La restauración o el fin de ciclo político impugnatorio

  • Analizamos desde distintas visiones si se cierra un proceso de cuestionamiento del Régimen del 78

“Si la gente normal no hace política, te la hacen otros". Era una de las primeras frases con las que Pablo Iglesias presentaba Podemos en el Teatro del Barrio en 2014. Meses después, 71 representantes del partido morado y sus confluencias se sentaron en el Congreso en 2016, repetición electoral incluida. En 2019, solo quedan las cenizas de ese fuego. El PSOE ha ganado las elecciones, Podemos negocia con él entrar en el gobierno y centra su discurso en la reivindicación de la Constitución que sirvió de cerrojo del “Régimen del 78” que antes ansiaban impugnar. Las elecciones de mayo han refrendado la caída morada, ¿estamos ante un cambio de ciclo político?

Tras diez años de crisis, los derechos sociales, cuestionados por Vox, vuelven a ocupar las declaraciones políticas que saltan a los titulares de los medios de comunicación. Los telediarios ya no abren con el ascenso de la prima de riesgo o la caída de las bolsas, ni la campaña electoral ha estado copada por las cifras económicas. Los partidos han configurado su discurso posrecesión.

El bipartidismo está herido, pero los pronósticos que anunciaban su muerte han fallado. El poder político se ha repartido entre cinco formaciones, pero no hay sorpasos a los dos partidos tradicionales (PSOE y PP), que siguen liderando sus bloques. La tensión política ya no se aloja entre lo nuevo y lo viejo o entre los de abajo y los de arriba, ha vuelto el tradicional eje izquierda-derecha, solo interrumpido por el debate identitario. El sistema, tan contestado en 2011, no solo resiste, sino que se restaura. 

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¿Se acaba el ciclo impugnatorio?

“El movimiento inicial de impugnación a la totalidad se ha matizado. Los elementos más interesantes de esa crítica son los que ahora pueden florecer, hay una ventana de oportunidad histórica”, explica Alicia García, profesora de Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid. Para ella, la “temporalidad” es uno de los factores clave para analizar los acontecimientos históricos. También el 15-M: “Con todas las energías de ese movimiento, había una sensación de aceleración histórica. Eso no dejaba tener un componente de espejismo”.

Si en mayo de 2011 el 15-M inundó Sol, en noviembre de ese mismo año el PP ganó las elecciones generales con una mayoría histórica y el PSOE se hundió hasta los 110 diputados. Ya se estaba cociendo la reacción. La oleada de recortes a los servicios públicos que debían paliar las carencias que dejaba la elevada tasa de paro crearon el caldo de cultivo perfecto para que crecieran nuevos partidos que aglutinaran el descontento, ya fuera a la derecha con Ciudadanos o a la izquierda con Podemos.

Este último jugó bien sus cartas, con una campaña-rayo que incluía un desafío a la “casta” económica y política, el planteamiento de la lucha de abajo contra los de arriba y, por primera vez, el cuestionamiento del relato de la Transición, convertida ya en mito para los españoles. Solo tardaron unos meses en dar el salto a las instituciones. Manuela Carmena ganó Madrid, Ada Colau Barcelona e Iglesias entró en el Congreso con un resultado espectacular. Hoy de esos ayuntamientos del cambio solo quedan Kichi en Cádiz y Ribó en Valencia, pero Iglesias aspira a entrar en el Gobierno central.

Podemos durante estos cuatro años presume de haber “aprendido” de sus aciertos y fracasos. “Se están dando cuenta de que no todo puede ser impulso destituyente”, el concepto de ruptura histórica no es literal”, explica Alicia García.

Durante esos años, el socialista Óscar López había visto desde su atalaya política cómo la crisis de 2008 hacía saltar los paradigmas construidos durante la segunda mitad de siglo XXI, con Grecia bajo la amenaza de romper el euro. En 2018 publicó el libro Del 15M al Procés: la gran transformación de la política española (Deusto), donde deja escritas alguna de las reflexiones de esa época. En 2011, los socialistas salieron del gobierno con el paro subiendo y con la promesa socialdemócrata rota: “Todo se resume en que después de 2008 por primera vez los hijos iban a vivir peor que sus padres”. “Siendo la oposición, éramos gobierno, siempre había un tercero que te desacreditaba”, recuerda.

Todos los expertos consultados coinciden en que el éxito de Podemos estuvo en dos factores. No saber reformular uno de ellos ha contribuido también a su debacle: “La relación que tiene Podemos con el 15M es el mismo que Ciudadanos con Catalunya. El discurso de Podemos fuera del 15M ya existía”, recuerda López, en referencia a Izquierda Unida, que bajo el mandato de Julio Anguita consiguió 21 escaños en 1996.

