Confesiones de Los Rodríguez: el grupo que recuperó “el rock para todos los públicos”

  • El libro “Sol y sombra” es una biografía oral de la banda que formaron Ariel Rot, Andrés Calamaro, Julián Infante y Germán Villela
  • “No sobra ni una sola canción ni un solo disco. Tienen unos estribillos que nos siguen llegando a la cabeza 30 años después”, dice Kike Turrón, uno de los autores
  • En las más de 300 páginas encontramos testimonios muy sinceros y reveladores como por ejemplo algunos de los motivos de su separación como grupo

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Años 90. Andrés Calamaro era un completo desconocido en nuestro país. Ariel Rot y Julián Infante no tanto, gracias a su participación en Tequila, todo un fenómeno de masas desde finales de los 70. El combo se completaba con Germán Villela a la batería. En 1991 salió a la venta Buena suerte, el primer trabajo discográfico de un grupo con nombre algo “raro”, Los Rodríguez. Solo 5 años después la banda se separaba. Atrás dejaron numerosos conciertos y vivencias. Y su música, claro, que ha hecho pasar al grupo a la historia del rock en este país. Pero no lo tuvieron fácil pese a ser ya entonces músicos solventes. Un libro, Sol y Sombra (BaoBilbao), rescata toda su trayectoria e incluye más de una confesión sobre lo que rodeó al grupo hispano-argentino.

Esta “biografía oral” está realizada por dos periodistas especializados y curtidos en mil batallas. Kike Babas y Kike Turrón. Es decir, “Los Kikes”. “Cuando terminamos la biografía de Leño, nos sentamos para planear nuevos trabajos, pusimos sobre la mesa varios nombres de artistas y grupos a los que poder hacer un libro parecido a aquel, una biografía oral. Al mismo tiempo, habíamos enviado aquella biografía a varios artistas a los que queremos, admiramos y tratamos de mimar. Entre ellos estaba Andrés Calamaro. Andrés comentó en su página web que le había encantado la bio de Leño, que había viajado en el tiempo y que se había dado un buen baño de nostalgia leyendo la bio de Leño. Entre los nombres que habíamos apuntado Los Kikes en aquella reunión, estaban Los Rodríguez”, comenta Turrón a cuartopoder sobre el origen de este proyecto.

Calamaro les dio “su bendición”, al igual que Villela y Rot. Seis años y pico después, ya está listo el resultado. El libro se presentó oficialmente hace unos días en una rueda de prensa que contó con ambos autores y los tres músicos. Calamaro incluso voló desde Argentina a propósito.

El libro es una detalladísima sucesión de testimonios de los protagonistas de la banda, de los profesionales que los rodearon (managers, road managers, técnicos, productores, etc), de amigos y otros artistas. Se ha contado con la participación de más de cien voces. Algunos ejemplos ilustres: Coque Malla, Fernando Martín (Desperados), Jaime Urrutia, Diego Manrique, Jesús Ordovás, Julián Hernández (Siniestro Total), Enrique Bunbury, Pancho Varona, Manolo UVI, Pablo Carbonell, Iván Ferreiro, Fito Cabrales...

“Es un modo de hacer una biografía que nos permite, sin haber estado ahí los autores, fotografiar aquel momento del pasado que queremos plasmar en un libro. Con Leño nos gustó y quisimos repetir con Los Rodríguez”, comenta Turrón sobre el original estilo del libro.

Los Rodríguez fueron autores de canciones míticas como Sin documentos, Mucho mejor, La Milonga del marinero y el capitán. Mi enfermedad o Canal 69. ¿Qué significó aquella banda? La inmensa mayoría de los protagonistas del libro destacan su calidad musical indiscutible. Responde Turrón: “En mi opinión, volvieron a meter el rock and roll en la vida social, en todos los hogares, en los bares y en todas partes... cada cierto tiempo alguien tiene que hacer eso, y ya Miguel Ríos o Tequila lo hicieron en otros tiempos, un rock and roll cómplice, canalla, pero también amable y bailandero, para todos los públicos, pero para todos”.

El autor alaba su discografía. Breve, con solo tres discos de estudio, Buenas Suerte, Sin Documentos y Palabras más, palabras menos. “No sobra ni una sola canción, y tienen una discografía donde no sobra un solo disco. Tienen unos estribillos que nos siguen llegando a la cabeza 30 años después. Una banda irrepetible, era un nuevo grupo, pero todos los componentes ya eran veteranos. Dejaron el pabellón del rock bien alto en muy pocos años de existencia que tuvieron”, concluye.

