Isabel Valdés: “Los delitos sexuales no deberían valorarse como el resto de delitos”

  • Entrevista a la autora de 'Violadas o muertas', un libro que recoge el caso de La Manada, el despertar feminista y las reivindicaciones sociales que ha suscitado
  • "Yo no quiero firmar un formulario para acostarme con nadie. El sexo debería ser voluntario, libre y debe seguir siendo maravilloso", responde a los sectores 'antifeministas'

Siete de julio de 2016, primeras horas de la madrugada. Ocho de julio de 2008, primeras horas de la madrugada. Violada en 2016. Muerta en 2008. En 2016 la violación a una joven en Sanfermines por parte de La Manada puso en la cima el debate en torno a las fiestas seguras, las mujeres como ‘sujetas’ que disfrutan las fiestas, ocupan las calles y alargan las noches. En 2008, Nagore Laffage puso rostro a una realidad: la resistencia a una violación que termina en asesinato (u homicidio, como se calificó).

‘Violadas o muertas’ es el título que aborda estos dos casos, con especial hincapié en la violación de La Manada, pero sin dejar al margen a Nagore Laffage y la lucha de su madre, Asun Casasola, por intentar mover los férreos cimientos judiciales, políticos y sociales en torno a la violencia sexual. Isabel Valdés (Calzada de Calatrava, Ciudad Real, 1985) es periodista en El País y además, autora de este libro, prologado por Cristina Almeida y con un texto de Manuela Carmena.

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Cuartopoder.es se encuentra con Valdés en Pamplona, núcleo de los dos casos, epicentro de la lucha feminista previa, durante y después de los Sanfermines. Unas fiestas que han resistido y han logrado salir de la visión del desenfreno para dejar paso a un mensaje feminista: no a las agresiones sexistas, la calle y la noche también son de las mujeres.

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El caso de La Manada ha suscitado un grandísimo interés a nivel social, político, mediático… ¿por qué ha sido diseccionado de esta manera y tratado en tanta profundidad?

Porque tiene unas características que lo convierten en mediático. Son cinco tíos y son cinco tíos que además visualmente representan una idea que las mujeres tienen muy asociada por una parte a la hombría -son tíos altos, con barba, morenos-, puede parecer una tontería pero no lo es. Para otras mujeres representan justo lo contrario a la atracción, representan esa hombría muy masculina y machista, rechazada por los ámbitos feministas. Yo veo a esos chicos y no me acercaría, porque representan la imagen de alguien que no quiero tener a mi lado. Son cinco, uno de ellos militar, otro Guardia Civil. Con eso ya tienes para dos o tres páginas semanales. El grupo de Whatsapp, no solo uno sino tres o cuatro. Que grabaran los hechos. Es la primera vez que en un delito sexual hay pruebas audiovisuales. Y todo lo que rodeó el caso: se dio en Sanfermines, la fiesta más internacional que tenemos y fue una chica de 18 años. No fue menor de edad, pero en caso de haberlo sido debían haberse puesto unas medidas de protección que no se tuvieron con la víctima. La única separación que hubo entre ella y sus agresores en el juicio fue un biombo. Estar separada solo por un biombo de tus agresores, de los que te habían arrinconado para violarte unos meses antes, es vejatorio para la víctima en un juicio en 2018 y en este país. Fue una historia muy morbosa, escabrosa y oscura para las mujeres, pero tenía todos los ingredientes para convertirse en un historión para los medios.

El tema del biombo lo comentas en el libro, pero ya no solo la protección, sino que se ha visto un permanente juicio hacia la víctima. Ocurrió también en el caso de Nagore diez años antes, cuando Asun Casasola fue cuestionada en el juicio. ¿Cómo es posible que ocurra un juicio previo, durante y posterior a la víctima una década después?

“¿Cómo puedes tratar los temas de violencia sexual con una ley hecha en un momento en que la mujer era solo un objeto en el hogar?”

Creo que sigue pasando porque aunque en diez años la sociedad, pero no toda la sociedad sino aquella relacionada con el feminismo, ha avanzado, las estructuras más grandes a nivel político, judicial y económico tardan en dar un paso adelante. Mientras que Nagore no tuvo la atención mediática, porque vivíamos en otro mundo menos conectado, con menos repercusión feminista, creo que en el único momento en que hay un antes y un después para con las víctimas de violencia sexual fue el caso de La Manada. No creo que mañana ningún juez se atreviera a cuestionar a la víctima -o sí, pero tiene que ser muy cazurro- sobre cómo pasa los meses posteriores a una violación o un abuso. El movimiento con el caso de La Manada fue inmediato y arrastramos a muchos hombres. Fue una masa heterogénea de jóvenes, adultas, mayores… cuando protestas por algo que consideras injusto socialmente y eso se empieza a propagar por otras ciudades, fue ahí y solo ahí cuando se echaron hacia atrás con las pruebas del detective [que analizaba las redes sociales de la víctima]. No hemos avanzado nada judicialmente en diez años. No se ha sabido a nivel judicial qué es la perspectiva de género hasta este año.

