Roma: otra olvidable “película del año”

  • Netflix, empresa que la produce, no respetó los tiempos dedicados a exhibir una película en salas antes de que se pueda ver en streaming
  • No cuenta absolutamente nada y lo que cuenta lo cuenta mal, no engancha, no interesa, te aburre. Te da todo igual
  • Todo está escrito porque sí, porque Cuarón supone, y supone mal, que su infancia es muy interesante y no lo es

Se esperaba con mucha expectación el estreno de Roma, del mexicano Alfonso Cuarón. Venía precedida de polémica porque la mayoría de las salas españolas se negaron a proyectarla en sus cines. Y tenían toda la razón porque Netflix, empresa que la produce, no respetó los tiempos dedicados a exhibir una película en salas antes de que se pueda ver en streaming. Pasaron por alto lo que en el gremio y en el mercado llaman “las ventanas”.

La película venía precedida de un abrumador respaldo de la crítica y los festivales. Una película autobiográfica de Cuarón, en blanco y negro, de más de dos horas, cine intimista, “social”… un caramelito para gafapastas. Luis Martínez, el amanerado crítico de El Mundo, sentenció: “Decir ahora que se trata de la película del año es apenas decir nada”. Carlos Boyero, de El País, se emocionó: “Acabo de ver Roma en la gran pantalla, con un sonido muy cuidado, en la oscuridad, en el escenario ancestral y natural. Y salgo conmovido”.

Roma, dirigida, escrita, fotografiada, producida y montada por Alfonso Cuarón, hombre del Renacimiento, venía, además, de ganar el León de Oro en Venecia y había sido elegida como mejor cinta del año por los críticos en Los Ángeles, Nueva York, Chicago y San Francisco. También en España la critica le ha hecho la ola.

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Pero lo frustrante que resulta esta película ya lo teníamos que haber olido, porque Cuarón ha dirigido las interesantesY tu mamá también o Hijos de los hombres, pero también aquel pestiño espacial llamado Gravity y que la crítica alabó en masa y ganó nada menos que 7 Oscar de 10 nominaciones.

Cleo, la protagonista de Roma. / Netflix

Roma nos habla de una tal Cleo, empleada doméstica que se encarga de cuidar a toda una familia de clase media en el Distrito Federal. De hecho, la película está dedicada a Libo, que es como Cuarón y su familia pudiente llamaban a Liboria Rodríguez, de origen mixteco y que comenzó a trabajar en la casa de la familia del director cuando él solo era un bebé.

Roma trata de la infancia de unos niños bien, pero no está centrada en su frustrada madre o en su padre adúltero, sino en la señora que les cuidaba. Y la película se llama así porque así llaman al barrio donde se desarrolla la acción, la colonia Roma, zona de clase alta mexicana. También hay quién ha escrito que Roma es amor al revés y casi me da un soponcio al leerlo.

La idea del guión de Roma está bien, pero solo la idea. Luego te dispones a ver la película y descubres que no cuenta absolutamente nada y lo que cuenta lo cuenta mal, no engancha, no interesa, te aburre. Te da todo igual. Porque Roma es una historia vulgar, larga y anodina. La empleada protagonista es un personaje sin fuste, sin chicha, mediocre. Hace sus labores, tiene un novio karateca, le deja preñada, da a luz… y todo importa poco, igual que el padre que abandona a la madre o las películas que van a ver los niños al cine. Todo está escrito porque sí, porque Cuarón supone, y supone mal, que su infancia es muy interesante y no lo es. Y Cuarón hasta se autocita con la proyección de una película llamada Atrapados en el espacio, cinta que inspiró la citada Gravity.

Otra vez nos encontramos con el cuento del traje del emperador y seguro que no seré el único (aunque vamos a ser muy pocos) que grite que va desnudo. Esta película es una filfa y otro ejemplo de que la crítica y los jurados de los festivales son fáciles de engatusar y tremendamente obvios, previsibles. Y lo que es más grave: les da igual que una película no tenga un guión original, serio y trabajado. Y eso es vergonzoso.

Cartel promocional de Roma. / Netflix

Roma tiene una fotografía muy bonita y es formalmente hermosa y elegante, sí, pero no tiene guión. La recreación de época es excelente, sí, pero con eso no haces una película de más de dos horas. Roma es humo, como humo fue esa cosa de Guillermo del Toro de la limpiadora que se enamora de un señor anfibio y que arrasó en los Oscar, como el vacío cine de Alejandro González Iñárritu. Si algo une a estos tres amigos mexicanos es lo sobrevalorados que están, su forma sin fondo y lo poco que tienen que contar.

Con tres nominaciones a los Globos de Oro, la “película del año” puede hacer historia siendo el primer film de Netflix favorito en los Oscar. Y si sucede va a ser un disparate.