¿Cómo se cocina el fraude electoral en México?

  • Los expertos consultados por cuartopoder.es explican que el fraude lleva tiempo cocinándose para las elecciones y que su rastro puede observarse con claridad
  • Entrega de tarjetas con dinero, llamadas misteriosas, el llamado 'turismo electoral' o la puesta en marcha de los 'mapaches' son algunos de los mecanismos del fenómeno

El fantasma del fraude electoral despierta una vez más en México. Es vox populi que las maquinarias de todos los partidos, no solo del PRI, sino del PAN, el PRD y otros, se ponen a trabajar con técnicas de dudosa moralidad, cuando no directamente ilegales, para sumar resultados a su favor. Las autoridades electorales, el Tribunal Electoral del Poder Judicial (TEPJF) y el Instituto Nacional Electoral (INE), se han esforzado en recalcar que el fraude no se producirá en estos comicios, los más grandes de la historia del país, pero hay numerosas investigaciones que documentan prácticas ilícitas en las últimas contiendas.

Los expertos consultados por cuartopoder.es explican que el fraude lleva tiempo cocinándose para las elecciones que nos ocupan, las de este domingo 1 de julio, y que su rastro puede observarse con claridad. Entrega de tarjetas con dinero, llamadas misteriosas, el llamado ‘turismo electoral’ o la puesta en marcha de los ‘mapaches’ son algunos de los mecanismos que conforman el fenómeno. La debilidad institucional, según sostienen, es el motivo principal por el que no se ataja una cuestión que afecta a la calidad democrática del país y resta credibilidad a su sistema.

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Está socialmente aceptado que en 2006 hubo un fraude electoral que dio la victoria a Felipe Calderón (PAN) por un exiguo margen sobre a Andrés Manuel López Obrador, que era el favorito en esa ocasión, según las encuestas, y vuelve a ser el preferido en estas elecciones. Sus partidarios mantuvieron durante meses un campamento de protesta en la avenida principal de Reforma en la capital mexicana. Una reforma electoral en 2007 se propuso corregir las fallas del sistema, pero el fantasma volvió a resurgir en los comicios de 2012. Años después el propio INE documentó que hubo una financiación ilícita a través del reparto de miles de tarjetas bancarias a representantes de casilla (centro electoral) que benefició principalmente al PRI, el partido del actual presidente, Enrique Peña Nieto. Sin ir más lejos, varios comportamientos más que dudosos fueron denunciados el año pasado en las elecciones de los estados de Coahuila y el Estado de México.

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Si bien nuestros expertos calculan que 3 o 4 millones de votos pueden conseguirse mediante fraude, esto no sería suficiente en esta ocasión para tumbar a López Obrador, quien lleva más de veinte puntos de ventaja sobre sus rivales. Desgranamos, no obstante, las claves del temido fraude electoral.

Compra del voto

El Partido de Acción Nacional (PAN), que lidera Ricardo Anaya, ha repartido unas polémicas tarjetas que simulan tener saldo y ofrecen 1.500 pesos mensuales (unos 64 euros) a cada ciudadano. Otros partidos utilizan fórmulas similares y entregan tarjetas a cambio de la promesa de poner en marcha programas sociales.

La estrategia, ya de por sí criticable, esconde un interés: “A cambio de la tarjeta, se entrega una copia de la credencial, donde se puede observar la sección, el distrito y la casilla donde vota el ciudadano”, explica el politólogo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Santiago Mora Velázquez, quien sigue de cerca los posibles movimientos ilícitos. El experto cree que los partidos acumulan estos datos para enviar a los llamados “promotores del voto” directamente a casa de los ciudadanos. Una vez allí les hablan de “las benevolencias” de los candidatos o incluso les preguntan qué necesitan: ¿una silla de ruedas?, ¿unas gafas?

Lo más sorprendente quizás sea que las autoridades electorales mexicanas consideran que estas tarjetas que prometen dinero son completamente legales. El año pasado el INE modificó su reglamento y prohibió la emisión y entrega de tarjetas a los ciudadanos, pero el Tribunal Electoral consideró que el INE estaba “excediendo” sus funciones y que estas tarjetas eran legales, solo que tenían que tenerse en cuenta como gasto de campaña.

