“Hola, ¿Telepizza?”: la huelga del 8 de marzo también se dejó sentir en los hogares

El jueves las calles de las principales ciudades españolas se llenaron de centenares de miles de personas exigiendo igualdad. Los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, aseguran que sus paros de dos horas fueron seguidos por más de 6 millones de personas. Sin embargo, hay una ausencia difícil de cuantificar pero que afecta de lleno a lo más básico de una sociedad: el trabajo no asalariado en el hogar, que sigue recayendo de forma abrumadora en las mujeres. ¿Qué ocurre cuando ellas paran? Una cifra. Durante ese día las ventas digitales de entrega a domicilio de Telepizza aumentaron un 34%, según ha podido saber cuartopoder.es, pero aún no está cuantificado el incremento global de pedidos, sobre todo telefónicos.

El dato es anecdótico, ya que influyen otras variables como las ofertas –en este caso el Family Days–, lo que complica la evaluación precisa del impacto del 8 de marzo en los servicios de comida a domicilio. De todas formas, los primeros datos parecen apuntar a un espectacular crecimiento de los pedidos coincidiendo con el 8-M. Otros establecimientos de comida rápida también lanzaron ofertas coincidiendo con la jornada reivindicativa del Día de la Mujer. Un repaso rápido por Internet peremite encontrar el Plan Mcnífico de McDonald’s, que arrancó el 7 de marzo, o el de Domino’s Pizza.

De cualquier manera, lo que sí parece haber quedado acreditado con la jornada de lucha feminista es que cuando ellas paran, todo su entorno lo hace también. No solo su oficina, no solo los medios de comunicación (que en muchos casos se quedaron sin rostros y voces femeninas), también los hogares, donde es más difícil hacer el seguimiento que en los centros de trabajo. Muchas, incluso, ni siquiera pudieron hacerlo por tener a su cargo personas dependientes. “No podemos medir el éxito con datos, pero antes del 8 de marzo ya se estaba hablando de ello en los medios, las cafeterías o las familias. Además, muchísimas mujeres salieron ese día a la calle, es otro buen indicador”, explica Chelo Hernández, vocera de la Comisión 8 de marzo, que recuerda que la manifestación se llenó gracias a la participación de mujeres de todas las edades y circunstancias: Han salido la nieta, la madre y la abuela”.

Delantales colgados en los balcones y en las estatuas

Delantales o pancartas reivindicando el trabajo invisible o fregonas que se usaron “solo” para volar fueron algunos de los pequeños gestos con los que sacar a la calle este cuarto pilar de la convocatoria, junto a la huelga laboral, estudiantil y de consumo. A los debates sostenidos en las reuniones previas al 8-M se acercaban mujeres que nunca habían pertenecido a una asociación feminista: “El año pasado ya comenzó a ocurrir, pero en esta convocatoria sí hemos notado que venía más gente nueva a las asambleas. La primera media hora decíamos quiénes éramos y de dónde veníamos y nos dimos cuenta de que había muchas mujeres que venían a título individual”. Los mensajes también se han llevado a los barrios, que han sido parte fundamental de esta movilización masiva.

A partir del 9 de marzo: la guerra en los gestos cotidianos

Cartel de Entredós con motivo del 8-M
Cartel de Entredós con motivo del 8-M.

Aunque muchas veces el debate público se centre en la igualdad laboral,  el hogar es un pilar imprescindible del sistema que permanece invisibilizado. Las mujeres han accedido al mercado de trabajo, pero ellos aún no comparten de forma masiva las labores domésticas. Siguen recayendo sobre las amas de casa, pero también sobre las trabajadoras. El día 8 de marzo, la pareja de Laura (nombre ficticio) se ofreció a hacer la compra de la semana, que normalmente hace ella. Sin embargo, ese día, esta joven decidió cambiar las bolsas por la bufanda morada. “Me llamó hasta tres veces durante la hora que estuvo en el supermercado para hacerme preguntas”, se queja esta treintañera sobre el desconocimiento real de su cónyuge sobre algo tan cotidiano como llenar la nevera.

Laura describe a su pareja como un padre corresponsable y feminista. Hasta ese día, que ella decidió parar, ninguno de los dos había caído en ese detalle que les ha hecho reflexionar. Ese era, precisamente, otro de los objetivos del Día de la Mujer. “Una puede salir a protestar y a manifestarse, pero también hay que fijarse en el día a día. Hemos normalizado que las tareas como la limpieza estén segregadas. Lo hemos interiorizado y  para darse cuenta hay que pararse a pensar. Pero eso no es normal, es una carga y provoca una doble jornada para las que trabajan fuera”, explica la vocera de la Comisión 8 de marzo.

Los hombres no estaban llamados a parar, pero también tenían funciones durante el 8 de marzo: asumir las ocupaciones de ellas. Muchos colaboraron activamente en la jornada, asumiendo la carga extra de su pareja o trabajando en los diversos puntos de cuidados que se establecieron durante todo el día. Chelo Hernández fue testigo de su aportación en el centro madrileño de La Ingobernable, donde se sirvieron desayunos, comidas y bebidas para alimentar una jornada histórica: “Hicieron un trabajo espectacular, no solo allí, también en otras zonas como Fuencarral, Getafe o Villaverde”, recuerda la vocera. Ahora animan a que se extienda a los otros 364 días del año.

Del compromiso a la acción

El clamor popular del 8 de marzo por la igualdad real ha provocado que el Ejecutivo haya rebajado su discurso e, incluso, que el ‘ciudadano’ Albert Rivera, dirigente de un partido que no apoyaba la huelga, calificase la manifestación de “éxito” y reprochara al Gobierno haberse equivocado “minimizando lo que sucede”. Al menos, han tenido que rectificar su aversión. Sin embargo, no vale con colgarse el lazo morado un día. Ahora hay que convertir el compromiso en acciones para hacerlo efectivo. El movimiento feminista de la Comisión 8 de marzo ha recogido sus demandas en su manifiesto, pero este mismo viernes las ha recordado de nuevo en el siguiente hilo de Twitter.

Como cada año, el movimiento feminista seguirá celebrando asambleas, debatiendo y organizando acciones y vigilará, como siempre, que los poderes públicos trabajen por la igualdad, tal y como recuerda la vocera de la comisión 8 de marzo: “Hacen falta más políticas públicas con más presupuestos, que se apueste más por la educación afectivo-sexual y que se incluyan más mujeres en el currículo para que las niñas tengan más referentes, entre otras muchas cosas”.

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