No se ha tratado el tema a nivel político hasta ahora. Siempre eran peticiones de grupos de izquierda para que se revisaran esas cuestiones pero nunca se hacía caso, no había sido portada de medios… ha sido este caso, pero tengo que decir que ha traído cosas para la lucha feminista. El tratamiento de los medios ha puesto el foco en cuestiones judiciales que eran importantes y sobre las que antes nos llamaban locas, el lenguaje es superimportante, ha sido un avance rápido, potente… y en el cambio de gobierno hemos conseguido avanzarlo en unos meses y cambiar asuntos en cuestiones de leyes y en su interpretación. Se ha decidido revisar las herramientas y no era un paso difícil de dar. ¿Por qué no se ha hecho antes? Siempre se dice que las instituciones son como elefantes, pues en este caso han sido bastante gacela. Es obvio que cuando se quiere y se tiene interés se pueden hacer las cosas bastante ligeras.

Portada de ‘Violadas o muertas’, de Isabel Valdés

En el ámbito judicial, la sensación ha sido de cierto corporativismo, a excepción de pocas voces críticas que han apostado por una revisión interna en los ámbitos judiciales. Frente a la reacción social, ¿por qué consideras que ha habido esta oposición tan frontal en el lado judicial?

Las asociaciones de mujeres juezas sí han hablado, pero han jugado distintos factores. El mundo patriarcal, con el foco puesto en los hombres… así es como se estructura el sistema judicial y todos los sistemas judiciales. El sistema está preparado para hombres. Tenemos un Código Penal y una Ley de Enjuiciamiento Criminal que se redactaron hace más de un siglo, cuando la mujer era legalmente propiedad del hombre. ¿Cómo puedes en el siglo XXI tratar los temas de violencia sexual con una ley hecha en un momento en que la mujer no era nada, solo un objeto en el hogar? No tiene sentido.

A todo ello hay que añadir que aunque la estructura judicial ya tiene más mujeres que hombres en su base, a partir de los rangos medios la mayoría son hombres. Quienes toman las decisiones y son portavoces de esa profesión son ellos. Los jueces, igual que cualquier sector masculinizado, está viendo sus cimientos moviéndose. No se esperaban que hubiera una reacción así, ni se lo olían. En una profesión tan concreta, con unos patrones y unos códigos de conducta tan estrictos, que alguien les diga que se han equivocado, no lo han llevado bien. Mientras otros sectores son más flexibles porque también les trae cuenta, el ámbito judicial no lo es. Y es un poder del Estado, no es cualquier cosa. Pero la sociedad, que va más rápido, ha dado un salto y un grito de ‘hasta aquí’. Nosotras hemos cambiado, la sociedad ha cambiado y todo tiene que cambiar. Lo dice Manuela Carmena: el poder emana del pueblo. Si millones de españoles te dicen que la realidad de hoy no se puede mirar con herramientas de hace un siglo, háztelo mirar. Me gustó mucho la última comparecencia de Carmen Calvo, creo que puede levantar ampollas, pero amurallar la protección de la víctima no está de más. No me parece una locura.

“Yo no quiero firmar un formulario para acostarme con nadie. El sexo debería ser voluntario, libre”

Y con la comparecencia de Calvo, otras declaraciones en las últimas semanas… se han puesto encima de la mesa debates y se ha traído terminología que no se había tratado. Como la contraposición consentimiento y deseo.