Sin embargo, Berta Barbet,investigadora de la Universitat Autònoma de Barcelona y editora de Politikon, cree que el “componente contextual” que dio paso a la efervescencia morada se ha ido, pero el estructural no: “La generación del 15-M va a votar muy condicionada y va a crecer votando mucho más a Podemos y a Ciudadanos que la generación anterior”.

La crisis de Podemos

Podemos ha pasado de pedir un proceso constituyente a reivindicar la Carta Magna en sus mítines de campaña. La propuesta republicana también ha bajado de la primera línea en la que el partido la situó a finales de 2018. Berta Barbet da una explicación sencilla: “Asaltar los cielos no se consiguió porque no hubo mayoría”. Podemos no tiene, ni mucho menos, los apoyos para iniciar ese “proceso constituyente”, pero sí puede negociar con otras formaciones para cambiar leyes orgánicas u ordinarias, un proceso que le permite presentar resultados concretos ante su electorado.

El periodista y analista José Antonio Zarzalejos identifica dos errores principales cometidos por Podemos. Primero, no haber construido un discurso político más propositivo y adaptado también a la situación posrecesión: “La indignación es un mecanismo reactivo, pero bastante fugaz”, apunta sobre le discurso que les aupó en 2014. La segunda, no haber sabido construir la organicidad interna: “Su estructura orgánica ha sido muy frágil. Se ve, por una parte, en cómo se han ido desprendiendo las confluencias del núcleo duro. También han desaparecido los líderes de la foto fundacional, siendo crucial la ruptura de Íñigo Errejón y Manuela Carmena”.

Las declaraciones de los expertos para este artículo se produjeron antes de las elecciones europeas, autonómicas y locales de mayo, donde Podemos perdió buena parte de su poder territorial, teniendo en Madrid su ejemplo más paradigmático. 

La recuperación del PSOE

Barbet advierte que esa tensión entre lo nuevo y lo viejo que se hizo evidente en 2014 se ha suavizado gracias, en parte, a la renovación interna de los partidos tradicionales. “El líder del PSOE anterior a la crisis no era Pedro Sánchez, que rompió con el aparato de su partido. Esto genera la sensación de que esa demanda de renovación no tiene tanto sentido. Esa restitución quizá pasaba por tener un líder que se hubiera opuesto al pasado de su partido”, explica.

Durante los últimos cuatro años, el PSOE ha hecho más fortuna política que otros partidos socialdemócratas europeos, que han sido barridos por el avance de los populismos. La capacidad de recuperación de los socialistas les ha llevado a ganar las elecciones de 2019 bajo el liderazgo de Pedro Sánchez. “Ha transformado el partido en una plataforma electoral a la que ha dotado de un relato. Es un relato filopopulista, sin caer en el populismo, pero es un relato de izquierdas que supera la socialdemocracia”, explica Zarzalejos sobre el liderazgo “fuerte” de Sánchez, que considera “casi caudillista”, pero que supone una fórmula política más contemporánea que la de los grandes partidos tradicionales. El analista también advierte de que el diagnóstico sobre la subida del PSOE sería incompleto sin tener en cuenta la debacle del otro gran pilar del bipartidismo: el PP.

Catalunya, en ‘stand by’

Si hay un desafío contra el sistema constitucional del 78 que se ha mantenido vivo ese es el proyecto independentista catalán, que ha tenido en la Constitución y el Rey, dos símbolos emanados de la Transición, dos patas que quebrar. Con el juicio del Procés aún desarrollándose en el Tribunal Supremo y con el rumor permanente de unas elecciones en Catalunya, nadie se atreve a hacer un pronóstico sobre esta incógnita política. Estas últimas permitirán ver el apoyo al proyecto independentista tras los últimos acontecimientos.

Además, Zarzalejos alude a otro acontecimiento que dará luz a lo ocurrido y dará pistas para el futuro: "El fallo del Tribunal Constitucional de los dos recursos contra la aplicación del 155 nos dirá cuándo se dan los supuestos para aplicarlo y qué alcance puede tener las medidas solicitadas por el Gobierno al Senado”.

En todo caso, Berbet desgrana una de las claves para que el sistema haya resistido y haya sido capaz de encauzar aquellos discursos impugnatorios o incluso, absorberlos: “Es bueno que el sistema permita que se puedan generar alternativas”.