Chile, la aristocracia del Cono Sur

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Joaquín Mayordomo

Camiones bolivianos esperando para pasar a Chile, en la frontera del lago Cungará, a 4.500 metros de altitud. / J.M.
Camiones bolivianos esperando para pasar a Chile, en la frontera del lago Cungará, a 4.500 metros de altitud. / Reportaje gráfico: Joaquín Mayordomo

El paso hacia Chile está situado a 4.500 metros de altitud, junto al lago Chungará y bajo la vigilancia perpetua del volcán Parinacota (6.348 metros), siempre nevado. Nada indica que hayamos dejado Bolivia… hasta que, al sellar el pasaporte, el funcionario atiende al viajero vestido de traje y corbata. ¡Extraordinaria elegancia en un paisaje sublime! Lo paradójico es que esta frontera, ahora polvorienta por ser la estación seca del año, acumula basura por todas partes. La orilla del lago es un gran muladar. La cola kilométrica que con frecuencia se forma, y la cantidad de horas muertas que pasan los camioneros aquí mientras tramitan el paso hacia Arica, explicaría esta acumulación de desechos. ¡Y eso que éste es el Parque Nacional de Lauca, un espacio natural inigualable en el mundo! Leer más …

Londres en mi memoria

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Esther López Barceló *

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Vistas del Támesis, en las que, a la derecha, se aprecia el Parlamento Británico y el Big Ben. / Esther López Barceló

Al igual que hice estas navidades para ir a Nueva York, preparé las maletas pensando, en primer lugar, en los libros que necesitaríamos con urgencia mi compañero y yo. Para viajar a Nueva York, Roma y Londres recomiendo vivamente las crónicas de Enric González. Junto a las guías básicas que te sitúan en el mapa de la ciudad, los libros de quien fue corresponsal de El País en estas tres ciudades suponen una sugerente invitación para los sentidos. Es importante tomar conciencia de que al viajar a la capital del viejo Imperio Británico, te adentras en la sociedad que sostiene el más antiguo sistema parlamentario, el origen de la leyenda de Jack el destripador, los pasos de Marx en la escritura de El Capital o el enfrentamiento racial que en 1958 tuvo lugar en Notting Hill y dio origen a su Carnaval.

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El Priorat: conquistar el cielo

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©

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Siurana es uno de los enclaves predilectos de los escaladores del mundo entero. Desde la puerta del refugio se contempla la belleza del Priorat

Vuelvo a sentir el vértigo en la punta de los dedos. Un eléctrico hormigueo mantiene mi cuerpo en la vertical mientras comienza la danza de la escalada sobre una de las paredes más bellas de la tierra. Estoy en Siurana (Tarragona), en el rincón llamado el Esperó Primavera, uno de los paisajes de roca más impresionantes de la zona del Priorat.

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Salamanca, cultura a la carta

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Una mujer contempla las espectaculares vidrieras del Museo Art Nouveau y Art Deco en la Casa Lis de Salamanca.

La ciudad monumental de la Universidad, de los estudiantes y de la piedra roja de Villamayor es hoy escaparate de cultura para toda Europa. Recorremos sus calles llenas de vida, de historia y, cómo no, de arte. Leer más …

Albacete: de Castillo en Castillo

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Vista del impresionante pueblo de Alcalá de Júcar desde lo alto de la fortaleza construida por los almohades entre el s.XII y s.XIII
Vista del impresionante pueblo de Alcalá de Júcar desde la fortaleza construida por los almohades entre el s.XII y s.XIII

La provincia de Albacete es una de las grandes desconocidas de la península ibérica. Atrévete a romper con los tópicos. Te sugerimos viajar a una tierra color ocre salpicada de castillos y pueblos medievales.

Comienza la ruta desde la A3, desviándote hacia Casas Ibáñez. Desde aquí el paisaje se transforma, de la llanura manchega a los grandes cañones de caliza blanca que encajonan al río Júcar. Sobre una de estas paredes está el castillo de Alcalá de Júcar. Una fortificación de origen árabe emplazada en lo más alto del pueblo y rodeada por el río Júcar. Puedes visitar su interior todos los días por 2€, visita libre. Después date una vuelta por las calles del pueblo. Sus casas blancas, las estrechas y empinadas callejuelas, que juegan a hacer equilibrios en la falda de la montaña, le han valido el reconocimiento de conjunto histórico-artístico en el año 1982.

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Lugo: una de tapas y romanos

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La Caterdal de Lugo es un buen ejemplo de estilo románico con añadidos de gótico. Lo mejor es contemplarla al anochecer.
La Caterdal de Lugo es un buen ejemplo de estilo románico con añadidos de gótico. Lo mejor es contemplarla al anochecer.

Lugo se ha puesto de tiros largos. Disfruta de su espectacular muralla romana declarada Patrimonio de la Humanidad, de su rehabilitando casco antiguo y de las estupendas tapas de su famosa Ruta de los Vinos.

