Nuet: “Casi ninguna de las personas de Domènech sigue en la Ejecutiva de Catalunya En Comú”

  • Entrevista con el coordinador general de EUiA y diputado en el Parlament por Catalunya En Comú Podem
  • Uno de los impulsores del manifiesto 'Sobiranistes' presentado esta semana en Barcelona

Esta semana, diferentes cargos de Catalunya En Comú, entre los que destacan la portavoz del grupo en el Parlament, Elisenda Alamany, y el diputado y coordinador general de EUiA, Joan Josep Nuet (Reus, Tarragona, 1964), presentaban el manifiesto Som Sobiranistes. Som Comuns. Un texto crítico con la dirección de Catalunya En Comú surgida en las primarias del pasado mes de julio y en las que se impuso la lista oficialista capitaneada por Xavier Domènech y Ada Colau. Los firmantes de este manifiesto critican a la actual dirección, de la que dimitió Domènech el pasado septiembre, por falta de diálogo en los órganos de decisión, por abandono del espacio político del soberanismo y porque se ha impuesto, dicen, un sistema de cuotas de partidos en la toma de decisiones.

Hablamos con Nuet de todo esto, y también de la votación que se produjo en el Parlament hace justo hoy un año, sobre la declaración unilateral de independencia. Nuet, junto a otros tres diputados de Catalunya Sí Que Es Pot, votó de forma secreta en contra de la declaración, mientras que el resto mostraron su papeleta. Esto hizo imposible que los diputados independentistas que votaron a favor pudieran ser investigados por la Justicia al desconocerse, de forma concreta, el sentido de su voto. Esta semana, además, se abría juicio oral en el Tribunal Supremo del macrojuicio contra el independentismo en el que el propio Nuet está acusado de desobediencia. Nuet formaba parte de la Mesa del Parlament que permitió un debate en la cámara sobre la independencia.

— Hace un más de un mes y medio que Xavier Domènech dimitió como coordinador general de Catalunya En Comú. Estos días, en los que han presentado su manifiesto, han hecho varias referencias a él. ¿Qué se echa en falta de su figura en Catalunya En Comú?

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“Que se haya marchado Domènech es un golpe fuerte”

— Era una persona clave, entendía la cultura clásica del movimiento obrero y, al mismo tiempo, era una persona del 15-M. Juntaba estas dos experiencias que conviven en Catalunya En Comú. Que se haya marchado de su cargo es un golpe fuerte para el proyecto. En este momento, el gran debate que tenemos es, si a partir de su marcha y de los cambios que se dieron en la dirección, estamos hablando del mismo proyecto que iniciamos ya hace prácticamente tres años y que el año pasado tuvo su asamblea fundacional. Eso, en este momento, está en duda. Estamos intentando crear un debate que, en los últimos meses, se ha tenido en privado con miembros de la dirección, queremos que se haga público.

En primer lugar, que se haga público en el espacio político, porque el espacio es más grande que el partido, que Catalunya En Comú. Hay mucha gente que no milita pero que nos tuvo como referencia y se ha ido apartando y hemos perdido fuerza. En segundo lugar, es un debate de la sociedad catalana, un debate político de en qué momento está la sociedad catalana, de cómo abordar el exigente calendario político, y también electoral, que tenemos en los próximos meses. Es necesario que ese debate se haga en círculos no tan reducidos como lo hace la actual dirección, no estamos actuando como un espacio que pueda ser escrutrado por la ciudadanía en cualquier momento.

— Critica la forma en la que se toman decisiones en la actual dirección. ¿Puede poner algún ejemplo?

“Catalunya  En Comú toma sus decisiones en función de relaciones personales”

— Llevamos cuatro meses de diálogo interno. Hemos expresado nuestras dudas, tanto en la Ejecutiva como en el Consell Nacional, sobre ese cambio que se dio en el mes de junio en el rumbo político y que no sabemos quién lo decidió ni dónde, pero, desde luego, no fue en los órganos de Catalunya En Comú. En este nuevo rumbo, nos estamos alejando de algo que dijimos al principio, que Catalunya En Comú sería un espacio superador de los partidos políticos y que íbamos a actuar con esa mentalidad. Ahora esto no parece tanto así, hay sectores que llegan a acuerdos fuera de los órganos y luego los ejecutan en los órganos. Eso nos preocupa, es una dinámica excluyente, que hace que determinadas sensibilidades y potencialidades hayan sido apartadas.