“Los Rodríguez, si no pioneros, sí fueron asentadores de un estilo, o no sé cómo llamarlo. El rock latino ya existía antes que ellos, pero nadie se había atrevido tanto con la rumba como ellos”, destaca en el libro el crítico musical Fernando Íñiguez. “Fue un grupo entre el rock español y el argentino, lo que le dio una impronta sonora muy especial, algo así como lo mejor de dos mundos”, señala otro crítico, Juan Puchades. “Son el puente natural entre el rock urbano madrileño de la pre-movida y el rock mestizo de los 90 que se dio sobre todo en Argentina y México”, afirma el periodista Juan Manuel Bellver.

Imagen de la rueda de prensa de presentación del libro. / Efe

Polémica separación

En las más de 300 páginas, que comienzan por los inicios de la banda, encontramos anécdotas de conciertos, viajes, innumerables ensayos, locales míticos de Malasaña, idas y venidas con las discográficas, encuentros con periodistas...Y testimonios muy sinceros y reveladores. Confesiones. “Sin lugar a duda muchos testimonios son reveladores, empezando por el de los tres Rodríguez. No lo esperaba así, pero nosotros, los autores, siempre luchamos por confeccionar un libro honesto y sincero. Creo que al propio grupo le ha servido este libro como una sesión de diván, los tres se han vuelto a encontrar y lo han hecho con una sonrisa en la boca”, explica Turrón.

Durante esos pocos años de existencia, y aunque se les recuerda como un grupo “grande”, fueron en gran medida habituales de pequeños locales o como mucho, de teloneros en recintos grandes. Así fue hasta prácticamente el final de su carrera. Una trayectoria que se interrumpió en 1996 como consecuencia de diferentes desavenencias. Una de las más “jugosas” para los lectores tiene que ver con el reparto del dinero entre los integrantes del grupo. Y se cuenta con todo tipo de detalles.

“Creo que ya existían grietas en el equilibrio emocional del grupo, y el asunto infame de los porcentuales fue consecuencia de unos ánimos que estaban ya un poco deteriorados. Si lo pienso ahora, no había motivos para romper con el reparto en partes iguales (…) Todos cometemos errores. No haría eso mismo ahora. Les pido perdón a mis compañeros”. Son palabras de Calamaro en el libro. No anda desacertado Turrón cuando hace referencia a la sesión de diván. El asunto fue que el músico argentino propuso que, debido al peso de cada uno en las composiciones, los beneficios se repartieran con un 40% para él, y un 30, 20 y 10 para Rot, Villela e Infante respectivamente. El episodio sucede antes de la grabación de su último trabajo de estudio, Palabras más, palabras menos, publicado en 1995.

“Fue un gran marrón (…) Me tocó decírselo a los chicos. Pero el ambiente ya estaba enrarecido y comunicar aquella noticia era un paso más en lo que se estaba viviendo en la banda”, destaca Rot. Calamaro ya tenía, además, la mirada puesta en su carrera en solitario. “Durante muchos he pensado que no era tanto la ganancia económica lo que perseguía Andrés, creo que, y son suposiciones mías, creo que era cuestión de ego”, señala Villela, que asumió con resignación la decisión pero alejándose en lo personal de la banda.

Las relaciones de la banda se limitaron a lo estrictamente profesional desde entonces, tal y como recuerdan los testimonios del libro. El final estaba escrito. Se alargó más de lo previsto gracias a la gira que realizaron junto a Joaquín Sabina en 1996, por deseo expreso del cantautor, que los admiraba musicalmente. Los Rodríguez se terminaron en su momento de mayor éxito, tocando ya en recintos de gran aforo como la Plaza de Toros de Las Ventas.

Portada del libro. / BaoBilbao

El encuentro con Extremoduro y otras anécdotas

No faltan, claro, las pequeñas historias con menciones a las drogas, a las fiestas en “El Rancho” (así llamaban a la casa de Rot en Madrid), su éxito en Argentina o la precariedad de los inicios del grupo. Un ejemplo, su visita a Francia para tocar en un festival llamado Printemps. “Dormíamos nosotros cinco, el técnico, Rupérez (mánager) y algún backliner en una sola habitación. Ocho en total. Eran literas en un hostal para estudiantes y todas eran bandas muy jóvenes y algunas punkis”, recuerda Rot. En aquella visita, al salir del aeropuerto, le pillaron “un porrito, una mini china”, a Infante. Tuvieron que pagar una multa de 10.000 pesetas. “No había dinero para drogas superiores, la verdad, solo fumaban porritos”, dice Rupérez sobre aquella época.

