CRÍTICA

Antidisturbios: buena historia, personajes demasiado turbios

  • "El Mundo ha hablado de “un alarde de genialidad”, para El País sus creadores “han logrado la excelencia”. Siento discrepar
  • Los dos primeros capítulos de 'Antidisturbios' son brillantes, pero a partir del tercer episodio la serie decae
  • La serie blanquea completamente a los antidisturbios

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El Mundo ha hablado de “un alarde de genialidad”, Boyero ha quedado “deslumbrado”, para El País sus creadores (Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña) “han logrado la excelencia”, para El periódico es una “magnífica serie” y para El español es “la mejor serie del año”.

Siento discrepar. Los dos primeros capítulos de Antidisturbios son brillantes, de ritmo endiablado, buenas interpretaciones y producción excelente, pero a partir del tercer episodio, cuando se muestra claramente la subtrama ligada a la corrupción judicial, la serie decae y acaba siendo una ficción digna de ver, pero en ningún caso esa obra maestra de la que algunos hablan.  

Pero vamos por partes. Movistar + ha demostrado ser la plataforma española que mejor cuida sus productos de ficción. A diferencia del pinchazo de HBO con la muy decepcionante Patria, en los dos últimos años Movistar + ha sabido cuidar de sus productos de forma admirable y ejemplo de ellos son Vida Perfecta, Hierro y La línea invisible. Desgraciadamente, no puedo decir lo mismo de su nueva apuesta de ficción.

Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña son la pareja creativa que ha puesto en marcha Antidisturbios y autores de dos películas que me gustaron (Que Dios nos perdone y El reino) y otras dos que me horrorizaron (Stockholm y Madre). Los dos (junto a Eduardo Villanueva en el guion) son, para muchos, lo mejor de nuestro cine y ahora de nuestra televisión, la gran renovación generacional. 

No creo que sea para tanto. Antidisturbios no es esa gran serie con trabajados personajes, inolvidables diálogos y sobresalientes tramas de la que hablan. Y no hablemos de esa notable dimensión visual que la diferencia de las series que se hacen en España. Sorogoyen es un buen director de actores, pero su puesta en escena está demasiado ligada a los actores, a sus rostros, a sus interpretaciones, algunas veces improvisadas y logrando trabajos fabulosos. La técnica de Sorogoyen se basa en estar siempre muy cerca del actor usando grandes angulares y en los planos secuencia cámara en mano. Una destreza técnica que resulta seductora, pero que en ningún momento es genial.    

El sugerente guion de Antidisturbios utiliza un terrible suceso en un desahucio, mostrado en el primer capítulo, para ir revelando un caso de corrupción urbanística ligado a la gentrificación de Madrid. Y lo más chocante es que Rodrigo Sorogoyen ha dicho que Antidisturbios no se posiciona políticamente y eso no es cierto.

Evidentemente la serie no es de Podemos, ni del PP, pero todavía es más evidente que la serie tiene un argumento político expuesto en varias subtramas en las que hasta aparece un tipo que se parece mucho al famoso comisario Villarejo. El argumento político es evidente: España es un país podrido por la corrupción política, judicial, policial y mediática.  

Desconozco por qué Sorogoyen niega esta evidencia, algo que se muestra de forma tan axiomática en pantalla. Lo desconozco, aunque lo sospecho. Seguramente es por miedo. El mismo canguelo que el mostrado en El reino, una película que habla sobre la corrupción del PP pero en la que jamás se cita al PP. Una película brillante, pero hecha con miedo, dúctil. Igual que Antidisturbios.

Sorogoyen también ha dicho que no juzga a sus personajes, que huye del cliché, el estereotipo o la caricatura. Vamos, que sus antidisturbios son seres humanos. Y ahí también tengo que discrepar. La serie usa la figura del antidisturbios de forma amable, lejos de la imagen que muchos tenemos de ellos: un sujeto tenebroso, un siervo del poder (ya sea bancario, judicial o político) cuyo trabajo es aplicar la violencia, a veces salvajemente, con el amparo del aparato del Estado. Ante eso Sorogoyen y Peña optan por mostrar a los policías como unos obreros que hacen su trabajo y son manipulados, pobrecitos ellos, por sus corruptos jefes y el corrupto poder judicial, mediático y empresarial. 

Personalmente, siempre me he preguntado (por ejemplo en las concentraciones del 15-M) cómo es en su privacidad uno de esos tipos cuadrados, de barba recortada, rigurosa depilación corporal, gimnasio diario, mirada glacial, pulserita de la bandera de España y tatuajes varios. Por desgracia, Antidisturbios no nos brinda esa oportunidad porque la serie blanquea completamente a estos sujetos

En la construcción de personajes destacan Salva (Hovik Keuchkerian), padre divorciado presionado por su ex, Úbeda (Roberto Álamo), un hombre que se niega a reconocer en casa su depresión, y Diego (Raúl Arévalo), casado y en busca de ser trasladado para ver a su familia. Están menos o peor dibujados Rubén (Patrick Criado) y Bermejo (Raúl Prieto). 

Escenas de la serie de 'Antidisturbios'. / Movistar +
Escenas de la serie de 'Antidisturbios'. / Movistar +

Lo que no se entiende es que la gran protagonista de la serie, Laia (Vicky Luengo), caiga tan mal. Es insufrible. La serie empieza con ella jugando al Trivial y generando un mal rollo espantoso en su familia. El personaje cae mal desde el inicio de la serie, en la que la veremos trepar, llevarse mal con sus compañeros de trabajo, machacar y abandonar a su novio y hasta buscar sexo turbio en una discoteca con uno de los antidisturbios, una de las secuencias más lamentables y erráticas de todo el conjunto. 

No es nuevo. Rodrigo Sorogoyen se ha caracterizado por mostrar este tipo de conductas erráticas, enfermizas y turbias en todas sus películas. Es el caso del personaje de Aura Garrido en Stockholm, de los dos perturbados protagonistas y el villano de Que dios nos perdone y de la trastornada protagonista de Madre.  

Sorogoyen no se maneja bien entre la gente común y todos sus personajes son perturbados, oscuros y muchas veces pervertidos. Aquí tenemos de todo: acosadores sexuales, maridos que optan por la violencia de género, relaciones extramatrimoniales con sexo violento, tóxicas relaciones de pareja... Y esta repetida turbiedad sexual y negrura moral de sus personajes acaba siendo tremendamente desagradable para el espectador. 

Lo mejor: la admirable producción y por supuesto los actores. Todos están magníficos, en especial Hovik Keuchkerian, Roberto Álamo, Vicky Luengo, Álex García, Raúl Arévalo y Patrick Criado.

Lo peor: la citada turbiedad, su absoluta falta de humor en todos sus episodios y sus escasas escenas de acción. En esta serie hay más escenas en despachos que en la calle.      

Antidisturbios, muy bien producida e interpretada, podría haber sido la serie española del año, pero resulta excesivamente oscura. Una pena. 

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