Esto ha pasado con el equipo de Domènech, prácticamente ninguno de los miembros de su equipo juega ya un papel importante en la dirección y han sido sustituidos. Catalunya En Comú sigue una dinámica muy parecida a la de cuotas de partidos, no abierta, que funciona como una ley del talión, toma decisiones en función de relaciones personales. Esto nos preocupa, creemos que puede ser discutido y perfectamente enmendado. Lo que decimos con este manifiesto es que estamos a tiempo de todo, pero que el proyecto, si se desvía de lo que fuimos, puede quedar tocado y entrar en crisis, nos va haciendo pequeños. Si nos hacemos pequeños, nos alejamos de ser un proyecto profundamente ganador, que es lo que nos como proyecto cuando nacimos.

— ¿Cuando habla de cuotas de partidos, hace una crítica velada a ICV?

— No me gusta hablar ni de personas ni de siglas. Sabemos perfectamente de lo que estamos hablando, no me gusta personalizar ni estigmatizar. Esto está abierto, pido que hagamos este debate y reflexión. Evidentemente, en este debate, los compañeros de una sensibilidad y de otra pueden defender lo que crean conveniente, todas las opiniones son legítimas. Pero, en el origen, ganamos y salimos fuertes con una serie de conceptos como el de idea superadora, la idea de permanecer en el espacio del soberanismo, la idea de la integración de las pluralidades.

En estos momentos, estos elementos están en duda. Alguien puede decir que eso no es cierto, pero hay mucha gente que tiene dudas, por lo que deberíamos poder discutir esas dudas. Confiamos en el diálogo interno, a través de los órganos de dirección y también de forma bilateral con los miembros de la dirección. En los próximos días habrá nuevas reuniones con la dirección de Catalunya En Comú por parte de EUiA. Estoy convencido de que hay margen de maniobra suficiente para llegar a acuerdos, hacer rectificaciones si son necesarias y, si por nuestra parte hemos hecho algo mal, que seguro que sí, también nos autocriticaremos. Hay cosas que las podríamos haber hecho mejor, pero nuestro proyecto es sincero y leal con el proyecto de Catalunya En Comú.

— Les critican que hayan sacado el debate a los medios de comunicación y no en los órganos correspondientes…

— Lo hemos sacado a los medios de comunicación después de cuatro meses. Pensamos que cuatro meses es un periodo suficiente –estamos ya a finales de octubre y esto empezó en junio– en el que nuestras propuestas no han encontrado más que oídos sordos, por decirlo de forma cariñosa, y otras veces respuestas del tipo: ¿qué es lo que queréis?. Como si esto fuera una negociación de cargos.

No es así, tiene que ver con la esencia política del proyecto, de qué proyecto estamos hablando y hacia dónde vamos. Esto es lo que queremos saber, si esto está claro, en las cosas concretas no habrá problemas para ponernos de acuerdo. Sin embargo, en la línea política, en la perspectiva estratégica, sí es un problema si no nos ponemos de acuerdo. Estamos hablando de política en mayúsculas y no de miserias humanas, que evidentemente existen, pero que en este caso no es lo que nos importa.

— ¿Por qué Nuet no formó parte de la lista a la Ejecutiva en las primarias del pasado mes de junio?

— Porque fui vetado para poder llevar ningún tipo de responsabilidad ejecutiva, por lo tanto, era complicado que entrara en la lista a la Ejecutiva. Sin embargo, quise encabezar la lista al Consell Nacional para dejar claro mi compromiso con Catalunya En Comú y para que no hubiera ninguna duda de que mi apuesta es absolutamente sincera con el proyecto, que no estamos persiguiendo cargos y que podemos estar mirando desde una segunda línea.

— ¿Quién le vetó?

