La España “reformable” de Pedro Sánchez

  • El líder afirma que "no son pocos los que incluso han hecho de esa negación la esencia de sus discursos políticos"
  • El presidente ha criticado a "aquellos que ponen el acento en identidades que dividen, que fracturan, que segregan, y nunca en las identidades que nos vinculan"

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tiene un antecedente del que diferenciarse (la “parálisis” del Gobierno Rajoy), un hito en su relato (la moción de censura) y varios nudos que resolver, entre ellos, el encaje de Catalunya en el resto del Estado. En ese puzle, ha lanzado un mensaje para los más descreídos del proyecto estatal: “España es reformable”.

Es una idea que quiso lanzar en Casa de América este lunes ante un auditorio plagado de personalidades (desde Florentino Pérez hasta los Javis) y acompañado de buena parte de sus ministros. Se había anunciado que haría un balance de sus 100 días de Gobierno, pero sus palabras podrían haber constituido (excepto por el anuncio sobre la supresión de los aforamientos) el discurso de la moción de censura que le llevó a la Presidencia. Sánchez habló como líder de un país que lleva 10 años arrastrando una crisis económica, institucional y territorial, cuyo magma ha ido saliendo por las grietas de las movilizaciones sociales, desde el 15-M, hasta el movimiento independentista. 

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La afirmación es también una respuesta a otros actores públicos: “Muchos negaban la capacidad que tenía nuestro sistema de regenerarse, y no son pocos los que incluso han hecho de esa negación la esencia de sus discursos políticos”. Con esa frase, Sánchez entra de lleno a responder una de las preguntas que muchos catalanes llevan años rumiando, algunos desde 2012: ¿España es reformable?’.

En tiempos de crisis identitaria, Sánchez ha querido dar una definición precisa de lo que, a su juicio, significa España: “unión convivencia, respeto, diversidad, integración, cohesión” y ha situado la “eurofobia”, que “se está extendiendo por nuestro continente”  como el adversario a batir. Esto incluye una crítica a aquellos que ponen “el acento en identidades que dividen, que fracturan, que segregan, y nunca en las identidades que nos vinculan”, a los que “no les importa enfrentar y dañar la convivencia al precio que sea”.

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En este alegato a la unidad, Sánchez también habló explícitamente de Catalunya, recordando que ha recuperado el diálogo con las Comunidades Autónomas, impulsado las Conferencias Sectoriales y puesto en marcha Comisiones Bilaterales que “inexplicablemente habían estado clausuradas”.

La intervención fue larga e incluyó también varias ‘tiritas’ para taponar la crisis social, con referencias a las viviendas colmena, a los falsos autónomos, a la masificación en las aulas o a la ingeniería fiscal.

La España reformable… pero fragmentada

Aunque el presidente ha querido rescatar en su discurso la concordia de la Transición con ecos del espíritu reformista y modernizador de Barcelona 92, el realismo ha llegado en las últimas líneas de su intervención, momento en el que se reconocía  “consciente” de que “no siempre es fácil concitar el acuerdo” cuando “la fragmentación parlamentaria hace de la necesidad del diálogo y el consenso un objetivo, en ocasiones, difícil de alcanzar“. Quizá, por eso, el único anuncio tangible de todo su parlamento ha sido el de la propuesta de modificación constitucional para limitar los aforamientos.

Mientras Podemos ha anunciado que forzará que la modificación constitucional lleve a un referéndum, tanto ERC como PDCat han visto con buenos ojos la propuesta, pero pidiendo que se incluya también la modificación del derecho a la autodeterminación. “Si la Constitución se puede modificar de urgencia para el tema de los aforados o por el déficit cero, también debería aprovecharse para incluir el derecho de autodeterminación, ha reflexionado la portavoz de ERC, Marta Vilalta.

Sánchez siempre ha querido mostrarse como un presidente reformista tras la legislatura de parálisis de Rajoy. Pretende que se note el contraste. Su intención de reformar la Constitución tampoco es nuevo. Es una promesa socialista con solera, que incluso arrancó a Rajoy en las conversaciones sobre el 155. Finalmente, cayó en el olvido. Ahora la resucita mencionando únicamente la limitación de los aforamientos, por lo que habrá que ver el recorrido de la propuesta en el que tendrá que tantear al PP, con amplia mayoría en el Senado.