“Si cae la monarquía, cae el sistema político del 78”: la utilidad de la corona, a debate

  • "¿Para qué sirve la actual monarquía?". Responden tres catedráticos.
  • No creen que la Corona esté realmente en crisis y tampoco ven un proyecto republicano alternativo

Referéndums en las universidades españolas, mociones en los ayuntamientos y líderes políticos, como Pablo Iglesias o Alberto Garzón, que piden abiertamente una república en España. El dirigente de Podemos lanzaba el pasado 11 de octubre una pregunta: “¿Para qué sirve la actual monarquía?”. Interrogamos a tres catedráticos sobre si la Corona de Felipe VI le sigue siendo útil a los españoles, realmente se puede hablar de crisis y si existe una alternativa republicana que pueda sustituirla. Las respuestas son contundentes.

“El rey tiene dos funciones: la simbólica, que tienen todos los jefes de estado y que supone que allí donde va el rey es como si fuera el Estado, y la de árbitro y moderador”, explica de una manera muy pedagógica Javier Tajadura, profesor de Derecho Constitucional e Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad del País Vasco. La monarquía parlamentaria quedó ensamblada a la democracia española en la Constitución: “Si cae la monarquía, cae el sistema político del 78”, matiza el profesor, consciente de todas las implicaciones que tiene.

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El papel moderador

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Sin embargo, que el rey sea una figura moderadora no significa que tenga que ser equidistante en todos los asuntos. ·El monarca tiene que estar al margen de los partidos políticos, pero “no de su obligación de guardar y hacer guardar la Constitución”, explica Tajadura. Es decir, la Corona tiene que estar por encima de derechas e izquierdas, pero no puede mantenerse neutral ante la disyuntiva entre el Estado de Derecho y la ruptura de la legalidad constitucional, como la que se produjo ya el 6 y 7 de septiembre de 2017 en Catalunya. Por tanto, y según la visión de los expertos, hasta que el referéndum de autodeterminación no sea legal, el rey no puede establecer equidistancia ninguna. Por ello, las tres fuentes consultadas opinan que el monarca no hubiera podido hacer otro discurso distinto al que realizó el 3 de octubre de 2017 y que tantas críticas suscitó.

Carlos Flores, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Valencia, explica lo coyuntural de ese discurso: “Durante los 40 años de democracia, las instituciones se han venido moderando y regulando solas, aunque haya habido episodios de tensión y otros de colaboración. Solo ha habido dos ocasiones en las que el rey se ha visto obligado a intervenir: el 23 de febrero de 1981 y el 3 de octubre de 2017″.  De hecho, para Tajadura las palabras de esta última alocución contenían no solo un mensaje para la Generalitat, sino también para el Gobierno de España que, hasta entonces, había permanecido pasivo.

Para Flores, la monarquía cobra aún más sentido en un contexto de tensiones como el español: “En un sistema político caracterizado por una fuerte división, el rey se convierte en un elemento de convivencia”. A este profesor le gusta hacer un experimento con sus alumnos. Les pregunta por si prefieren monarquía o república y muchos se confiesan partidarios de la segunda opción. Sin embargo, los conflictos surgen cuando les interroga sobre a quién pondrían de presidente de esa nueva república: “Quizá Felipe VI no sea la primera opción para ninguno, pero sí sería la segunda para la mayoría”, explica sobre el consenso que genera el monarca, que no despierta recelos ni pasiones tan fuertes como los líderes de los partidos políticos.

¿Sería Aznar el presidente de la República con la actual mayoría?¿Sería Borrell si ganase las próximas elecciones el PSOE? Emilio de Diego, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense, explica por qué la alternativa republicana sigue siendo más conflictiva que la monárquica: “El rey es un referente que está por encima de las luchas partidistas y del elemento coyuntural”. Este historiador tiene la mirada más larga: “En España no había cultura del entendimiento”. Por eso, “la Transición fue un enorme éxito político en un país donde estábamos acostumbrados a partirnos la cara” en un momento especialmente delicado, donde los españoles salían de un régimen dictatorial. El nombre de Juan Carlos I quedó vinculado a la “experiencia vital” de la generación que creció en el Franquismo y en la Transición.