Para comenzar aparca el coche antes de entrar al centro histórico y acércate a la muralla. Este gigante del s.III te recibirá con sus más de dos kilómetros de perímetro, que aún se conserva completo, y sus impresionantes diez puertas. Entra por la del Obispo y llegarás por una calle comercial al centro de la ciudad: la plaza Mayor, un pequeño parque con su quiosco de música rodeado de preciosas casas antiguas con miradores. Tómate un cafetito en una de las terrazas, bajo los pórticos, aquí podrás observar la vida de la ciudad desde un lugar privilegiado. A pocos metros desciende por unas escaleras hasta la catedral, un buen ejemplo de estilo románico con añadidos de gótico. Entra y acércate a la capilla de la Virgen de Ojos Grandes, es la imagen más venerada por los lucenses y una bonita talla policromada del s.XV. También verás la Sagrada Forma que está expuesta siempre, algo que se refleja en el escudo de Galicia.

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Oviedo, el alma astur

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La estatua dedicada a La Regenta de Clarín contempla el paso del tiempo en la Plaza de Alfonso II, con la Catedral al fondo, en Oviedo
La estatua dedicada a La Regenta de Clarín contempla el paso del tiempo en la Plaza de Alfonso II, con la Catedral al fondo, en el centro de la ciudad de Oviedo.

‘Deliciosa, exótica, bella…, es como un cuento de hadas’. Así la describió Woody Allen, un fiel admirador de esta ciudad que se puede (y se debe) paladear paso a paso. Después de conocerla ¡siempre querrás volver!

Oviedo es una ciudad elegante, amable y de buen comer. Desde las sidrerías más “in” hasta la cocina fusión sin olvidar los grandes clásicos que desde siempre conquistan al viajero como: los chigres (tabernas o sidrerías donde se sirven comidas típicas), casa Conrado o sus increíbles pastelerías del centro como Camilo de Blas. Oviedo se ha acicalado para mostrarnos su más bella imagen.

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Ávila, un paraíso medieval

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Muralla de Avila, Spain
La muralla de Avila al anochecer. Su conjunto monumental es el mejor conservado de España y probablemente de Europa.

Santa Teresa asomada al balcón del Monasterio de la Encarnación ve como el cielo se desploma, sólido y macizo, sobre una ciudad sobrecogida por la inmensidad de sus murallas de granito. Es el alma de su Ávila, morada de caballeros y santos, hoy hogar de nuevas formas de amar su corazón medieval. Leer más …

A la vuelta de vacaciones

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Pablo Padilla *

Pablo_Padilla_nuevaTerminaron las ansiadas vacaciones de Semana Santa. Millones de desplazamientos, procesiones con algún que otro representante público asistiendo como tal, ocupación hotelera del nosécuántos por ciento, gente que habrá podido salir de sus ciudades para disfrutar del buen tiempo, este año sí, y gente que no habrá podido costearse ni siquiera una escapada a la sierra o al pueblecito de al lado. Pero, ¿qué vamos a encontrarnos a la vuelta de este periodo vacacional?

Continuamos con la permanente campaña electoral y con total seguridad alguno de los colaboradores más cercanos de Esperanza Aguirre será llamado a declarar por su implicación en alguna de las múltiples tramas de corrupción que asolan Madrid. Aunque no es necesario preocuparse, la cazatalentos nos deleitará con alguna foto o algún “fichaje estrella” con el que desviar la atención. También es probable que Cristina Cifuentes nos deleite con algún otro producto de merchandising que la aleje del populismo que tanto denuesta y aborde los problemas de los madrileños y madrileñas como bien han demostrado su coletero y su muñeca. Leer más …

48 horas en Tokio: la belleza del caos

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Viajes_Tokio
Pequeños pubs llamados ‘Izakaya’ en Omoide Yokocho, el famoso callejón donde se rodó ‘Blade Runner’.

La ciudad más poblada del planeta representa la belleza del caos sin perder un ápice la compostura. Sus 40 millones de habitantes -contando el área metropolitana- funcionan con tecnología nipona en la sangre y su perfecta maquinaria hace que el engranaje de Tokio tenga una extremada lógica. Mujeres con quimono van de compras a las mejores tiendas del mundo junto a las extravagantes adolescentes harajuku. A su lado los mejores chefs de la tierra preparan sus exquisiteces y un poco más allá en el bello templo Meiji Jingu se celebra una boda tradicional. Todo ello aderezado con rascacielos de vértigo y edificios que inundan el paisaje, proyectados por los mejores arquitectos del mundo. La locura racional está servida en 48 horas:

Jornada primera

07.00 Desayuna con jet lag un buen plato de pescado crudo en la lonja de del Mercado Tsukiji después de asistir a la subasta de atún más impresionante del mundo.

