Llegó Alberto Fernández y se fueron las rejas de la Plaza de Mayo

  • El nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, toma posesión de su cargo para sustituir a Mauricio Macri  
  • En el gobierno de Fernández están también depositadas las esperanzas de todos los sectores progresistas del continente latinoamericano    
 

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Ahora sí. Hoy, día 10 de diciembre, es el día que tantos argentinos y argentinas esperaban que llegara, el día en el que Alberto Fernández tomará posesión de su cargo como nuevo presidente de Argentina. Habría que matizar aquí, que lo que se está celebrando en Argentina no es tanto la asunción de Fernández, que también, como el fin de una época, el adiós a Mauricio Macri y sus políticas antipopulares. El festejo tendrá lugar frente a la Casa Rosada, y se hará por todo lo alto. Además, cuenta con una novedad con respecto a las anteriores, el pueblo podrá aproximarse cuanto quiera a la sede del poder ejecutivo, porque con Macri también se fueron las rejas.

En el año 2001, uno de los años cumbres de las revueltas populares en Argentina, se rodeó la Casa Rosada para “protegerla” de los disturbios. Casi dos décadas más tarde, aún se encuentra amurallada por 150 metros de enrejado, una metáfora sublime de la concepción de la política del último gobierno: el locus de la toma de decisiones como una jaula de unos pocos, parapetados, por lo que pueda pasar, de las pasiones plebeyas del pueblo argentino. Fernández prometió que cuando accediera al poder las retiraría, y hace unos días llegó a un acuerdo con Horacio Rodríguez Larreta, jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los pocos cuadros de la derecha que ha resistido el embate del Frente de Todos. Y así fue, Fernández cumplió aún sin ser presidente. 

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El próximo gobierno tiene ahora que afrontar los retos más complicados, ya se acabó el calentamiento, y con él las promesas de futuro, el partido recién ha empezado, es el momento de dejarse la piel en el terreno de juego. Para ello, el viernes pasado Fernández presentó a su flamante equipo de gobierno, formado por nada menos que 21 ministros. Dibujar su composición con una candidatura tan heterogénea, compuesta por una pluralidad de familias del peronismo, no tuvo que ser una tarea fácil, debió ser un reto en sí mismo. Pese a ser una amplia camarilla, todas las miradas están puestas en Martín Guzmán, el joven discípulo del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha sido designado como nuevo ministro de Economía de la República Argentina. Con apenas 36 años tiene el reto de poner a Argentina de pie, como rezaba uno de los eslóganes de campaña del Frente de Todos.

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La investidura de Fernández ha estado marcada en las últimas semanas por un acontecimiento importante: el juicio oral contra Cristina Fernández por un supuesto caso de corrupción, la adjudicación de 51 contratos de obra pública en la provincia de Santa Cruz. Su defensa, que puede visualizarse en Youtube por episodios, a modo de una miniserie, fue contundente. Acusó al tribunal de librar una guerra jurídica contra su persona, contra lo que ella representa en Argentina. Y finalizó parafraseando al Comandante Fidel Castro, “a mí me absolvió la historia, y a ustedes seguramente les va a condenar la historia”, le espetó a los jueces. En el año 2017, en una entrevista con la locutora de radio “La Negra” Vernaci, Cristina Fernández dijó: “Cuando quieran joder al poder, vótanos a nosotros”, y es precisamente por eso que jamás la perdonarán los poderes fácticos. Todo el mundo se pregunta cuál será su papel en el nuevo gobierno, cuál será el protagonismo de la expresidenta de Argentina. Desde que se hizo pública la fórmula Fernández-Fernández, tanto la oposición como los grandes medios de comunicación que los respaldan, buscaron situar a Alberto Fernández como un peón manejado desde las sombras, para agitar así el fantasma del kirchnerismo. A la vista de los resultados está que no funcionó, o si lo hizo, al menos no como ellos pretendían. Cristina Fernández ha interpretado un papel testimonial en el transcurso de la campaña electoral, pero ha sido, sin ningún género de dudas, una de las piezas claves para la victoria. Su labor, a día de hoy, es una incógnita que probablemente no tardará en despejarse.  

La asunción contará con algunas ausencias significativas, como la delegación del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Esto no es ninguna novedad, ya declaró su negativa a acudir a la investidura después de la victoria en la urnas del Frente de Todos. Quizás sea la renuncia de Bolsonaro a acudir a la toma de posesión de Fernández, la mejor ilustración de los dos proyectos antagónicos que están disputándose el futuro de América Latina. De un lado, las nuevas manifestaciones de la extrema derecha latinoamericana, eso que han llamado “fascismo tropical”, encabezada por el propio Bolsonaro o la autoproclamada presidenta de Bolivia tras el golpe de Estado del pasado 10 de noviembre, Jeanine Áñez. Por otro, el gobierno progresista de Alberto Fernández en Argentina o el de López Obrador en México. Lo que está en juego en esta disputa es la soberanía y la dignidad frente a la represión, el saqueo y la sumisión a un imperio en decadencia. Por eso, en el gobierno de Fernández no están únicamente depositadas las esperanzas de una mayoría del pueblo argentino, también las de todos los sectores progresistas del continente latinoamericano, inquietos por los últimos acontecimientos políticos y sociales en países como Chile, Colombia, Uruguay o Ecuador. 

El actual gobierno no debe olvidar que, como escribió Eduardo Aliverti en el diario Página/12, hay que “recordar que se va Macri, pero no lo que Macri representa”. Es muy importante tener esto en cuenta, más cuando el macrismo, contrariamente a lo que se esperaba, consiguió remontar 10 puntos desde las PASO celebradas en agosto a las elecciones generales del 27 octubre. El antiperonismo ha sido derrotado, pero solo parcialmente, entre los retos del gobierno, desde mi punto de vista, también está el de integrar parte de sus demandas para lograr una mayor desmovilización de los sectores de la oposición. 

Ya fueron las rejas y, ahora, como decía el ex-presidente chileno Salvador Allende, también en la Argentina se abrirán las grandes alamedas por donde pasará un pueblo libre para construir una sociedad mejor. O eso esperamos también quienes creemos en la soberanía y la justicia social desde el otro lado del océano. 

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