No estaban en la mesa. Se nos ha visto siempre como sujetos pasivos. En la pelea y en la lucha de cuestiones que se debaten aún se nos ve como sujetos pasivos. Me parece acojonante, perdón por la palabra. Cuando tú sigues viendo a una de las partes como alguien que tiene que decir sí o no pero no como alguien que la inicia, me hace ver dos cosas: una, que la justicia reconoce sin darse cuenta que las mujeres somos las posibles víctimas del deseo de los hombres cuando son relaciones no consentidas; y nos colocan en el hueco de “señora, nosotros vamos a ir y usted solo tiene que contestar sí o no”. Eso refleja muy bien cómo se nos sigue viendo incluso dentro como sujetos de derecho. Y luego me pareció muy interesante pero un debate delicado: el debate de los antifeministas que dicen que habrá que tener un formulario para mantener relaciones sexuales. A mí eso me parece una locura. Yo no quiero firmar un formulario para acostarme con nadie. El sexo debería ser voluntario, libre y debe seguir siendo maravilloso y no es para que lo acotemos.

Pero si todos tuviéramos la educación suficiente como para verlo así [voluntario, libre y maravilloso] no haría falta. Pero vivimos en una sociedad en la que cinco chicos violan a una chica de 18 años en un portal y siguen pensando que eso fue consentido. Hay un problema de base impresionante. Es parte de la cultura de la violación, ver al otro como un trozo de carne sin voluntad. Me daría mucha pena que se usara este tema para convertir el sexo en un trámite. A poco que sepas, enseguida sabes si el que tienes enfrente se quiere acostar contigo o no.

Porque nosotras también sabemos verlo. Sabemos ver si el de enfrente está receptivo o no a la hora de ligar, si quiere tomarse una cerveza o no…

— Cuando debatimos sobre este tema también me dicen “es que el juego de la seducción puede dar lugar a error”. La única persona a la que le he dicho que no con una medio sonrisa diciéndole realmente que sí es a mi novio, que lo entiende perfectamente. Yo no voy diciéndole a la gente que no para que me violen. Todo está enlazado con la educación sexual que tenemos en este país que es el porno. La educación que tenemos es 24 horas de porno aquí, porque con este teléfono podemos vernos aquí 500 horas de porno. Tenemos una fuente continua de información que se convierte en la única manera de aprender de sexo, y no de relaciones afectivas, ojo, que eso se olvida. Tenemos a unos chavales que se educan en sexo a través de PornTube, machista y patriarcal y basado en la violencia contra la mujer, relaciones sexuales duras y basadas en el dolor y en el sometimiento. Que es una ficción, sí, pero es lo que tú aprendes y lo que quieres reproducir, porque creerás también como mujer que es la única manera de obtener placer tú como mujer y él como hombre. Es una tela de araña que cuando la analizas te lleva al caso de La Manada.

 

“Ahí es donde está la indignación: 17 páginas de un relato de una violación pero hay una condena por abuso”

 

Hace unas horas han ratificado la libertad provisional a La Manada. Desde que apareció este caso, han aparecido otras tantas manadas por ahí. ¿Que haya una sentencia como ésta legitima en cierto modo que estos casos se reproduzcan?

Y vuelven a cobrar dinero público, todos les pagamos, añado. Sí, lo que se dice el efecto llamada. Me parece un tema muy delicado. Creo que solo en la mente desestructurada de gente hipermachista esto puede ser una legitimación de la violencia sexual. Siempre digo que del número de años en las penas no me sentiré nunca capaz de determinar si es mucho o poco. Lo que me parece es que la justicia de este país es muy garantista. Esta sentencia está muy ajustada a derecho, no se le puede haber incurrido en ninguna ilegalidad, pero en un mundo en que ya no se conforma con lo poquito que le aporta la justicia sino que exige las garantía para las víctimas… Un delito de violencia sexual no es un atraco, no es un hurto, no es lo mismo que me timen a que alguien me viole, no solo me invade físicamente sino que invade mi mundo emocional, mi futuro.

Los delitos sexuales no deberían verse como el resto de delitos penales. Para los acusados de este tipo de hechos debería haber un trato diferente. Los dejaron en libertad, que es lo que normalmente ocurre cuando llegan los dos años, si no hay peligro de reincidencia, no hay peligro de destrucción de pruebas ni de fuga, los dejan en libertad. Pero por qué no se revisa el caso después de que ninguno de los cinco se haya arrepentido, ni haya pedido perdón. Piensan que no están haciendo nada. ¿Por qué se los deja en la calle después de haber violado, haber grabado y haberse jactado de una joven?

Tienen otro proceso abierto en Córdoba, y aunque las penas no son acumulables ¿sí es un aspecto que podría valorarse?

Legalmente no se tiene en cuenta porque el caso de Pozoblanco está en fase de instrucción. Lo único que me tranquiliza es que cuando lleguen a Pozoblanco sí tendrán antecedentes penales por Pamplona. Me da miedo que los absuelvan, que no es descartable. Pero confío ciegamente en que el Tribunal Superior no acepte la figura del abuso con prevalimiento. Creo que ahí es donde está la indignación, 17 páginas de un relato de una violación pero hay una condena por abuso.

