De la política del ibuprofeno a la del ansiolítico: la España del frentismo

  • La polémica sobre el relator murió antes siquiera, de que se pudieran clarificar sus funciones, pero sirvió de coartada a las derechas para convocar una manifestación contra Sánchez.
  • El PP parece haber perdido su carácter templador en el espectro de la derecha, mientras Ciudadanos le anima a hablar solo de Catalunya y a olvidar el aborto.

En España sobran diagnósticos y faltan remedios. Si desde hace semanas se habla de una Catalunya inflamada y de la política del Ibuprofeno, hoy la hinchazón se ha extendido al resto de España, aunque más que un antiinflamatorio parece necesitar un ansiolítico. Las taquicardias comenzaron con Venezuela para después desplazarse hacia el “relator” de la mesa de partidos. Las polémicas explotan y después se olvidan para pasar a las siguientes. Al presidente del Gobierno se le complica la legislatura: la oposición de las derechas está enfurecida, los barones socialistas claman contra su secretario general y los movimientos sociales se cansan de esperar unos avances, muchos contenidos en los Presupuestos Generales del Estado (PGE), que no acaban de materializarse. Y en medio de esta campaña permanente y crispada, quedan los debates hurtados: la precariedad, los problemas de vivienda o las pensiones para los huérfanos de la violencia machista. Palpitaciones, sudoración, presión o mareos. Todos esos síntomas ha tenido España esta semana.

A una semana del debate de los PGE en el Congreso y del comienzo del juicio del Procés, España comenzó a convulsionar. La última gran polémica ha tenido una vida de menos de tres días, desde que se anunció la figura del relator el martes hasta que Carmen Calvo la desinfló tras el Consejo de Ministros del viernes.

Aún no se habían clarificado sus funciones, ni de qué se hablaría en la mesa de partidos que el relator aspiraba a coordinar cuando PP y Ciudadanos ya habían convocado una manifestación por la unidad de España. Ni siquiera, la consellera y portavoz del Govern, Elsa Artadi, y la vicepresidenta Carmen Calvo conseguían ponerse de acuerdo en explicar la creación de la mesa. A unas horas de diferencia, el ministro Josep Borrell abogaba por acabar con la “terapia del ibuprofeno” en Catalunya si no se producen avances. El Gobierno no fue capaz de ofrecer, ni siquiera, un mensaje único a los ciudadanos.

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Según publica La Vanguardia, la ruptura entre los independentistas y Moncloa se produjo minutos antes de la rueda de prensa del Consejo de Ministros del viernes y por Whatsapp. El Ejecutivo puso sus líneas rojas en el derecho a decidir y los partidos catalanes no les aseguraron que retirasen sus enmiendas a la totalidad a los presupuestos en el Congreso. “Entiendo que es un no. Suerte”, es el último mensaje que recibieron Pere Aragonès y Elsa Artadi en el grupo “Coordinación BCN-Madrid”.

Por tanto, la polémica moría antes de que comenzara el fin de semana. Una vez más, los españoles salen de una semana plagada de turbulencias, pero con poca información útil. Lo demás es ruido, sobreactuación y palabras abultadas.

España y Sánchez “el felón”: el Super glue de la derecha

PP y Ciudadanos aprovecharon pronto el vacío explicativo que dejaron los dos ejecutivos para convocar una manifestación este domingo bajo el lema ‘Por una España unida. ¡Elecciones ya!’, sin disimular que la finalidad de la convocatoria era empujar a Sánchez fuera de Moncloa. En este intento de llevar sus propósitos de las Cortes a la calle les acompañará la ultraderechista Vox.

En su giro a la derecha, Casado no escatimó en calificativos al presidente, a quien hace unos meses llamó “golpista”, importando el estilo del exportavoz Rafael Hernando y bajando al barro. Hace unos días, describió a Sánchez como un “felón contra la propia continuidad histórica de la democracia española”, un “traidor”, un “incompetente, un “personaje con 84 escaños” que además ha cometido “alta traición” y al que califica como “un presidente ilegítimo”, unas maniobras de desgaste al Gobierno que desde las filas del PSOE consideran desleales. Algunos creen que el PP se ha rendido a la estrategia de Vox, un partido minoritario, perdiendo su carácter templador en la derecha y el sentido de Estado que se le presupone a un partido que aspira a gobernar.