10.00 Choque radical. En el barrio de Harayuku podrás ver a las gothic lolitas o las harajuku, unas extrañas chicas vestidas con ropajes entre gótico y sicodélico, adolescentes radicales que se reúnen en esta zona de la ciudad. Leer más …

La cuna del Nilo azul

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Pepa López de Lerena *

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Bahar Dar, cuna del Nilo Azul, en Etiopía, es una ciudad sin importancia monumental pero con una vida bulliciosa y encantadora, a pesar de la pobreza de las personas. Su mercado, como todos los mercados populares africanos -o casi-, es una fiesta para los ojos. Y ocasión de sonrisas, como la que me brinda Mahari, para que nos acordemos los dos siempre de que una vez se cruzaron nuestras vidas en esta tierra.

(*) El autor se reserva todos los derechos sobre la imagen.
Puedes enviar fotos de tus vacaciones, con un breve comentario, a redaccion@cuartopoder.es.

48 horas en Valencia

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Ciudad_Ciencias_ Valencia
La Ciudad de las Ciencias de Valencia es uno de los símbolos de la moderna capital del Turia.

Valencia se ha llenado de una nueva luz. Su transformación ha inundado todos los rincones. Han surgido nuevos restaurantes de diseño en barrios tradicionales como El Carmen, en los museos han aparecido nuevas colecciones con tendencias vanguardistas y en las calles se respira un ambiente joven y lleno de vida. Hoy la ciudad que huele a naranjos en flor abre sus brazos a la modernidad pero nunca dejará de conquistarte con sus paellas de ensueño y su horchata junto al mar. Súmergete en sus calles durante 48 horas:

Primera jornada

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48 horas en Venecia

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

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Una mujer espera su góndola en el embarcadero de la Plaza de San Marco, Venecia.

Venecia se muestra como un escenario de época. Sus edificios, canales y góndolas parecen imperturbables ante las cámaras digitales, como hace siglos se mostraba a los ojos de Tiziano, pero este decorado tiene escondida un alma que vibra con espíritu joven y renovado. Una nueva Venecia nos espera para ser descubierta en tan solo 48 horas.

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La Calzada del Gigante

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 Javier Juaniz

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La leyenda dice que en el norte de Irlanda había un gigante de nombre Finn enemistado con otro de la costa de Escocia al que quería ‘dar una lección’. Como no podía ir nadando, construyó una pasarela clavando grandes columnas hexagonales de roca basáltica. Hoy, la llamada Calzada del Gigante es uno de los lugares más visitados de Irlanda. Está formada por miles de esos bloques que, en una de las creaciones geológicas más caprichosas de la Naturaleza, asemejan las celdas de un gigantesco panal de miel.

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48 horas en Miami

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

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Una mujer se fotografía en una de las torres de vigilancia de la playa de South Beach en Miami.

Miami se niega a crecer siendo tan solo un destino de sol y playa glamuroso y reclama su lugar en el universo de la vanguardia y la cultura cosmopolita. Tras años de ser famosa por las playas colmadas de cuerpos esculturales, las casas art decó, las celebrities y los descapotables, Miami está creando su nueva identidad. En dos días es posible visitar algunos de los lugares más interesantes de la ciudad: Leer más …

Bolivia, más cerca del cielo

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Joaquín Mayordomo

Paisaje boliviano en el corazón de los Andes, frontera con Chile. / J.M.
Paisaje boliviano en el corazón de los Andes, frontera con Chile. / J. M.

Son las cinco de la mañana y la temperatura ambiente en el barracón ronda los –15 grados. Ni siquiera los sacos de dormir, envueltos en mantas, nos alivian. No ha hecho falta despertador; nuestro cuerpo ha pasado la noche en alerta. Además, los coches todoterreno ya están calentando motores; su ronroneo rompe el silencio de hielo y nos recuerda que debemos salir de la hurera para emprender la excursión a los géiseres. Estamos en el Altiplano boliviano, en la frontera con Chile, a 4.400 metros de altura y debemos subir casi hasta los 5.000 para ver fumarolas a la salida del sol. Leer más …

Una noche tocando el cielo de Shanghái

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

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Vistas desde el impresionante hotel Park Hyatt de Shanghái, situado en uno de los edificios más altos del mundo.

Vértigo es lo que uno siente cuando se asoma al mirador acristalado de la planta 93 del hotel más alto del mundo, el Park Hyatt de Shanghái. Está situado en uno los diez edificios más alto del plantea: la bella torre SWFC, el Shanghái World Financial Center, en plena avenida de las vanidades arquitectónicas del siglo XXI en el distrito de Pudong. Sus 492 metros de infarto alojan la escalofriante cifra de 101 pisos. Y cómo no, aquí está uno de los bares de copas más altos del planeta: el 100 Century Avenue en la planta 92.

