidad que en Cataluña mucha gente volvió a recordar y a sufrir en su piel el 1 de octubre de 2017 (“la policía del futuro” de Billy el Niño), y momentos muy emotivos. Y también momentos crueles. Como la realidad que pretende explicar.

Valeriu Marcu fue un poeta e historiador rumano que murió en Nueva York en 1942 y que acostumbraba a escribir en alemán. Fue el primero en publicar una biografía de Lenin. En Zúrich, poco antes de la Revolución de febrero, cuentan que Lenin le comentó a Marcu: “Uno siempre tiene que intentar ser tan radical como la realidad misma”. El silencio de otros es tan radical como la realidad misma que intenta describir.

El silencio de otros está dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar y es una coproducción hispano-estadounidense. Está dedicado a Carlos Slepoy, uno de los protagonistas del documental jurista de una trayectoria admirable de defensa de los derechos humanos y la justicia universal. Fue torturado en Argentina, bajo el régimen de Isabel Perón en 1976, y en el Reino de España, en 1977. Murió en 2017. El silencio de otros ha recibido hasta ahora algunos premios internacionales, 14 para ser exactos. Entre ellos, el Premio del Cine por la Paz en la Berlinale. Almudena Carracedo, en el preestreno de Barcelona mencionado, comentó: “haced de activistas de esta película para que se haga justicia”. Quizás que se haga justicia, tratándose de la judicatura heredera del franquismo sin la menor depuración, sea demasiado pedir porque ella también debería ser juzgada por sus crímenes, pero que esta película se difunda lo más posible entra dentro de las posibilidades de la “realidad radical”. Vale la pena verla.

Daniel Raventós es editor de Sin Permiso, presidente de la Red Renta Básica y profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del comité científico de ATTAC. Sus últimos libros son, en colaboración con Jordi Arcarons y Lluís Torrens, ‘Renta Básica Incondicional. Una propuesta de financiación racional y justa’ (Serbal, 2017) y, en colaboración con Julie Wark, ‘Against Charity’ (Counterpunch, 2018).