Investidura fallida: las claves del fracaso de las negociaciones entre Podemos y PSOE

Este jueves, el Congreso de los Diputados le ha negado, por segunda vez, la confianza a Sánchez como presidente del Gobierno para la nueva legislatura. Horas antes de la investidura, PSOE y Unidas Podemos, las formaciones que estaban llamadas a entenderse en un gobierno de coalición, filtraban ofertas y contraofertas a los medios. Pero la falta de discreción no ha sido el único error de ambas fuerzas políticas a la hora de entablar un diálogo fructífero. Sin duda, el más grave ha sido no haber sido capaces de superar la desconfianza mutua.

Postergar el grueso de la negociación a los últimos días, descuidar a otras fuerzas políticas o publicitar antes las líneas rojas que los posibles acuerdos han dejado que la lucha por el relato evidenciase la falta de pericia para hacer política.

Negociaciones tardías

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El primer error corresponde a quien debe llevar la iniciativa. El PSOE, como partido ganador de las elecciones, comenzó a negociar demasiado tarde a la espera de conocer los resultados de las elecciones de mayo, que certificaron un Podemos a la baja. A principios de ese mes, Sánchez realizó una ronda de contactos en Moncloa con los líderes políticos de PP, Ciudadanos y Podemos. Mientras, los de Sánchez y los de Pablo Iglesias comenzaron ya a deslizar las desavenencias sobre la formación de gobierno.

Los socialistas querían "cooperación" sin sentar a los morados en el Consejo de Ministros, mientras estos últimos insistían en el gobierno de coalición. Sin embargo, de esas primeras semanas no ha trascendido información sobre las conversaciones en materia de programa. Finalmente, el problema ha sido uno: el reparto de "competencias", según Podemos, los "sillones" según el PSOE.

Llegar a la investidura sin acuerdo

No fue hasta el 8 de julio cuando la Ejecutiva del PSOE aprobó y presentó a la prensa un documento para comenzar a hablar de contenidos programáticos. El 18 de julio, llegaría otra más avanzada. Este calendario y los escollos en las conversaciones hicieron que el presidente llegara a la sesión de investidura el pasado lunes 22 de julio con los apoyos sin atar, ya que el grueso de la negociación comenzó ese mismo fin de semana después de que Iglesias renunciase a estar en el Consejo de Ministros.

Esta circunstancia ha llevado a los equipos de ambas fuerzas a tener que negociar un acuerdo de manera exprés, a pesar de que han pasado casi tres meses desde las elecciones generales. Sánchez e Iglesias tienen experiencia en negociaciones 'in extremis', como la de la moción de censura, pero, en este caso, el acuerdo era mucho más complejo y no han logrado cerrarlo.

Inacción con otros grupos

El PSOE no ha parado de decir que el apoyo de UP no era suficiente para sacar adelante la investidura y, sin embargo, grupos de los que, al menos, necesitaba su abstención, como PNV, se han quejado durante los últimos días de la falta de iniciativa y la pasividad del presidente del Gobierno. "Quiere ser presidente sin negociar profundamente con nosotros", le reprochaba este jueves en el debate Joan Baldoví, de Compromís.

El presidente llegó al pleno del lunes solo con los apoyos atados del Partido Regionalista de Cantabria, que solo tiene un diputado.

La discreción y la guerra por el relato

Si hay un enemigo de las negociaciones, ese es la discreción. El fin de semana, el PSOE impuso un cerrojazo informativo para evitar filtraciones mientras la vicepresidenta Carmen Calvo se sentaba con Pablo Echenique para negociar objetivos, competencias y responsabilidades. El viernes pasado se cerró una semana de filtraciones, entrevistas y declaraciones cruzadas. Incluso, Iglesias calificó de "idiotez" la propuesta de Sánchez de incorporar a su equipo a gente de perfil técnico. El líder socialista fue más allá y personalizó el avance de las negociaciones en Pablo Iglesias, a quien apuntó como "escollo" y le pidió que diera un paso atrás, algo que acabó haciendo y dio paso a un nuevo fin de semana de negociaciones.

La discreción duró hasta el lunes. A los morados no les gustó el discurso del Pedro Sánchez, en el que apenas hubo una referencia explícita al final a Unidas Podemos. Iglesias se lo hizo saber en su réplica, en la que subió la tensión y se quejó de que los socialistas les ofrecieran ser un mero "decorado". La primera investidura no salió, pero las negociaciones continuaron. El miércoles a medio día volvía a embarrar y por la tarde, el PSOE filtraba el documento de "exigencias" de Podemos y la última oferta de los socialistas. Comenzaba, de nuevo, la guerra por el relato.

Las línea rojas

En su guerra mediática, Podemos y PSOE se han centrado en airear los desacuerdos. El PSOE ha llegado a situar como una línea roja la renuncia del líder del partido morado a sentarse en la mesa del Consejo de Ministros, mientras los de Iglesias no transigían con una fórmula diferente que no fuera un gobierno de coalición y, después, tampoco lograron ajustar una oferta para cerrar un acuerdo.

La falta de confianza

Después de que el Congreso haya rechazado, por segunda vez, la investidura de Sánchez, comenzará a correr el reloj hasta las elecciones. Grupos como PNV o Compromís han animado al PSOE y Podemos a seguir negociando para alcanzar un acuerdo antes de septiembre para evitar elecciones.

El presiente del Gobierno ha expresado múltiples veces que no es partidario de esta opción, pero habrá que esperar a las próximas semanas para saber si se mantiene firme. En cualquier caso, ambas formaciones tendrán que reestablecer la confianza que ha quedado muy dañada en la negociación, aunque ya partían del recelo mutuo.