Pedro Sánchez conserva la iniciativa, pero reparte responsabilidades

  • El último movimiento del PSOE para evitar la sensación de parálisis es rellenar su agenda concertando varias reuniones con colectivos sociales
  • Ante el vacío de poder, algunos agentes, como los sindicatos ya habían empezado a moverse, reuniéndose con la patronal

"Parece que la realidad sea demasiado vulgar como para escribir sobre ella". El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, despachaba con esta respuesta en Cadena Ser los rumores de que Moncloa veía con buenos ojos unas elecciones. Quizá el también secretario de Organización tiene algo de razón sobre lo trivial de la vida política española en un momento tan trascendente. El último movimiento del PSOE para evitar la sensación de parálisis es rellenar su agenda concertando varias reuniones con colectivos sociales, a los que propone construir un "programa abierto". Pero más allá de las declaraciones desiderativas, Sánchez e Iglesias vuelven a la casilla de salida de las negociaciones. El primero  insiste en un gobierno en solitario pactando un programa de gobierno, mientras Iglesias hace lo propio con el ejecutivo de coalición. Detrás, ambos han dejado un rastro de desconfianza que ninguna de las dos formaciones parece tener interés en barrer.

Conscientes del peligro de hartazgo del electorado, especialmente el progresista, el Gobierno y el PSOE insisten en repetir que no se van de vacaciones este año. Con el ejecutivo en funciones y con los presupuestos aún prorrogados, han decidido que no es conveniente que los ciudadanos vean a los políticos paseando por la playa cuando se han dejado los deberes sin hacer. Mientras, el poder legislativo sigue legislar y constituyendo comisiones sin la certeza de que lleguen a arrancar.

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El gobierno en funciones mantendrá su actividad con los Consejos de Ministros, excepto el próximo viernes día 16. A los asuntos ordinarios de los ministros, se suman algunas apariciones mediáticas con Ferraz también en guardia. El PSOE no quiere desaparecer este verano y perder la iniciativa bajo la amenaza electoral de noviembre. Este miércoles, carta a la militancia, el jueves, entrevista de Ábalos y unas breves declaraciones de Sánchez, el viernes, Consejo de Ministros.

Con el objetivo de contribuir a disipar la sensación de parálisis, Sánchez se reúne estos días con colectivos sociales para elaborar un "programa abierto" que presentar más adelante al resto de partidos, unas sesiones que le sirven también para rellenar su agenda y trasladar la responsabilidad de acordar un programa también a la sociedad. En realidad, los colectivos llevan con sus propuestas disponibles desde las elecciones. Además, el entumecimiento político ya había hecho que otros agentes se movieran para llenar el vacío de poder. Los sindicatos y la patronal ya se habían reunido "en una primera toma de contacto para resolver cuestiones pendientes y fundamentalmente de retomar un diálogo social". 

Mantiene la iniciativa, pero reparte la responsabilidad

Sánchez ha dejado claro que "no tira la toalla", pero la responsabilidad de formar un nuevo gobierno ahora es compartida con "todas las fuerzas políticas", a las que emplaza a la reflexión: "Yo ya no soy candidato. Mi investidura no salió adelante porque distintas fuerzas parlamentarias no dieron la confianza a mi candidatura". Desde la misma noche en la que fracasó su investidura, Sánchez anunció que contactaría con las principales formaciones políticas próximamente, pero por el momento, parece haber poco movimiento.

Aunque el presidente del gobierno lo niega, pocas pretensiones más que la presión, además de la visibilidad, puede tener la elaboración este verano de "un programa abierto" en el que participe la sociedad civil. Reunirse con el tejido asociativo es una práctica habitual durante la legislaturas o durante la elaboración de los programas electorales. Sánchez busca obtener un acuerdo con la sociedad, que es más difícil de rechazar que un acuerdo con el PSOE.

Las coincidencias programáticas no fueron el principal escollo en las negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos. De hecho, la portavoz Ione Belarra confesó que mientras las conversaciones entre Carmen Calvo y Pablo Echenique se encallaban en los sillones, ella y la ministra María Jesús Montero avanzaban en un acuerdo de programa que no llegó a fructificar.

Profundizar en las divisiones internas

El PSOE insiste en formar un gobierno monocolor, apoyado desde el parlamento por otras fuerzas políticas a través de un acuerdo programático y sin depender de las fuerzas independentistas. Tras la investidura fallida, las incomodidad de En Común por la marcha de las negociaciones y la petición explícita de Izquierda Unida para que Unidos Podemos apoye a Sánchez a cambio de cerrar un acuerdo programático, dibujan un escenario más favorable para el propósito del PSOE. Aún así, Ábalos ha declarado este jueves en la SER que no han abierto conversaciones unilaterales con los de Garzón. Deberá ser el grupo parlamentario el que decida si siguen actuando al unísono en unas nuevas conversaciones o si comienza a haber notas discordantes.

El último tramo de conversaciones antes de la investidura tornó en un duelo de liderazgos. Sánchez vetó explícitamente a Iglesias durante la formación del nuevo Consejo de Ministros. Tras las elecciones de mayo, en las que Unidos Podemos consolidó su declive, el PSOE intentó aprovechar la debilidad electoral e interna del liderazgo de Pablo Iglesias, pensando en que el líder morado había ligado su futuro a la entrada en el ejecutivo.

Ahora, ambas formaciones tienen unas semanas para reconstruir esa relación y disipar las desconfianzas, pero no parece que haya urgencia por hacerlo.