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Myanmar: en las entrañas de Buda

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Joaquín Mayordomo

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Vista general de los templos budistas. Buda es el rey en Bagán. / Joaquín Mayordomo

Viajar puede ser todavía una aventura si uno así lo desea. Esto, a pesar de ese mago sin rostro que es Internet, que todo lo “arregla” y lo facilita: desde posibilitar la reserva en el hotel más remoto, en una selva perdida, hasta gestionar el desplazamiento más simple con uno de esos tours operators que llevan a los turistas de acá para allá, empaquetados en confortables autobuses climatizados, mientras por la ventanilla miran y fotografían, como si se tratase de una película, la infinita miseria que “engalana” (¡qué paradoja!) aldeas y ciudades de cualquier país de ésos que en Occidente conocemos como Países del Tercer Mundo. Pero viajar es, también, por ejemplo, subirse al tren periférico que tarda dos horas en dar la vuelta a la ciudad de Yangón y compartir con los autóctonos una experiencia asfixiante de calor y humedad, en la que no cabe ni un alfiler entre tanto cuerpo, cachivache y miseria, mientras unos y otros sonríen al extrañado viajero que se retuerce para dejar pasar a la madre que tira de tres hijos, un cesto de coles y un hato sobre la cabeza que vaya usted a saber qué lleva allí.

Viajar a Myanmar (hasta 1989, Birmania) es asimismo —si se hace en la estación de las lluvias, cuando arrecia el monzón— arriesgarse a tener que ir al hotel caminando con el agua hasta las rodillas por un laberinto de calles inundadas, después de que el taxista se haya negado a seguir avanzando al observar que su coche naufraga mientras el viajero, ¡que no sale de su asombro!, se fija en los niños que chapotean entre risas en ese lago turbio, o en algunos vecinos que, escépticos, se desplazan en canoa por donde hace muy poco circulaba un enjambre de coches y motos. Es decir, cada viaje puede ser una aventura única e irrepetible.

Sin pretender olvidarse de la historia reciente de este país del Golfo de Bengala, bañado por el Mar de Andamán, que no es otra que la de una amalgama de etnias y reinos apenas dispuestos a intentar convivir, sometidos a una dictadura militar que dura más de medio siglo, prácticamente desde que el país alcanzara la independencia en 1948, cabe decir que Myanmar sorprende hoy al extranjero por la calidez de sus gentes, por la común voluntad de ayudarle y por su talante pacífico. Un talante que choca con la intransigencia de la casta político-militar —ahora disfrazada de “civil”— que gobierna al país con mano de hierro.

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Una de las innumerables aldeas flotantes que hay en el lago Inle. / J. M.

Sin embargo, no creo que haya estado jamás en un país dónde me he sentido tan bien; y no ha sido porque el régimen militar imperante en Myanmar nos ofreciese seguridad, no; ha sido porque la honradez y simpatía de sus gentes nos provocaba la mayor confianza. Para el occidental que aterriza en Yangón (antes Rangún) resulta chocante que cualquier mirada con la que se cruza en la calle, ya sea de hombre o mujer, esté dibujada con una sonrisa. Sorprende sobremanera que se te acerque la gente a ofrecerte su ayuda desinteresada, o que Alice, la dueña del hotel Mama Guesthouse, en Mandalay –por citar un caso concreto– se empeñe en invitarnos (somos tres personas las que viajamos juntas) a una cena birmana de degustación, de ocho platos, para celebrar nuestra partida.

Mas hay que contar ya el viaje. Y, para empezar, nada mejor que hacerlo refiriéndose a los monjes, templos y estupas que proliferan en el territorio birmano como si fueran hormigas. Los niños de este país pasan algún tiempo en un monasterio; y muchos luego son monjes. Así que éstos, como los templos, abundan por doquier. A los recintos sagrados se accede descalzo, cosa que para el pulcro y aseado occidental no deja de ser un problema, pues los rojos escupitajos de betel —una especie de droga blanda que todo el mundo mastica y que, sin ningún pudor, escupe cuando la saliva ya no le cabe en la boca— unidos a las defecaciones de perros y monos (que son, en algunos recintos religiosos, la atracción principal y, que, si te descuidas, te levantan la mochila, la cámara de fotos o el móvil) genera una pátina en el suelo sobre la que cuesta caminar sin sentir repugnancia.

Pero si se supera la prueba, quién viaje a Birmania puede dedicarse a visitar estos monumentos dorados por los siglos de los siglos y no acabará nunca. Los hay de todos los tamaños imaginables; en cualquier calle o plaza de pueblo o ciudad, o en el territorio más alejado, puede haber uno o varios templos arracimados. Da lo mismo; allí donde haya un birmano hay un monje en potencia y por tanto puede levantarse un templo. Los monjes son mayoría absoluta en Myanmar y su influencia social y política, primordial. En las inmediaciones de estos recintos proliferan los chiringuitos de exvotos, recuerdos y puestos de comida, así como grandes urnas en las que los fieles introducen dinero con el que se compra alguna gracia o milagros. Las familias celebran almuerzos en su interior y hay quien descansa o duerme la siesta en ellos. Es decir, los templos birmanos son un espacio magnífico para huir del calor tropical y la asfixiante humedad, mientras se medita o se charla con familiares y amigos. También hay quien sólo acude a rezar, pero, en general, en la nueva Myanmar los recintos religiosos y su entorno engordan la industria turística que es, quizá, la principal industria del país.

