Guerra entre PP, PSOE y Ciudadanos por demostrar quién es más “constitucionalista”

  • Es un término disputado por lo miembros que antaño formaban el autodenominado "bloque constitucionalista".
  • Mientras los padres de la Constitución se esforzaron por hacer una Carta Magna "para todos" ahora los políticos luchan por monopolizar su defensa.

Constitucionalista: “Que defiende la Constitución vigente en un Estado”. Esta es la tercera acepción que arroja el diccionario de la Real Academia Española sobre una de las palabras que más se utiliza estos días en la trifulca política. Si durante el primer semestre del año se pretendía usar como un antónimo a las formaciones partidarias del derecho a decidir, hoy es un término disputado por los miembros que antaño formaban el autodenominado “bloque constitucionalista”, PP, PSOE y Ciudadanos.

La portavoz ‘popular’ Dolors Montserrat no dudó en lanzar un duro alegato contra los independentistas este mismo martes en la tribuna del Congreso de los diputados, pero también contra el presidente del Gobierno. Ante “el ataque a la libertad de los constitucionalistas”, cree que hay “un PSOE que nos ha abandonado”. Los socialistas ya no están, para el PP, en el barco constitucionalista que ellos mismos ayudaron a construir.

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Con la crisis catalana empezó a proliferar, de manera nada casual, este término en las ruedas de prensa. Este vocablo permitía dar un contenido positivo (la defensa de la Constitución) a un bloque formado por aquellos que apoyaron la aplicación del artículo 155 en Catalunya, que suspendía su autonomía y que el portavoz del PSOE, Óscar Puente, llegó a calificar de “cruento”.

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El término trazaba una línea entre PP, Ciudadanos y PSOE, por un lado, y Podemos, Izquierda Unida y los partidos independentistas, por otro. Y caló. Los medios empezaron a usarlo de manera habitual y ese ‘elefante constitucionalista’, en términos de George Lakoff, traspasó a la opinión pública, a pesar de los esfuerzos de Unidos Podemos por identificar a estos tres partidos del 155 como el “bloque monárquico“.

Sin embargo, el cambio de Gobierno y la entrada de Pedro Sánchez en Moncloa, vía moción de censura con los votos de ERC y PDeCAT, ha estrechado el cerco. Ciudadanos y PP han ‘echado’ a los socialistas de ese “bloque constitucionalista”, calificando al presidente del Gobierno, ese mismo que apoyó a Mariano Rajoy para suspender la autonomía catalana, de “golpista”.

La última prueba de fuego “constitucionalista” que prepararon los naranjas fue el acto organizado por España Ciudadana en Alsasua. Los socialistas no aprobaron el examen: “Lo que no sabíamos es que el PSOE iba a agredir verbalmente a los constitucionalistas”, llegó a decir Rivera. Por su parte, Pablo Casado, ha convocado una “cumbre constitucionalista” a la que ni siquiera acudirá el líder de los naranjas.

El partido más antiguo y las lecciones de historia

A Sánchez, la denominación del “bloque constitucionalista” nunca le ha entusiasmado, pero tampoco se esforzó demasiado en sacudírsela cuando las encuestas indicaban que algunos de los votos socialistas iban a parar a Ciudadanos. Sin embargo, el secretario general del PSOE llegó a pedirle a Rajoy que dialogase con Podemos sobre el caso catalán. Los conservadores querían dejar fuera de una cuestión de calado a los cinco millones de votantes que representan los morados.

Sin embargo, cuando los socialistas se han visto expulsados de ese bloque sí han pasado al ataque. La vicesecretaria Adriana Lastra aseguraba este fin de semana en San Sebastián que la derecha “utiliza la Constitución para dividir a los españoles y los socialistas reivindicamos el papel de unidad”.

Con 140 años de historia, el PSOE tiene un potente argumento: es el único de los cuatro grandes partidos estatales que sacó adelante la Constitución en 1978 con Gregorio Peces-Barba a la cabeza. El veterano José Manuel Franco, secretario general del PSOE de Madrid, lo recordó el pasado sábado en la presentación de candidatos que se celebró en Fuenlabrada (Madrid). “Nosotros somos los padres de la Constitución, no son ellos, cinco diputados de Alianza Popular, los padres del PP, votaron en contra“. Para rematar, el veterano socialista recordó un artículo firmado por un jovencísimo José María Aznar “curiosamente, un 23 de febrero del 1979” en el que aseguraba que el texto constitucional no garantizaba la libertad de los padres para elegir colegios de sus hijos.

Durante los debates de 1978, a los miembros de Alianza Popular les preocupaba la libertad de educación, pero también la inclusión de la palabra “nacionalidades” en el texto, tal y como manifestó el mismo Manuel Fraga durante el debate. El líder gallego se mostró entonces comprensivo con aquellos que, a diferencia de él, habían decidido no votar “sí” dentro de su grupo: “Quiero decir que nunca me he sentido tanto como en esta ocasión portavoz del entero Grupo Parlamentario de aquellos que en su conciencia se han visto obligados a decir que no, y de aquellos que se han visto obligados a abstenerse, por entender, como lo digo en su nombre, que igualmente acatan y respetan la voluntad de las Cámaras, como acatarán, en su día, la voluntad soberana del pueblo español”.

A pesar de las referencias continuas al espíritu de la Transición, los líderes se quedan en lo teórico. Mientras los padres se esforzaron por hacer una Carta Magna “para todos”, ahora los políticos luchan por monopolizar su defensa.