Oscar 2018: el timo de la estatuilla

Oscar 2018
El director de cine mexicano Guillermo del Toro pronuncia un discurso tras ganar el Oscar a la Mejor película por ‘La forma del agua’. / Aaron Poole (Efe)

Para El País fueron “los Oscar más femeninos, negros y latinos de la historia”. Sí, todo eso. Para el crítico de El Mundo “ganó Del Toro, ganó el agua, ganó la diversidad, ganaron los monstruos, ganaron todos y perdieron las mujeres”. Luis Martínez es un poeta, no me digan.

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¡Menudo palmarés! ¿Hace falta decir que esa memez llamada La forma del agua no es la mejor película del año? Lo repito por si acaso. También que a esta gente se le ha ido la pinza de mala manera premiando a semejante broma pesada.

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Este año, de cosecha paupérrima, PricewaterhouseCoopers, empresa que reparte los sobres de los ganadores, fue más precavida que en cualquier edición de las 90 que se han celebrando ya. Y los Oscar no solo repitieron con esa empresa, también con el presentador (aburrido Jimmy Kimmel) y con Warren Beatty y Faye Dunaway dando el premio gordo ante las 3.300 personas que caben en el Teatro Dolby. Por cierto: ni siquiera se trabajaron un buen gag para este esperado momento final. Hay que ser soso.

Tras 90 años y más de 3.000 estatuillas entregadas, los Oscar siguen dependiendo de la lucha encarnizada entre estudios, productoras, agencias y publicistas y sus millonarias campañas. Sin dinero, muchísimo dinero, no hay Oscar. Estos premios hace décadas que no se dan a los mejores cineastas del planeta sino a los que cuentan con padrinos y dinero. Son un tinglado que poco tiene que ver con el cine y más con anunciantes, marcas y conglomerados mediáticos que se juegan millones en publicidad. El peloteo baboso a los ricos y famosos, los ridículos comentarios sobre modelitos y complementos… todo ese circo nada tiene que ver con el cine.

Que los Oscar no son sinónimo de lo mejor de año lo sabemos hace décadas los que seguimos la gala desde muy jóvenes y perdimos la inocencia con estos premios que jamás reconocieron a directores como Kubrick o Hitchcock ni a películas como Centauros del desierto (en el vergonzoso año en el que ganó La vuelta al mundo de 80 días) o El hombre que mató a Liberty Valance. Menos mal que John Ford es el director que más Oscar se ha llevado, cuatro nada menos. Piensen que Rocky ganó a Taxi Driver o que Bailando con lobos ganó a Uno de los nuestros. Tela.

Harvey Weinstein estuvo presente en el monólogo inicial y también las justas reivindicaciones de las mujeres, aunque se pasaron de frenada y la cosa resultó cargante. Pero fue una matraca necesaria. Para comprobar cómo está la industria en este sentido, solo hay que recordar que este año ha sido nominada a la Mejor dirección de fotografía la primera mujer en 90 años. Se llama Rachel Morrison y lo ha logrado por Mudbound, una película con un gran tema pero muy desaprovechado.

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La actriz Frances McDormand pronuncia un discurso tras ganar el Oscar a la mejor actriz por su papel en ‘Tres anuncios en las afueras’. / Aaron Poole (Efe)

Nominadas y vencedoras:

La vencedora, La forma del agua, es un puré cursi y pueril (que le ha encantado a Carlos Boyero) a base de 1, 2, 3… Splash, La mujer y el monstruo, Amélie e Hijos de un dios menor. Una película tremendamente sobrevalorada e inflada por publicistas y críticos, panga vendido como merluza, ya que hablamos de pescados. No se puede tener menos imaginación a la hora de escribir una historia. Tampoco tanta jeta ante semejante colección de “referencias”. Esta ganadora se une a la lista de películas con Oscar y que todo el mundo ha olvidado. ¿O es que se acuerdan ustedes de Moonlight, Birdman, 12 años de esclavitud, Argo, The Artist, El discurso del rey…?

Tres anuncios en las afueras es una película que parece de los Coen y tiene lo peor de los hermanos: un guión con situaciones completamente inverosímiles y un final chapucero y precipitado. Martin McDonagh, un director y guionista del montón, no supo cómo acabar la película. Y Frances McDormand se pasa toda ella con la misma cara de palo, se parece a Mercedes Milá. No entiendo su inmerecido Oscar.

La película de moda, Call Me by Your Name, tiene unos personajes cargantes hasta el tedio y es de una pretenciosidad irritante. Muy pacata en sus escenas sexuales, solo se salva su emotivo tramo final. Humano y no pomposo, como toda la película. El Oscar por su guión que ha ganado el veterano James Ivory es también inmerecido. A sus 89 años es ya el ganador mas longevo de los premios.

El instante más oscuro es un retrato falso y complaciente de un tipo que sí que era oscuro como Winston Churchill. Un cabrón necesario. Gary Oldman, enfundado en un maquillaje tan alucinante como exhibicionista, tenía el Oscar asegurado. Su trabajo es histriónico, un ejemplo del peor Oldman.

Dunkerque se estrenó con el propósito de ser la indiscutible ganadora de estos Oscar. Gran parte de la crítica se postró ante un ejercicio de cine frío, repetitivo y aburrido, una oportunidad perdida para rodar una gran película sobre una página fundamental de la II Guerra Mundial y que también se trata en El instante más oscuro.

¿El resto? No he visto El hilo invisible (no puedo con el señor Thomas Anderson) y las decepcionantes Déjame salir (vergonzoso premio al Mejor guión original a semejante disparate de serie B) y Lady Bird ya las comentamos en cuartopoder.es. Son muy flojas y entraron por cumplir dos cuotas progres: la racial y la femenina. La que falta y a la cola, Los archivos del Pentágono, es la mejor película de todas las nominadas y se fue, como se esperaba, de vacío. Unos fieras estos de la Academia.

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Jimmy Kimmel presenta la 90 edición de los Oscar en el Dolby Theatre de Hollywood. / Aaron Pool (Efe)

Las olvidadas:

Se habló de The Disaster Artist, una película curiosa pero para nada de Oscar. También de la fallida La seducción, de Sofia Coppola, y del olvidado trabajo de James McAvoy en Múltiple. Impresionante. No me lo parece el de Kate Winslet en Wonder Wheel, una floja película de Woody Allen. Otra más. Extrañé en estos premios Z, la ciudad perdida, The Florida Project (los niños de la película están mejor que todos los nominados) y sobre todo dos grandes películas injustamente olvidadas: la estupenda Detroit y Coco, que se llevó dos Oscar pero que tenía que haber entrado en la categoría de Mejor película del año. Un olvido vergonzoso.

¿Y la gala? Aburrida, larga, plana, sin ritmo, sin humor, sin ingenio y con actuaciones musicales y coreografías horrendas.

Lo mejor: el escenario, la coña que tiene Helen Mirren, Eva Marie Saint (estrella de La ley del silencio y muy lúcida a sus 93), Carlos Areces en la retransmisión de Movistar (sabe de cine) y que no hubiera (por respeto) aplausos en el momento de recordar a los fallecidos en 2017. Que aprendan los Goya.

Lo peor: sigue siendo interminable por las pausas publicitarias y los número musicales, su falta de humor, el homenaje a los militares norteamericanos en sus guerras (¡¿?!) y Frances McDormand (menudo trueno).

En fin, que a saber qué truño gana esta tómbola el año que viene…