Las tres derechas se encuentran cómodas en el marco catalán, pero tienen problemas para coincidir en otras cuestiones, como en el caso del aborto. La polémica por la mesa de partidos solo ha sido eclipsada por las declaraciones del líder del PP proponiendo la vuelta a la Ley de 1985, alegando un consenso que nunca existió. Pero sus palabras tenían un fondo conceptual reaccionario que hizo saltar todas las alarmas. Casado ligaba la interrupción del embarazo con la hucha de las pensiones: “Si queremos financiar las pensiones debemos pensar en cómo tener más niños, no en abortar”, afirmaba reduciendo a la mujer a una productora de cotizantes. Javier Maroto también contribuyó a la polémica con unas palabras en Antena 3 asegurando que “se está utilizando el aborto como herramienta de conciliación”.

Consciente de la frivolidad del enfoque del nuevo PP,  Albert Rivera sí supo medir el peligro de la jugada, se desmarcó y le lanzó un mensaje a Casado: “Dejemos de hablar de Franco y del aborto y hablemos de España”, un debate en el que las tres derechas coinciden y en las que su electorado también. El líder de los naranjas, muy hábilmente, estaba intentado evitar los temas que pueden plantear divisiones en el bloque de las derechas bajo el miedo de que se diluya el Super glue catalán para la manifestación del domingo.

Cuando Casado susurra a los barones socialistas

Por lo que parece, Pedro Sánchez tendrá otro capítulo que añadir en su libro Manual de resistencia para futuras ediciones. Los socialistas no han sabido explicar su estrategia respecto a Catalunya ni siquiera a los suyos. En medio del estruendo, los antaño ‘susanistas’ fueron los primeros en levantar armas para poner en cuestión la estrategia de la vicepresidenta. Los barones, preocupados por las elecciones de mayo tras el descalabro del PSOE en Andalucía, se esforzaron en escenificar claramente su distanciamiento con Sánchez. El presidente de Aragón, Javier Lambán, declaró que “el presupuesto no justifica cesiones que pongan en cuestión la Constitución o la decencia”, mientras Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, incluso pidió la convocatoria del consejo territorial del PSOE. Tampoco faltaron los clásicos:  Alfonso Guerra y Felipe González, que siempre se desempolvan para opinar de la última polémica que atañe a los socialistas.

Otros veteranos diputados también hablaron ante los micros para cuestionar la estrategia de su secretario general, desde Soraya Rodríguez a José María Barreda. Consciente de la oposición interna que Sánchez tiene en su propio partido, Casado no ha parado de apelar a los barones socialistas  para que “pongan freno al secretario general antes de que se rompa España”, olvidando que ya lo intentaron una vez… y perdieron.

Y mientras, el exministro Miguel Sebastián parecía predicar en el desierto tuitero:  “Ojalá se hubieran recorrido televisiones con el escándalo de Villarejo- BBVA, que pone en peligro nuestra democracia y que afectó a nuestro gobierno y a las instituciones del Estado”, decía su ‘tuit’ para concluir con desasosiego que “nos pone sacudir a los nuestros”.

La agenda social, de nuevo opacada

El contexto en el que se ha producido esta espiral de declaraciones acaloradas es importante para comprender la crispación. El PP se descompone y pelea por la hegemonía de la derecha, la semana que viene los Presupuestos Generales del Estado aterrizan en el pleno del Congreso, comienza el juicio del Procés y las elecciones municipales, autonómicas y europeas de 2019 están solo a tres meses.

El próximo martes, tendrá lugar el debate de totalidad del Proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado, en el que las cuentas se enfrentarán a seis enmiendas a la totalidad (PP, Ciudadanos, ERC, PDeCAT, CC y Foro), que de salir vivas podrían tumbarlos. Sin embargo, hasta el último momento de la votación pueden retirarse, por lo que el Ejecutivo tiene aún margen para negociar con los partidos catalanes.

Si los presupuestos no se aprueban, se acortará la legislatura y los PGE se convertirán en una especie de ‘programa electoral’ del PSOE de cara a las elecciones generales. Lo que quisieron y no pudieron hacer.

Mientras todo esto ocurre en las instituciones, la calle se agita mucho más allá que las manifestaciones por la unidad de España o las convocadas por el movimiento independentista en Catalunya durante el próximo mes: los pensionistas siguen concentrándose, el movimiento feminista prepara la huelga del 8M y los sindicatos se impacientan cuando ven que las promesas del Ejecutivo no se imprimen en el BOE.

España se vuelve binaria: solo se puede ser filoindependentista o españolista, de derechas o de izquierdas, o #vas o no #vas el domingo.