“La dimisión de Domènech vino a corroborar el cambio en CeC”

— No lo sé exactamente. Habría que preguntar a las personas que lo hicieron. Domènech hizo una propuesta de dirección en la cual contaba conmigo, para responsabilidades, igual que había llevado en el periodo anterior. Cuando hubo un cambio radical de propuesta de dirección, no sólo yo, también otras personas fuimos vetadas para continuar con nuestras responsabilidades.

Es un signo de lo que estoy diciendo, se nos veía como un problema, no sé si por nuestra pluralidad, por nuestra historia, por lo que representamos, porque la sensibilidad de EUiA, que yo represento mayoritariamente, se veía como un problema o como un lastre… No lo sé. Tal vez porque soy persona ubicada en el espacio del soberanismo de una forma clara en Catalunya, tal vez por todas esas cosas a la vez o por algunas de ellas. Nunca se nos argumentó ni se nos dieron argumentos. Todo se aceleró en una propuesta que iba a dejar, ya sabíamos, grandes insatisfacciones. Desde mi punto de vista, la dimisión de Xavi Domènech vino a corroborar ese cambio, esa nueva propuesta salió tocada desde su inicio.

— La presentación del manifiesto ha hecho que algunas voces hablen de que suenan tambores de escisión…

— No estamos hablando de escisión. Hay dos elementos que se están intentando imponer en el relato, dos mantras. El primero, que amenazamos con una escisión porque queremos cargos, que somos unos trepas, que queremos pillar cacho. El otro, que somos independentistas. Ni una cosa ni la otra son ciertas.

Queremos abrir un debate sobre el proyecto, sobre si hay un cambio en las líneas políticas, sobre si hay una exclusión de sensibilidades y de personas que han jugado un papel clave en el proyecto político. Casi ninguna de las personas del equipo de Domènech está ya en la tarea ejecutiva de Catalunya En Comú. Eso es una alarma que debería encenderse, porque fue un equipo brillante que puso en marcha el proyecto de Catalunya En Comú y de En Comú Podem, que ganó las elecciones generales dos veces en Catalunya. Que eso se elimine de un plumazo, es duro, no es, para nada, positivo.

— Ha hablado de dos mantras, el segundo, el que son independentistas. ¿Lo son? En buena parte del Estado se confunde independentismo con soberanismo…

“Yo soy federalista, me mantengo en ese ideal”

— En el proyecto de Sobiranistes hay personas que son independentistas, pero no es un proyecto independentista en absoluto. Cualquier persona que vea mi intervención en la presentación o lea el propio manifiesto verá que no son textos independentistas. Sí estamos hablando de que la política catalana se ubica en el espacio del soberanismo, de aquellas personas que defienden el derecho a la autodeterminación de Catalunya, que hay presos políticos y que hay una acción punitiva del Estado para criminalizar unas determinadas ideas políticas. Si con eso no se está de acuerdo, no se está de acuerdo con el manifiesto. Pero pensar que es un manifiesto de independentistas de Catalunya En Comú, no es verdad.

Repito, hay independentistas y no independentistas, por ejemplo, yo soy federalista, me mantengo en ese ideal. Creo que el conjunto de los pueblos de España acabará con el Régimen del 78 de forma articulada y que el vector catalán es muy importante en esa ofensiva contra el Régimen del 78. Pero esa ofensiva, o la hacemos juntos o, seguramente, no la haremos. Nuestro proyecto estuvo siempre en el espacio del soberanismo y este manifiesto es, precisamente, porque tenemos dudas de que se vaya a seguir en ese espacio.

IU sacó un comunicado, tras la presentación del manifiesto, aclarando que no apoyarán otro proyecto que no sea la república federal.

“No es apostar por la independencia, sino por la ruptura con el régimen”

— Sí, yo lo he dialogado con Alberto Garzón y este manifiesto lo podríamos firmar perfectamente conjuntamente. El proyecto que defendemos desde EUiA es el proyecto de la república federal plurinacional, no defendemos otro proyecto ni vamos a cambiar nuestra lectura política. En el marco de Sobiranistes, hay personas que no son federalistas, que son independentistas o confederalistas, pero eso pasa en el conjunto de Catalunya En Comú también. Por tanto, el espacio de Catalunya En Comú tiene un ideario que es abierto y defiende una relación confederal con el conjunto de los pueblos de España. Pero, ninguno de estos dos proyectos es independentista.