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Las mujeres birmanas se protegen del sol con tanaka, una crema casera hecha con sándalo. / J. M.

De Yangón viajamos a Bagán, el valle sagrado en el que llegó a haber más de 4.000 templos; ahora sólo quedan algunos más de 2.000. Según la leyenda, al rey Anawrahta, convertido al budismo de la noche a la mañana, le dio por levantar recintos religiosos; algo que continuaron haciendo sus hijos y herederos con verdadera obsesión; así, 230 años —entre los siglos XI y XIII—, hasta que en 1287 las invasiones mongolas les quitaron tal manía. Hoy la región de Bagán es uno de los principales atractivos turísticos de Myanmar; a ella llegan cada año miles y miles de visitantes ansiosos de admirar la belleza del enjambre de cúpulas sembradas en medio del campo junto al río Ayeyarwady. La verdad es que el lugar, por lo insólito, es espectacular; sobre todo a la salida y puesta de sol, cuando las agujas doradas de estos singulares monumentos chispean por encima de las copas de los árboles.

La ya consolidada industria turística de la región posibilita que los viajeros puedan alquilar bicicletas o pequeñas motos eléctricas —cosa que hicimos nosotros— con las que uno puede perderse en un laberinto de sendas que siempre llevan a uno de esos extraños recintos-cucuruchos invertidos, donde pueden admirarse murales, bajorrelieves y estatuas de Buda, en todos los tamaños y formas.

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Uno de las estatuas de Buda más grandes del mundo, en Monywa. / J. M.

Después de cuatro días intensos viajamos a Monywa —“¿A qué van ustedes a Monywa?”, nos preguntaba la gente. “Allí no van los turistas”, insistían—. Y nosotros nos fuimos a Monywa en un minibús —billete higt class—, en el que yo iba sentado, literalmente, encima del brazo derecho del conductor y Joe, de 1,90, a mi lado, plegado entre el salpicadero y la rendija que le dejaba el asiento enterrado en paquetes. Eso sí, el autobús volaba sobre el asfalto. Y yo fotografiaba todo lo que se nos venía encima. El ayudante del conductor voceaba, no paraba de gritar; con medio cuerpo fuera, asido a la puerta, iba anunciando nuestro paso. Por un momento pensé que avisaba a los campesinos que guiaban sus carros por el arcén, sobre los que transportaban todo tipo de carga, para que “mirasen al objetivo de la cámara”… Iluso. Lo que hacía era avisar a la gente para que se apartase, no fuéramos a atropellarla, ya que el autobús carecía claxon. ¡Él era el claxon! Tampoco funcionaba el cuentakilómetros, con lo que, aunque el cacharro derrapase en las curvas, no cabían quejas: la velocidad era cero.

Viajar a Monywa fue una aventura de cuatro horas (180 km) que nos dejó a los pies de una estatua de Buda de 130 metros (una de las más altas que hay en el mundo) y al lado de un tempo kitsch del que se dice que es famoso porque alberga más de un millón de pequeños budas a modo de ornamento… La estatua, levantada en lo alto de una colina, puede “escalarse” por dentro ascendiendo por sus huecas entrañas hasta el cuello —27 pisos de interminable escalera—para no ver nada, pues los ventanucos que la adornan (los botones de la túnica) siempre quedan por encima de tu cabeza. A esto fuimos a Monywa, una ciudad agrícola donde la gente se sorprendía de vernos y nos sonría siempre mientras paseábamos por el mercado nocturno.

El viaje a Mandalay fue ya otra cosa: lo hicimos en una furgoneta con aire acondicionado que iba recogiendo viajeros por el camino. Mandalay es una ciudad mítica en la que vivimos experiencias curiosas, como la de la visita al templo de Mahamuni Paya. Allí, entre una parafernalia de tiendas y aglomeraciones, hombres devotos —a las mujeres les está prohibido este rito— hacen una cola que no acaba nunca para pegar laminas de pan de oro ¡oro! en la “piel” de un Buda sedante de cuatro metros de altura. Así han conseguido ir engordando a la estatua más de 15 centímetros hasta deformarla. Casi 20 centímetros de oro macizo recubriendo muslos y brazos, espalda y abdomen que más de uno, supongo, estará pensando en cómo arrancárselo.