En lo musical, la trayectoria a día de hoy de Rot y Calamaro son largas y exitosas. Por aquellos tiempos ya comenzaban también a colaborar con otras bandas. Una de esas colaboraciones es quizás poco conocida y a priori anti-natura por la diferencia estilística entre un grupo como Extremoduro y Los Rodríguez. El caso es que al compartir compañía de discos, Pasion Records, y también garitos, la cosa se puso sobre la mesa. La banda lideraba por Robe Iniesta grababa su disco Deltoya. Y por allí que aparecieron Rot y Calamaro. “Robe había sido fan de Tequila en algún momento. Y él quería que yo tocase en el disco. Él sabía que tocaba bien, y debió pensar que un rock progresivo lo haría bien (…) El tema me resultó raro, todo el tiempo con cambios y puentes y no sé qué. Grabé y adiós, solo le vi otra vez porque les entregué un premio. Nunca más nos hemos vuelto a cruzar”, dice Rot.

La canción en cuestión es Volando solo, y para la posteridad quedó grabada y publicada la guitarra del ex-Tequila. Lo que se grabó pero no salió fue la voz de Calamaro. “Estuvo en el estudio y grabó metió una voz al menos, pero en la mezcla, no sé la razón, decidieron prescindir de ello. Fue una decisión de Robe y Salo (guitarrista), que capitaneaban las mezclas finales, no había productor como tal en el disco”, cuenta Tomás Rodríguez, entonces mánager de Extremoduro. “Me pareció un grupo brillante y muy especial por la interferencia cultural de Robe. Cantamos con Robe una canción, supongo que mi voz no quedó impresa en la mezcla”, señala Calamaro.

La memoria de Julián Infante

El cuarto Rodríguez “titular”, Julián Infante, falleció en el año 2000. Su voz, de alguna manera está representada por Virginia Díez, novia en aquella época. Sus palabras son crudas, como fue la vida del guitarrista. Las drogas y el Sida fueron desgraciados compañeros de viaje para Infante, al que se le recuerda con mucho cariño por gran parte de los protagonistas. También falleció Dany “Pato” Zamora. Fue bajista del grupo durante unos años. “Era un tipo con predisposición a la depresión. Sé que había estado durmiendo en su coche en la calle, fue una historia triste”, cuenta el productor David Bonilla. Terminó con su vida en 2007.

“Me tocó todo lo de Julián y el VIH. Él nunca lo reconoció”, cuenta Díez. Infante fue un día a hacerse las pruebas y le contó que había dado negativo. Era mentira, no había llegado a hacerse el análisis. “Creo que supe que tenía el bicho después de Los Rodríguez, y que Julián no estaba por la labor de tomarse el asunto con calma y cuidarse. Más que nada por los hábitos, porque nunca había dejado de consumir heroína del todo”, señala Calamaro. “Julián tenía, por un lado, algo muy amoroso y tierno. Creo que es las personas que más me quiso, pero, por otro lado, era un poco delincuente”, señala Rot, que también se enteró del VIH con el grupo ya separado.

“Me afectó muchísimo y estuve muchos días hundido, y todavía me sigue afectando cada vez que lo recuerdo. Lo de Dani Zamora fue otro golpe duro, durísimo”, señala Rot sobre su muerte. “Se echa de menos a Julián, pero no pudo concentrase en la batalla de vivir entre el vicio y la enfermedad. Hicimos lo posible para que se cuidara un poco más”, apunta Calamaro.

Rot, Villela y Calamaro volvieron a juntarse para tocar el pasado año con motivo de un disco homenaje a Sabina. Grabaron el tema Princesa, que interpretaban en sus primeros ensayos como grupo. La relación personal había mejorado años atrás, especialmente por iniciativa de Villela. La vuelta musical momentánea fue gracias a Bonilla. Y el libro termina con unos puntos suspensivos y una puerta abierta. Al menos, en las palabras de Rot: “Por mi parte siempre queda abierta la puerta a Los Rodríguez, el encuentro musical con Andrés ya sea en el salón de mi casa o para tocar rancheras en un bar”.

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