Evidentemente, el espacio de Sobiranistes conecta también con muchas personas que no está en Catalunya En Comú, por ejemplo, con alcaldías del cambio que, en su momento, se dieron y que combinaban a federalistas con indepedentistas y que ganaron ayuntamientos tan importantes como Cerdanyola, Ripollet y Badalona. No es apostar por la independencia, es apostar por un cambio, una ruptura con el régimen, y es el ideario de IU.

— ¿Tiene que ver su espacio con plantear que, de cara a las municipales, hay que buscar aliados más próximos en la CUP y ERC que en el PSC?

“Hay que apostar por conectar con lo alternativo para las municipales”

— El PSC tiene una posición en Catalunya muy pegada al 155. Hay socialistas que creen que para resolver el conflicto catalán hay que seguir la vía judicial. A veces han justificado la vía represiva. Eso hay que criticarlo, la solución no está ni por la vía judicial, ni la represiva. También podemos decir que con los socialistas queremos una relación municipal que sea positiva. No hay un frente anti-PSC por nuestra parte. En cambio, en otros lugares, gobernamos con ERC y estamos llevando a cabo políticas progresistas. Las dos realidades existen, no hay una fórmula que diga qué pactos tendremos, eso se decidirá en cada municipio. Hay sitios en los que el PSC es progresista y de izquierdas, en otros lugares, están enganchados a las tramas del ladrillo y plantea políticas muy neoliberales y están muy cómodos con Ciudadanos y sus políticas.

Ahora, sí que estamos de acuerdo en no abordar las municipales en concepto de partido, de tener que colocar en los ayuntamientos a los míos, aunque los míos sean un desastre. Hay que consolidar las asambleas de Catalunya En Comú, pero también apostar por listas abiertas, listas ganadoras, listas fuertes, que estén conectadas con las entidades, por gente que esté en los movimientos de esas ciudades, con lo alternativo de esos municipios. Eso sí que es otro de los debates que queremos fomentar desde este espacio y que pretendemos abordar. No somos una fábrica de galletas, no vamos a aplicar nuestro librito de verdades en cada municipio para rascar un concejal. No nacimos para hacer esto, nacimos para cambiar la vida política, darle una nueva dinámica, incorporar a gente que no estaba en la política, y hacerlo de forma amable con los partidos políticos de izquierdas tradicionales, como ICV y EUiA. Esto también define nuestro proyecto.

Ya he dicho dos grandes temas que definen el proyecto y que ahora están en el aire. Digo en el aire en el buen sentido de la palabra, en el sentido del debate. Hemos venido para aportar y proponer, para eso hemos venido, a pesar de que algunas cosas que decimos no gustan. Pero para decir todos lo mismo, no nació Catalunya En Comú. Si algunas voces están vetadas, este proyecto será pobre.

— Ha hablado de que Sobiranistes apuesta decididamente por el derecho a la autodeterminación y por la exigencia de libertad para los presos políticos. Pero, ¿no se ha posicionado siempre Catalunya En Comú en este sentido?

“No podemos ser equidistantes”

— Es un tema de enfoque. Tanto el tema de los presos políticos como la defensa del derecho a decidir hay que verlos como oportunidades y no mirarlos de reojo. Porque lo podemos tener en el programa y el ideario, pero en la práctica política se mira de reojo o con desconfianza, como un problema. No es un problema, porque la gente es sabia y detectará que lo vemos como un problema, y yi la gente ve que no entroncamos con esto y otras cosas,  dejará de vernos como referente político. Hablo de otras cosas, porque nuestras soberanías son plurales, es soberanía también el derecho a la vivienda, trabajo digno, sanidad pública.