— Hay una superioridad numérica que no se ha valorado como violencia

En este punto también juega un papel importante la visión desde la justicia con mirada masculina. No ven la intimidación como violencia, que lo es. Hay que ponerse en el lugar de una chica de 18 años, con cinco tíos alrededor, ¿qué puede haber más violento que eso? ¿No te intimida sólo cómo te mira una persona? A veces una mirada ejerce una fuerza mucho mayor que un empujón. Porque del empujón te recuperas, pero una intimidación te bloquea. Eso no saben verlo porque están educados en un mundo machista y patriarcal, como nosotras, pero eso hay que cambiarlo. Por eso es urgente la eduación en el ámbito judicial, para la policía que toma declaración, el bedel que la acompaña… todo el mundo. Solo así lograremos una sociedad menos tóxica y más justa para todas.

— En el libro relatas la importancia del poso feminista en Pamplona a la hora de salir a la calle y manifestarse masivamente. Se ha visto en otras ciudades, pero también en lugares pequeños. ¿Ha llegado el momento de decir ‘hasta aquí’ incluso en zonas más pequeñas y alejadas del feminismo?

Totalmente. He crecido en un pueblo muy pequeño donde se está generando una conciencia nueva. Hay que tener en cuenta que la atención que hacen los medios y el conocimiento de los movimientos feministas en lugares más pequeños es menor. A través de determinados medios de comunicación y en las redes está habiendo mucho despertar. En cualquier parte al minuto cero hay una voz que dice ‘no’, que se acabó. Siempre lloro cuando pienso en el 8M, en cómo salimos las mujeres, y no solo mujeres, sino abuelos, adultos… y por eso el último capítulo del libro es ‘Bienvenidos a la resistencia’, porque ya se han dado cuenta de que se están equivocando. Ahora muchos amigos se han dado cuenta de que se han dado cuenta de que su comportamiento no ha sido bueno. La labor de gota malaya que hemos hecho ha sido muy buena. Es inevitable participar en él y muy bonito estar.

En el libro hablas también sobre la parte positiva de que el feminismo se haga mainstream con el ejemplo de camisetas que viste Rihanna. Todo lo mainstream está relacionado con el capitalismo y el feminismo lucha contra el capitalismo. ¿Cómo ligarlo?

En mi lado más purista esa camiseta me parece mal, porque la camiseta esa solo busca recaudar pasta. Pero si me pongo en el lado ansioso de que esto cuaje y lo haga en la mente de todos, le doy la bienvenida. Siempre digo que muchas veces una camiseta como esa va a hacer clic en la cabeza de más gente que cualquier libro de teoría feminista que he leído, sobre todo porque el feminismo durante mucho tiempo no ha sabido o no ha podido llegar de forma masiva a la gente joven. Está llegando ahora y no por Beauvoir, sino que llega a través de camisetas, Youtubers, Instagramers… no es el objetivo final, pero es bienvenido para mí que sea una correa de transmisión de una serie de valores que acaban llegando. Todo lo que sea llegar con la palabra ‘feminismo’ a los jóvenes, la base del futuro, es bienvenido.

Luego una vez estemos encaminadas y podamos debatir y discutir distintos aspectos, ya nos pararemos, pero vamos a poner los cimientos y unas filas nutridas. Después ya debatimos los detalles.

Un poco como ocurre en el periodismo con las soft news, tenemos el soft feminism.

Sí, es cierto. Lo veo con las amigas de mi hermano, que tiene 22. Sus amigas han llegado al feminismo no porque yo les dé la tabarra ni porque les hayan enseñado en el instituto a mujeres del siglo XX, no tenemos mujeres referentes. Sino porque una actriz hizo una película ‘Una rubia muy legal’, que descubrió el feminismo y ellas lo han seguido. ¿Por qué nos vamos a negar a eso? ¿Por qué voy a negar a la otra el mismo pensamiento aunque haya llegado a él de otra manera totalmente distinta? No me parece justo. Además, porque hay gente que no tiene las herramientas ni los canales para acceder. Ahí hay una diferencia fundamental. Si un día una joven se pone una camiseta que pone ‘Todas deberíamos ser feministas’ y se mete en su móvil y busca y encuentra y le gusta… pues es estupendo. Todo lo que sea añadir gente a nuestra batalla me parece bien.