IVÁN REGUERA | Publicado: - Actualizado: 08:09

Los archivos del Pentágono
Cartel de ‘Los archivos del Pentágono’, la nueva película de Steven Spielberg. / eOne Films

Recuerdo ver Todos los hombres del presidente en la universidad. La profesora de Redacción la veneraba, algo entendible. La fabulosa película de Alan J. Pakula (proyecto levantado gracias a Robert Redford) muestra un realismo solo logrado en los setenta y lo hace con una trama apasionante, en un thriller bien armado y con dos protagonistas que empiezan como dos grises redactores y acaban siendo dos personas conocidas en medio planeta. Todos quisimos ser Woodward y Bernstein.

Ahora Steven Spielberg regresa a aquella mítica redacción del Washington Post (que en los setenta recrearon en un estudio, como ha vuelto a hacer él), pero en vez de fijar el foco en los redactores, sus guionistas se han centrado más en los jefes: en el director Ben Bradlee (Tom Hanks coge el testigo a Jason Robards, que ganó su primer Oscar gracias a ese personaje) y en la editora Kay Graham, que heredó el mando del periódico tras el suicidio de su marido, un tipo que logró convertir un periódico local en nacional. Meryl Streep interpreta con convicción a esta viuda atosigada por el poder financiero a la que Spielberg conoció en persona, como recoge Gabriel Lerman en una entrevista en la revista Imágenes. También conoció bien a Bradlee porque durante años fue su vecino en Long Island.

‘Los archivos del Pentágono’ es pues una cinta protagonizada por la élite, por gente que viene de familias adineradas o de universidades de mucho prestigio y alto coste, como Bradlee. Los vecinos pijos de Steven, vamos. La película está contada más desde arriba que desde abajo, aunque su homenaje a los de abajo, hasta llegar a los linotipistas, muestra el mejor Spielberg.

¿Y qué Spielberg tenemos en esta ocasión? ¡Porque no solo hay un Spielberg, sino dos! El director de Tiburón es un creador bipolar que siempre combina el cine de evasión con el cine “serio”. Por un lado tenemos a un entertainer de toda la vida, el que busca que la gente sencillamente lo pase bien, y el que quiere dejar algo para la posteridad, ser un cineasta y no un mero realizador. En fin: ser uno de sus ídolos. Un Ford, un Hawks, un Lean. Como te hace En busca del arca perdida, E.T., Parque jurásico, Minority Report, Atrápame si puedes o La terminal, Spielberg te rueda también cursiladas pretenciosas como El color púrpura (la peli que inaugura su lado “quiero que me tomen en serio y ganar premios”), Always, Amistad o War Horse o estupendos dramas como El imperio del sol o Munich. ‘Los archivos del Pentágono’ pertenece a ese grupo.

Spielberg puede ser capaz de lo mejor y de lo peor, puede ser cursi y relamido y certero y hasta poético. En este caso tenemos un guión estupendo que es difícil de estropear si tienes la pasta que maneja tito Steven para la producción y un reparto de campanilla encabezado por Streep y Hanks pero con secundarios cojonudos.

Uno de los mayores aciertos de esta estupenda película es que se entiende todo. Generalmente, las películas de tramas periodísticas tienden a la confusión, a que el espectador se pierda. Y sucede por ser demasiado verbales. Si no estamos atentos, se nos escapan personajes, las decenas de nombres de una enrevesada trama, como las de Todos los hombres del presidente o Spotlight.

Aquí el guión de Liz Hannah y Josh Singer (autor de guiones de mucho palique como los de la serie El ala oeste de la Casa Blanca o de películas como la citada Spotlight o El quinto poder, sobre Julian Assange) es claro, preciso y entendible. Y es inteligente porque la película no se pone seria desde el inicio. Todo lo contrario: la trama empieza con un almuerzo (en un restaurante muy pijo) en el que la dueña de un periódico le dice a su director que Nixon no quiere que una reportera conflictiva acuda a cubrir la boda de su hija. Cosas del corazón, vamos. Periodismo de tercera.

Y de ahí a todo lo que se les viene encima con la revelación de los llamados Papeles del Pentágono (una exclusiva muy al estilo Assange, pero de los setenta y sin Internet). ¿Su gran acierto? Hannah y Singer han logrado un guión que nos dice que el gran peligro para la libertad de prensa no es tanto el poder ejecutivo, sino el empresarial. Los accionistas, los socios, los anunciantes. La pasta. ¿Les suena? Es por lo que los periódicos y las revistas cierran, no tanto por un político haciendo una llamada. En ‘Los archivos del Pentágono’ Nixon no da mucho miedo, el verdadero pavor lo dan los señores del dinero. Esta película habla de algo tan importante como la libertad de prensa, la primera enmienda de la Constitución norteamericana y el cuarto poder. Casi nada. También que con respecto a Vietnam todos los presidentes norteamericanos implicados mintieron. Todos.

Eso en lo que corresponde al libreto. Visualmente la película es una gozada. Spielberg sigue con su equipazo habitual: el director de fotografía Janusz Kaminski (que optó por filmar en 35 mm, para homenajear al cine setentero), el montador Michael Kahn (uña y carne con Spielberg desde Encuentros en la tercera fase) y el diseñador de producción Rick Carter, que metió en plano hasta colillas de cigarrillos de 1971 y se hizo con una maravillosa imprenta, equipada con máquinas de linotipia de la vieja escuela. Cualquiera que sea periodista o lo haya sido tiene que emocionarse al verla porque esta película es un gran homenaje a ese oficio tan grande y necesario como desprestigiado y machacado.

Y por supuesto vuelve su inseparable John Williams, que presenta una banda sonora estupenda, con menos temas de lo habitual y que es contenida y a la vez contundente cuando lo necesita. Al equipo se sumó también la legendaria diseñadora de vestuario Ann Roth, que ha trabajado con directores de la talla de Pakula, Schlesinger, Forman, De Palma, Nichols o Lumet.

Estamos, pues, ante una de las mejores películas de Spielberg porque se centra en un buen guión, está muy contenido y le respalda un reparto de campanillas. ¿Que a veces se pierde en lo empalagoso? Es Spielberg, ¿qué quieren? Por ejemplo: la escena en la que Graham hace leer a una de sus hijas un texto motivacional, la de la periodista leyendo la sentencia del tribunal o las miradas de admiración a Graham de las mujeres en las escaleras del tribunal. Pero son pocos los momentos cursis. La película esta llena de estupendos instantes, plagadita de cine. Por ejemplo: la llamada a cuatro, la lectura de la primicia del New York Times frente a un quiosco o la impresión de la exclusiva del Post comparando a los currantes de la imprenta con soldados en una guerra.

Lo peor: las pocas veces que aparece el Spielberg relamido.

Lo mejor: casi todo. ¡Y qué finalazo, esta vez Spielberg no se carga la película al final!

El plan B:

Los de mi generación recordarán aquello de “¡Puños fuera!”. Yo tuve hasta unos de juguete, de plástico azul con muelles en su interior. Y fui muy feliz con ellos. Ahora toca cita nostálgica y el que tenga críos puede llevarles a ver Mazinger Z Infinity. Su trama es muy sencillita: el malvado Doctor Hell ataca la Tierra y Mazinger debe detenerlo. ¿Para qué más?

aurumprod (Youtube)

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