El rey del 23-F

En el citado discurso, Iglesias diferenciaba de manera inteligente los relatos de cada monarca. Si Juan Carlos I quedará en la memoria colectiva como el rey de la Transición, Felipe VI tiene que buscar su propia conexión con la generación sobre la que reina sin un trauma como el del 23-F. Los tres profesores revelan que la nueva generación no tienen una vinculación fuerte con la monarquía, pero cambiar la organización del Estado tampoco es su prioridad. Con el paro, la precariedad y la incertidumbre sobre su futuro, el debate sobre la monarquía-república no es trascendental.

Flores saca la lupa de la perspectiva histórica para recordar que los últimos 40 años de paz y libertades son una excepción dentro de la historia de España caracterizada por los “vaivenes”: “Las generaciones más jóvenes se han educado en democracia y pueden tener la tentación de pensar que la democracia es algo natural, que no hay alternativa y que no corre peligro y, por tanto, que no necesita ser defendida”.

Durante los últimos años de reinado del rey Juan Carlos I, los escándalos sobre la Corona hicieron que su imagen se degradara hasta límites no vistos en democracia. Los ejemplos son variados, desde el episodio de Botsuana  hasta sus relaciones con Corinna o sus negocios en Arabia Saudí. Sin embargo, Flores cree que los errores del monarca anterior se saldaron con su abdicación: “Fue una forma de rendir responsabilidades”, explica, “es como decirle al monarca que ya no puede hacer esa función, que no es un buen símbolo.
Con los escándalos, Juan Carlos I perdió parte de su auctoritas. Sin embargo, las tres fuentes consultadas consideran que su abdicación y la proclamación de Felipe VI fueron una operación de éxito. Juan Carlos I levantaba más críticas, pero también más pasiones.

Tajadura recuerda que el recelo creciente hacia a la monarquía se tiene que leer en un contexto de crisis económica, social y del sistema en general: “No se ha dado ninguna respuesta social. Se ha perdido la confianza en el sistema y, ante la desconfianza, hay personas que se pueden preguntar que para qué sirve un rey”. Para este profesor de Derecho Constitucional, la confianza en la monarquía volverá en la medida en que lo haga en las demás instituciones. La justicia y los partidos políticos también sufren el desprestigio, incluso, en mayor medida que la Corona.

Una república, ¿pero qué república?

“Las instituciones se legitiman en la medida que cumplen su función y eso hay que examinar”, pide Emilio de Diego sobre un debate racional. Se revuelve contra el argumento de que la sucesión a la corona no es democrática y busca los elementos justificativos para un cambio “¿Una república significaría que se va a mejorar la vida de las personas?”. El profesor alude a que algunos de los países con monarquías son también los que tienen una calidad democrática más alta en el mundo: Inglaterra, Suecia, Noruega, Holanda….

En España, ni siquiera se habla de si la república debería ser presidencialista o parlamentaria, una diferencia sustancial. En resumen, más allá del sentimiento antimonárquico, no existe aún un proyecto republicano alternativo sólido. Además, Flores apunta a otro elemento que marca el debate: “En España la república es patrimonio de la izquierda”. Por tanto, la monarquía podría ser objeto en un mayor consenso en este sentido. Quizá en España no hay tantos monárquicos apasionados, pero sí ‘juancarlistas’, ‘monárquicos coyunturales’ o, simplemente, personas para las que este debate no sea una prioridad.

Por tanto, para los expertos consultados, el debate sobre monarquía y república sigue siendo, por el momento, un debate partidista y no hegemónico. Ni siqueira lo es dentro de la izquierda, ya que el PSOE no se suma al bloque antimonárquico. Aún así los tres profesores recuerdan que nada es inamovible y que el cambio en la jefatura del Estado será posible cuando haya una mayoría amplia de diputados dispuestos a defender la república.