Relleno en los mítines

Otro de los asuntos más polémicos son las denuncias de presión a funcionarios públicos para acudir al mitin de un determinado candidato. La candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México por la coalición de Morena (Juntos Haremos Historia), Claudia Sheinbaum, ha denunciado supuestas represalias en contra de los trabajadores del Gobierno local si no acuden a los mítines de su contrincante, Alejandra Barrales, del PRD, que concurre en alianza con el PAN (Por México Al Frente). “Este tipo de fenómeno se salvaguarda de la observación legal porque no hay un inmediato intercambio económico”, explica Mora Velázquez.

Los mapaches

En todas las elecciones salen a operar los mapaches, un término que en México se aplica a quien roba unas urnas con votos que favorecen a un candidato opositor, sustrae, altera o introduce papeletas marcadas por él mismo para cambiar los resultados. Aunque cada casilla debe contar con representantes de los partidos políticos esto no es siempre posible en las zonas rurales. En otras ocasiones la mesa electoral no tiene la suficiente preparación para destapar estos delitos.

El año pasado, además, comenzó “un fraude nuevo” en las casillas especiales, aquellas a las que acuden a votar quienes no se encuentran en su lugar de residencia, según explica Jorge Alberto López Gallardo, profesor en Física Nuclear de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y observador electoral no oficial en las dos últimas elecciones presidenciales. “En estos lugares puede llegar cualquier ciudadano a votar, no hay padrón electoral. Te pintan el dedo y sales. Si logras que no te lo pinten o puedes despintartelo, sales a la siguiente casilla especial a votar. A las ocho o las nueve estas casillas ya estaban saturadas y nadie podía votar”, explica el experto.

El acarreo y el ‘turismo electoral’

El acarreo está basado en la promesa de bienes o incluso empleo a una familia a cambio del voto por un determinado candidato. En las zonas rurales, explica Mora Velázquez, se regalan también animales. En ocasiones, los partidos ponen a disposición de los ciudadanos buses o furgones para llevarlos a votar.

Por otro lado, el “turismo electoral” es un fenómeno que comienza antes de la campaña electoral, cuando se producen “cambios de residencia que rebasan la lógida por una gran cantidad de gente que de repente se incorpora a un padrón”. La mayoría de las denuncias en las elecciones estatales del año pasado ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), 157 de 235, fueron presentadas por la alteración del registro electoral que causa este tipo de “turismo”, cuyos turistas recibirían algún tipo de compensación.

La manipulación de los datos

Esta es la herramienta de fraude más poderosa, sostiene López Gallardo. México cuenta con un programa de resultados preliminares que sirven para adelantar algunos resultados antes de que se produzca el conteo oficial. Los físicos de la UNAM Víctor Romero Rochín y Luis Mochán estudiaron como los mismos resultados preliminares se repitieron en las últimas dos elecciones presidenciales, sin tener una correspondencia lógica con el conteo final. “Esto te indica que son datos manipulados, con algún algoritmo para ayudar a crear una impresión en la gente”, explica el experto. Se prepara a la población para aceptar la victoria a un candidato que no parece tener las de ganar.

Este y otros posibles fallos en el sistema de conteo final podrían corregirse, según López Gallardo, con una metodología de almacenamiento de datos llamada ‘blockchain’ (cadena de bloques) que pondría en línea a muchos ordenadores, de tal manera que los datos se replicaran entre ellos. “Para modificar el resultado de un paquete electoral, necesitarías modificar los datos en 30 computadoras, lo cual es imposible”, explica. El investigador John Ackerman propuso este método al consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, pero asegura no haber obtenido ninguna respuesta por parte de la autoridad electoral.

Llamadas y amenazas a través de las redes sociales

La llamada guerra sucia de la contienda electoral también se realiza por teléfono y, como novedad, por las redes sociales. Muchos mexicanos han recibido misteriosas llamadas que les pedían no votar por López Obrador. Finalmente, el INE se acabó pronunciando esta semana ante las denuncias de Morena y ha ordenado a media docena de empresas que cesen estas llamadas.

Quizás la mayor evidencia de que estas no son unas elecciones normales donde los ciudadanos puedan acudir a votar con tranquilidad es que este proceso electoral ha sido el más violento de la historia de México. La sangre ha corrido como nunca: 132 políticos han sido asesinados, 48 de ellos candidatos o precandidatos. El INE intenta tranquilizar y asegura que el crimen organizado no conseguirá perjudicar la jornada electoral. Solo queda esperar que así sea.