También asistimos en esta ciudad a un espectáculo teatral un tanto sui géneris. Los Moustache Brothers conforman un grupo familiar que se hizo famoso en la última década del siglo pasado contando chistes contra el Gobierno de entonces. Esto le costó la cárcel al hermano pequeño, Par Par Lay, y una condena de siete años a trabajos forzados que le llevaría a la muerte. El caso tuvo resonancia internacional, haciéndose eco del mismo la ONU. En las principales ciudades del mundo se organizaron vigilias en favor del cómico encarcelado. Tampoco la Nobel de la Paz, Aung San Suu Ky, amiga personal de los artistas, pudo hacer nada. La misma Suu Ky apenas sobrevive políticamente, después de haber permanecido largas temporadas en arresto domiciliario. En cuanto a la familia de cómicos, estos “salen adelante” (en sus propias palabras) organizando veladas teatrales en el salón de su casa, en inglés, para extranjeros. ¡Acudir a estas representaciones es toda una experiencia! Bigotes Lu Maw, el anciano patriarca, cuenta chistes y, tirando de rótulos en varias idiomas, aclara malentendidos provocando la risa con el doble sentido de las palabras. Su mujer ejecuta danzas tradicionales; su cuñado, también ya mayor, hace otro tanto; los hijos, sobrinos… Todos hacen lo que pueden para ganase unos dólares en un país en el que está prohibido ser disidente.

Monzón en Mandalay
El monzón arrecia en el puente U-Bein, en Mandalay; los monjes ni se inmutan. / J. M.

Y el monzón llegó a Mandalay; ya hacía algunos días que nos venía persiguiendo. Nos sorprendió de lleno paseando por el puente U-Bein, de 1.300 metros de largo; el puente peatonal de madera más largo del mundo en el que cientos de monjes se dan cita cada tarde para pasear. De él huimos yéndonos al lago Inle, un lugar mágico, con más de 2000 aldeas en su entorno, muchas de ellas flotantes. Mas, como el deseo de aventura nos puede casi siempre, uno de los días que estuvimos en Inle alquilamos una canoa (con motor) para que nos llevase por los canales que circundan al lago y comunican las aldeas. En uno de estos canales, poco transitado, la canoa se atascó y en el intento de superar el obstáculo doblamos la hélice. ¡Cómo en La reina de África!, pensé; aquella maravillosa película de Jon Huston ¿recuerda? Pero ni Bogart ni Hepburn estaban allí para ayudarnos. De modo que o nos echábamos al agua o esperábamos que pasara algún nativo, como así sucedió, y después de una hora y varios intentos, escapamos de la trampa saliendo a aguas abiertas ¡cómo en la película! apenas un centenar de metros más adelante.

Así son los viajes: experiencias que luego, al contarlas, se antojan maravillosas, pero que en el momento de vivirlas suelen ponerte en el disparadero. Del lago Inle, hartos ya de la lluvia monzónica, regresamos a Yangón, tras una escala en Bagó, otra ciudad en la que parece que tampoco recalan demasiados turistas. Aquí pudimos chapotear, como unos vecinos más, una inundación en todo su “esplendor”. Riadas de gente desplazándose en todo tipo de vehículos o a pie por la avenida principal, mientras policías de tráfico con su uniforme planchado, impecable, y bomberos ordenaban un caos ingobernable, con el agua por encima de las rodillas.

Inundación_Bago
Y la vida sigue. Inundación en la avenida principal de Bago. / J. M.

Era el final. Pero un largo viaje siempre tiene su epílogo. El del nuestro fue llegar al hotel la última noche, antes de tomar el avión para Doha, en Qatar, caminando a tientas por el agua. Allí estábamos plantados los tres haciendo equilibrios, esquivando obstáculos, tanteando con los pies por si había socavones, mientras mirábamos anhelantes al rótulo del Bamboo Place Yangon, cien metros más adelante, que anunciaba el fin de la pesadilla.

Al día siguiente, ya en el aire, respiramos cuando vimos que los ríos no eran tales, sino mares sobre los que flotaban ciudades, bosques y arrozales.

El Maresme: un paraíso al alcance de los más pequeños

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Los kayak esperan la llegada de los más pequeños para su gran aventura en la Estación Náutica de Santa Susana, Maresme.
Los kayak esperan la llegada de los más pequeños para su gran aventura en la Estación Náutica de Santa Susana, Maresme.

La costa del Maresme, en la provincia de Barcelona, se viste de gala para los niños con espacios dedicados únicamente a la familia. Deportes de aventura, juegos en el mar, actividades culturales y hasta guardería en la misma playa son algunas de las nuevas propuestas que ofrecen los municipios que cuentan con la marca de ‘turismo familiar’.
Descubrir la costa se convierte en un juego para los más pequeños en Santa Susana.

Esta localidad situada a 60 km. de Barcelona goza del privilegio de vivir entre el mar y la montaña. Para aprovecharlo al máximo hay que acercarse a su Base Náutica, situada en plena playa, donde hay de todo y para todos. Quizás hoy sea un buen día para que toda la familia aprenda a disfrutar del viento navegando en un catamarán, conocer sus maniobras, llevar el timón e incluso hacer una pequeña regata. Aunque si lo nuestro es más la piragua aquí tenemos la oportunidad de disfrutar de un curso de kayak. Conocer los secretos de las olas, remontarlas e incluso dejar que los niños se aventuren por sí mismos a descubrir sus límites. Al terminar hay que acercarse al Club Infantil de la playa y después dejarse llevar entre el bullicio del mercado artesanal de la Gran Avinguda de Mar, donde también hay un espacio con actividades infantiles.