Pero también es soberanía el derecho a decidir, no podemos ser equidistantes. Está en la base de la democracia del siglo XXI el derecho a decidir y, cuando hay represión del Estado y el Estado desarrolla políticas que quieren anular la participación colectiva, hay que oponerse. De lo contrario, hoy será el derecho a decidir de los catalanes, mañana será el derecho a decidir la república y más adelante será el derecho a negarnos a que los bancos quieran jodernos la vida. Con esas cosas hay que romper, no hay que acompasarse a eso. Si rompemos con eso, nos convertimos en un proyecto identificable con mucha gente que sufre. Por eso, somos desacomplejadamente soberanistas, eso es positivo y democrático.

— Leíamos esta semana en El Periódico un artículo firmado por distintos cargos públicos y orgánicos de EUiA en el que le acusan de poner en riesgo los acuerdos de la VII Asamblea Federal y de utilizar la organización según sus intereses personales. ¿Qué les responde?

— Es un sector crítico de EUiA que ya lleva años en posiciones de ver con dificultades la confluencia y rechazar la política de EUiA respecto al tema nacional y, por tanto, no ha sido una sorpresa su opinión, que el legítima. Les pido lealtad al debate colectivo y a los acuerdos del último Consell Nacional de EUiA, que fueron críticos con la deriva de Catalunya en Comú, que se aleja de los acuerdos de la VII Asamblea de EUiA. Se han fijado 8 puntos de negociación que pueden leerse en el informe aprobado.

— Hace un año de las votaciones en el Parlament sobre la declaración unilateral de independencia. En aquel caso, el voto de Catalunya Sí Que Es Pot se dividió, algunos diputados votaron en secreto y otros, como usted, enseñaron el voto. Todos votaron que no a la declaración unilateral. ¿Cree que esa división explica las tensiones de hoy en Catalunya En Comú?

— Aunque el voto algunos lo enseñaron y otros no, todos votamos en contra. No estábamos de acuerdo con la declaración de independencia unilateral, porque hay una parte de Catalunya que no acepta la independencia y menos que esta se declare de forma unilateral. Hace un año, la valoramos negativamente, porque que esta declaración unilateral nos hacía pequeños. Antes habíamos conseguido un 1-O y un 3-O que fueron movilizaciones de millones de personas, movilizaciones transversales, en las cuales nuestro espacio político participó de forma muy activa y conseguimos visualizar una mayoría social.

Cuando se declaró unilateralmente la independencia, esa mayoría social se empezó a romper, se empequeñeció y, por lo tanto, una parte de Catalunya quedó fuera de ese proceso. Una parte del país quedó fuera y, para un proceso de esas características, hace falta un consenso del 80 por ciento del país, y no un 45 por ciento de los apoyos, que fueron los que llevaron a cabo la declaración unilateral. Seguimos manteniéndonos fieles a lo que hicimos hace un año. La declaración unilateral nos divide como sociedad, pueblo y clase, y la estrategia debe ser la del 80 por ciento, es decir, el rechazo a la monarquía y el referéndum, no la independencia.

— Esta semana se abría el juicio oral contra el independentismo en el Tribunal Supremo, se da por concluido el periodo de instrucción. Usted está acusado de desobediencia. ¿Cómo afronta este juicio?

“Estoy acusado por permitir un debate en un parlamento”

— Con calma y con convicciones fuertes. Vamos a saber, a partir del 2 de noviembre, en qué se concreta la acusación y qué penas se solicitan a las 18 personas encausadas. Vamos a afrontar nuestra defensa desde un punto de vista político, vamos a defender el parlamentarismo, la separación de poderes, y que el debate político en las cámaras es un debate legítimo. Yo estoy acusado por permitir un debate en un parlamento. Evidentemente, hay un control constitucional en España que nosotros aceptamos, no rechazamos, pero que no se puede convertir en una censura previa. Hay libertad de pensamiento y expresión y el Parlament puede decidir debatir sobre lo que sea. Si ese parlamento, luego, toma decisiones que son suspendidas por el Constitucional, es otra cosa, y eso lo respeto. Pero no podemos castigar a quien facilita el debate político.

La crítica política al independentismo es enorme, se le puede censurar y criticar y se le debe castigar en las urnas, pero nunca criminalizarlo ni encarcelarles. Así les hacemos más fuertes. Y nos hacemos nosotros más débiles si no les apoyamos frente a la represión del Estado.