La proximidad del municipio con el Parque Natural del Montnegre hace de Santa Susana el lugar ideal para alojarse y explorar, además del mar, todos estos parajes llenos de senderos, castillos y rutas donde dejarse seducir por el rumor de los bosques.

Pero la comarca del Maresme ofrece mucho más en muy poco espacio. En lugares como Calella, la capital turística por excelencia de la zona, también se han volcado con los más pequeños. Han ataviado muchas de sus plazas con zonas infantiles, han dispuesto una Biblioplaya para que no falte un cuento o un cómic mientras se disfruta de sus tres kilómetros de arena blanca frente al mar.

Y por si fuera poco se han preparado actividades acuáticas, un miniclub con juegos y los conocidos payasos y títeres que desfilan por toda la población haciendo las delicias de toda la familia. Todo ello sin olvidar que estamos junto a bellos parajes naturales como el Parque de les Roques, les Torrets o el Parc Dalmau, donde se pueden encontrar numerosas actividades al aire libre.

En Pineda del Mar, también en el Maresme y muy próximo a Santa Susana, cuentan con una variada oferta adaptada a todos los públicos. Desde restaurantes con menús especiales para la infancia hasta excursiones sencillas en bicicleta por el pueblo y los alrededores. Sus tranquilas playas ofrecen la posibilidad de descansar contando con la guardería y si el cuerpo pide acción nada mejor que acercarse a su base de deportes náuticos, tal vez este sea un buen momento para unas clases de windsurf… En Pineda además destaca la Fundación Tharrats de arte gráfico, una interesante propuesta cultural que ofrece la posibilidad de conocer la obra tanto de Tharrats como de Miró, Tàpies, Brossa o Subirachs.

Como ir: El aeropuerto de Barcelona es el punto de acceso a la Comarca del Maresme. Iberia ofrece vuelos semanales diarios desde diferentes puntos de España. Más info en www.iberia.com

Navegando por el Alto Navia

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 Descenso en piragua atravesando el medieval Puente de Navia – Ponte Bella-, un monumento medieval construido en pizarra en el s.IX con un espectacular arco apuntado que se yergue sobre el río.
Descenso en piragua atravesando el medieval Puente de Navia – Ponte Bella-, un monumento medieval construido en pizarra en el siglo IX con un espectacular arco apuntado que se yergue sobre el río.

Dos tierras, Galicia y Asturias, unidas por un río que aún conserva la magia de lo desconocido: el Navia. Te proponemos recorrer su parte Alta, donde el caudal es más intenso, los bosques más frondosos y los pueblos conservan aún el alma de lo auténtico. Para aventurarte en sus aguas añadimos una sugerencia: hazlo a lomos de una piragua, podrás conocer la naturaleza más de cerca dejándote llevar por sus mansos meandros.

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Madrid desde las alturas

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

La terraza del Hotel Oscar Room Mate invita a descubrir el corazón de la ciudad desde las alturas.
La terraza del Hotel Oscar Room Mate invita a descubrir el corazón de la ciudad desde las alturas.

Dicen el refrán que ‘de Madrid al cielo’, como dijo Quiñones de Benavente en su obra ‘Baile del invierno y del verano’, pero la realidad es que es desde el cielo como se conoce el otro Madrid. Ascender y empaparse de su vista sobre los tejados rojos de teja abigarrada. Desde ellas podrás ver las pequeñas terrazas donde los madrileños toman el sol u observar el baile infinito de las nubes gravitando por las grandes avenidas que nos llevan al corazón de la urbe. Desde estos hermosos miradores se ve de todo y hay para todos los gustos. Desde la vista con aires de Art Decó a la mirada indiscreta hacia la Belle Epoque, pasando por lo más castizo de la ciudad. Te presentamos nuestra selección para este verano.

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La Comarca de Osona, territorio de poetas y bandoleros

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Panorámica de los Riscos de Tavertet (Cingles de Tavertet). Comarca de Osona, provincia de Barcelona
Panorámica de los Riscos de Tavertet (Cingles de Tavertet), Comarca de Osona (Barcelona)

Lentas y perezosas, como quien ya conoce el camino de vuelta a casa, así se deslizan las aguas del río Ter por los innumerables meandros que dibujan una parte del territorio de la comarca de Osona. Santuario de poetas y escondite de bandoleros, sus leyendas de fechorías se esconden entre espesos bosques mientras los versos juegan a escalar cimas o se sumergen en las criptas sagradas. Es un paisaje de verde y de agua, acariciado por el musgo que se desploma, sin previo aviso, en desfiladeros de vértigo buscando a lo lejos el mar.

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Valle de Mena: con denominación de origen

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Valle_de_Mena_Santa_María_de_Sión
Una familia se detiene en su paseo a caballo frente a la Iglesia de Santa María de Siones, una de las joyas del románico en el burgalés Valle de Mena.

Picnics bajo las estrellas, avistamientos de aves, descensos en bicicleta y rutas románicas son solo un aperitivo de lo que ofrece este singular valle a caballo entre Castilla y León, Cantabria y País Vasco.

Mecido por los aires de la cordillera Cantábrica, con sabores culturales vascos y de alma burgalesa, el Valle de Mena ha forjado un carácter singular. A pesar de ser uno de los 27 municipios que integran la comarca de Las Merindades, sus 4.000 habitantes dicen tener un poco de todas las comarcas que les rodean y de ninguna. Los del valle, ante la pregunta de si se sienten más vascos -están a 45 kilómetros de Bilbao- o más burgaleses -adonde pertenecen administrativamente- responden con rotundidad: “Yo soy de Mena”. Y es que los meneses son únicos. Leer más …

El Damse Vaart, entre Holanda y Bélgica

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Esther Méndez

Damse_Vaart_Bélgica_Holanda

El Damse Vaart o Canal de Vaart fue construido por Napoleón Bonaparte, dentro de un ambicioso proyecto de red de canales, para mover tropas y mercancías evitando la salida al mar y con ello encontrarse con la terrible Armada Británica. Su proyecto no pudo ser acabado y en la actualidad es un bello recorrido de 15 kilómetros entre las localidades de Sluis en Holanda y Brujas en Bélgica, fantástico para un paseo en bicicleta.

(*) La autora se reserva todos los derechos sobre la imagen.

48 horas en Turín

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Turin_48horas
Una pareja espera su “bicerini” en el bello café Cafe Al Bicerini de Turín.

La antigua capital industrial del Piamonte situada al pie de de los Alpes, conocida por su fábrica Fiat, su equipo de fútbol y la Sábana Santa ha cambiado. Despertó a la luz de los Juegos Olímpicos y ahora la voluntad de los turineses ha modernizado su ciudad convirtiéndola en un sugerente destino. Descúbrela en 48 horas:

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48 horas en México DF

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

Cantina_Mexicana
Una pareja contempla una teleserie en el interior de una cantina mexicana cerca del Zócalo en México DF.

Tomar tierra en el coloso del DF, con sus más de 20 millones de habitantes, es un espectáculo extraordinario. Sumergirse en la megalópolis más grande del planeta es aventurarse en un mundo en el que convive una enorme riqueza cultural, museos y barrios de artistas con locales a la última y tiendas de diseño. Todos comparten espacio con los rituales aztecas, los puestos callejeros y el sabor a fiesta de sus cantinas. Te proponemos descubrirla en 48 horas:

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Las brujas de Zugarramurdi

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Aitana García *

Imagen de uno de los caminos que parten de las cuevas de Zugarramurdi. / Aitana García

–  ¡Qué antiguo eres, papá! Estas cámaras réflex no sirven para nada. Solo me queda un disparo… Una foto en el carrete…

–  Y todavía no hemos llegado a las malditas cuevas… Mira qué guapa está tu hermana ahí adelante. Sácale una foto y no se hable más…

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48 horas en Brighton

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Brigthon_England_48H
Brighton, una ciudad costera al sur de Inglaterra, es conocida como ‘La capital del estilo’.

A una hora de Londres y bañada por el mar se encuentra la capital del glamour para este verano. Calificada por la revista Elle Decoration como “La capital del estilo”, Brighton se presenta esta estación más esplendorosa que nunca.

Sus afamados festivales –música, cine, moda, performances- colman este verano sus playas de suave arena. Viajeros de todos los rincones acuden a este lugar del sur para dejarse acariciar por la brisa y las nuevas tendencias. Lo recorremos en 48 horas:

Primer jornada

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48 horas en Marrakesh

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Ofelia de Pablo y Javier Zurita (Texto y fotos ©)

48h_Marrakesh
La noche cae sobre la concurrida Plaza Djemaa el-Fna de Marrakesh, Marruecos.

El diseño minimalista se funde con el arte tradicional marroquí, se crea nueva cocina a ritmos bereberes entre las murallas de la Medina y bajo las palmeras nacen nuevas tiendas de moda. La mezcla de estilos lo llena todo, soplan nuevos aires en de la ciudad encantada de las mil y una noches.

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Los colores de Manila

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Juana Landaburu

Manila_Filipinas

Nada es lo que parece en Filipinas, constante estampa abigarrada de color y bullicio. Empezando por el idioma que se habla, un juego lingüístico que se desliza entre el tagalo, un inglés acomodado y un español residual, lo poco que permitieron los estadounidenses después de pasar su apisonadora a principios del siglo XX. Esta fotografía la tomé en una barriada del centro de Manila. Leer más …

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